Imprimir
Mar
16

Entrevista con Will Ferrell, de CASA DE MI PADRE

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

Ferrell1

“Ninguna pregunta en español, por favor”, se nos previno antes de que el actor entrara a la sala en la que nos encontrábamos. Durante el día de prensa de la irreverente comedia Casa de mi padre, que se estrena mañana,  los reporteros latinos tuvimos un trato aparentemente especial, puesto que se nos colocó en mesas redondas separadas de los ‘anglos’, con el razonable fin de que pudiéramos hablar en nuestro idioma con los dos actores latinos de la película que se encontraban presentes (el mexicano Diego Luna -cuya entrevista ya fue publicada aquí- y la venezolana Génesis Rodríguez).

Sin embargo, aunque casi todos los diálogos de la cinta se desarrollan en la lengua de Chespirito -incluyendo los de Will Ferrell, quien interpreta a un ranchero mexicano llamado Armando Alvarez-, su protagonista no sabe hablarlo. Lo que sigue, por lo tanto, es una traducción de la conversación que tanto MANGANZON como cuatro de sus colegas sostuvieron con el celebrado protagonista de títulos como “Step Brothers” y “Anchorman”.

14_300dpiPara quienes no lo sepan, fuera de la pantalla, Will es realmente un tipo serio, tranquilo y muy amable; pero, después de leer esta nota, entenderán justamente que ésa es una de sus mejores estrategias para obtener la risa.

¿Cuántas palabras sabes en español, aparte de “Casa de mi padre”?

Sé 56 palabras [risas].

¿Por qué hacer entonces una comedia en este idioma?

Era una idea que había arrastrado por mucho tiempo. Sentía que nunca se había hecho algo así, es decir, una comedia americana desarrollada como si se tratara de una película en español, aprovechando eso para potenciar su sentido del humor. Al mirar telenovelas y darme cuenta de lo exageradas que eran, se me ocurrió  que podía ser entretenido meterme en un ambiente así.

Pero la película critica también los excesos de los estadounidenses. ¿Por qué decidiste burlarte de tu propia gente?

Porque merecemos la burla [risas]. Esa es la belleza de la sátira, y viene de la mano con la libertad de expresión, que te permite hacer cosas de este tipo, para señalar por ejemplo lo que te parece que no se está haciendo bien o algunas actitudes que deberían ser cambiadas.

¿Cómo hiciste para aprenderte los diálogos?

Trabajé mucho con el caballero que tradujo el guión del inglés al español, y que se ofreció voluntariamente a ayudarme como entrenador de dialecto. Empezamos a ensayar unas seis semanas antes del rodaje, esforzándonos en cada escena de día y de noche, porque me parecía importante hablar español tan bien como pudiera. No me interesaba que la broma central de la película fuera que lo hablaba muy mal, porque eso es algo que ya hemos visto y que, además, se encuentra en una escena de la misma película, la que tiene a Nick Offerman haciendo de un agente de la DEA con un pésimo español.

¿Es difícil hacer algo así sin perder la intención?

Hubiera sido muy difícil si no hubiéramos empezado este proceso en inglés. Además, el mismo guión en español tenía debajo de cada línea la versión en inglés, lo que me sirvió mucho para darle la inflexión necesaria a cada una de las partes que me tocaban. Creo que comprendo lo suficiente del español escrito como para entender el sentido general de lo que leo. Por supuesto, si se me diera directamente unos diálogos en un idioma desconocido para mí y tuviera que aprendérmelos de manera fonética, resultaría mucho más difícil.

15_300dpi

¿Tuviste que estudiar las apariencias y las actitudes de los personajes que tanto tú como tus compañeros de reparto interpretaron?

Realmente no, porque lo hizo el guionista. De todos modos, más que basarnos en la realidad, estábamos imitando cosas del cine mexicano que se hizo entre el final de los 60 y la mitad de los 70.

Por ese lado, ¿tuviste que cambiar tu estilo habitual de comedia, que es uno de los más conocidos y celebrados del cine hollywoodense, para adoptar ciertos modismos latinoamericanos?

No; lo único que hice fue formar en mi cabeza una idea del modo en el que Armando se vería y se escucharía. Cuando ves una telenovela, no tienes probablemente que ver más, porque [su estilo] es muy fácil de recordar. No tuve una fuente específica de inspiración, aunque la intención principal era hacerlo siempre de manera muy seria. Y es que otra broma dentro de la película es que todos los actores debíamos desempeñar nuestro trabajo como si consideráramos que lo que estábamos haciendo era muy importante, muy dramático; como si estuviéramos brindando actuaciones dignas de un Oscar.

08_300dpiTanto tú como Matt Piedmont, el director de “Casa de mi padre”, y Andrew Steele, su guionista, empezaron a trabajar casi a la vez en el programa televisivo “Saturday Night Live”, donde se han hecho varias parodias de telenovelas. ¿Participaste en alguna de ellas?

Realmente no. Y eso hizo probablemente que trabajar en esto fuera mucho más complicado, aunque estoy orgulloso del resultado.

Sabemos que Diego Luna y Gael García Bernal improvisaron ampliamente durante el rodaje, algo que tú no podías hacer por motivos obvios. ¿Se burlaron mucho de ti, aprovechando las circunstancias?

Yo creo que sí, pero tendrías que preguntárselo a ellos, porque yo no los entendía, claro. No me molestó,  porque tenía demasiadas cosas por las que preocuparme.

¿Cómo fue actuar al lado de estos actores mexicanos?

Cuando tienes un guión, no sabes inicialmente quién pensará que es divertido o quién se interesara en él. Por fortuna, Diego y Gael tienen a la misma agente en los Estados Unidos; ella les pasó la historia y parece que les pareció no sólo divertidísima, sino también una oportunidad perfecta para hacer algo distinto en sus carreras. Lo interesante es que, además de ser excelentes actores, son excelentes comediantes, porque estoy convencido de que los que mejor hacen comedia son los que no tratan de ser graciosos. Cuando te ves muy serio y llegas vestido con un atuendo raro, resultas gracioso; pero si tratas de actuar de manera intencionalmente graciosa y te pones a hacer bromas, terminas luciendo como un estúpido.

Dentro de su disparatada apariencia, la película parece tener también un trasfondo político.

Sí, porque habla de las percepciones que se tienen de uno y otro lado, y que no son necesariamente justas. Al final de la cinta, hay una línea que dice: “No todos los mexicanos son narcotraficantes y no todos los americanos son malos”, y ése es de algún modo el mensaje que damos, así como el hecho de que todos podemos unirnos y pasarla bien en una comedia que celebra nuestras diferencias y se burla a la vez de ellas.

Uno de tus proyectos inmediatos es “The Campaign”, con Zach Galifianakis, un comediante que está muy de moda. ¿Puedes hablar de eso?

Trata sobre dos políticos desconocidos de Carolina del Norte que compiten por un puesto en el Congreso. Básicamente, es algo que nos servirá para burlarnos de la locura que es la política americana. El único problema es que los políticos reales son probablemente mucho más divertidos que nosotros...