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Oct
06

Entrevista con Martin Landau, de FRANKENWEENIE

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Es probable que las nuevas generaciones no lo conozcan, aunque cualquiera que tenga alguna noción sobre la historia del cine sabrá que Martin Landau es una eminencia del séptimo arte, con una impresionante trayectoria en la pantalla grande que lo ha tenido en películas tan emblemáticas como “North by Northwest” (1959), “Cleopatra” (1963), “Tucker: The Man and His Dream” (1988) y “Crimes and Misdemeanors” (1989), es decir, bajo la dirección de Alfred Hitchcock, Joseph L. Mankiewicz, Francis Ford Coppola y Woody Allen, respectivamente.

Pero la verdad es que su título de mayor importancia para nuestros fines es “Ed Wood” (1994), no sólo porque le dio su primer Oscar y su primer Globo de Oro como Actor de Reparto, sino porque lo encontró trabajando para Tim Burton, el excéntrico y celebrado cineasta que lo volvió a llamar hace poco para colocarle la voz a uno de los personajes de “Frankenweenie”, el largometraje animado que se estrena hoy en salas de todo el país -y del que ya les ofrecimos una entrevista con el mismo director y una reseña exhaustiva-.

Durante el día de prensa del filme (basado  en un cortometraje hecho por Burton sobre la base de la historia de un niño que resucita a su mascota a través de un fantasioso experimento científico), se nos dio la oportunidad de tener una entrevista personal con Landau, y en su transcurso, gozamos de la presencia de un intérprete legendario que, a sus 84 años de edad, mantiene no sólo una vitalidad impresionante, sino que inserta permanentemente en su amena conversación actuaciones espontáneas que dan cuenta de su conocida habilidad para encarnar a personajes de todos los tipos y de todos los acentos.

MLand2Antes de esto, Ud. ya  había trabajado dos veces con Burton, en “Ed Wood” y “Sleepy Hollow”; pero esta vez, se encontró solo con él en una cabina de grabación. ¿Cómo dirigió Tim algo como esto?

¡No lo hizo! Los buenos directores no dirigen mucho, sino que crean un campo de juego para los actores. Hay un viejo dicho que señala: “El 90 por ciento de dirigir se encuentra en tener al reparto correcto”, y es cierto;  después de eso, hay que abrirle la puerta de la imaginación a los actores, lo  que les permitirá aportar cosas que ni puedes imaginarte. Todos los grandes directores hacen eso, y no recuerdo haber sido específicamente dirigido por nadie en 30 años; Hitchcock no me dirigió, Mankiewicz no me dirigió y, ciertamente, Woody [Allen] no me dirigió, así como tampoco lo hace con nadie [risas]. Los buenos directores aprecian a los actores y crean un espacio adecuado para ellos. La audiencia no quiere ver algo ensayado, sino una situación que ante sus ojos parezca estar sucediendo por primera vez; es ahí donde se encuentran las buenas actuaciones.

Nadie trata de llorar, a no ser que sea un mal actor. Si te cuento una broma racista y te ríes, me estás diciendo algo sobre ti. Nadie quiere estar borracho; un borracho quiere otro trago. [Imita a un ebrio, con sus movimientos y la voz aguardentosa]: “No quiero botarlo, porque si lo hago… necesito otro después”. El modo en que un personaje esconde sus sentimientos es el modo en que te enteras de cómo es.

Hay demasiadas malas actuaciones por ahí; muchas de las estrellas que son bien consideradas no son competentes, porque son más predecibles que el diablo. Sabes desde el primer momento cómo va a terminar la escena [en la que están]. A veces, tienes que repetir una toma 15 o 20 veces, porque ésa es la naturaleza del cine; y es que hay que hacer el asunto verosímil, ya que no hay nada peor que la risa falsa.

Su personaje en “Frankenweenie”, Mr. Rzykruski, tiene un fuerte acento europeo; cuando Ud. hizo de Bela Lugosi en “Ed Wood”, era natural que llevara uno, porque el verdadero Lugosi era húngaro, ¿pero cuál era aquí el motivo?

El guión señalaba que no era húngaro, ni alemán, ni ruso, ni español; después de todos los “no”, decía “europeo”. OK, me dije; voy a hacer un dialecto genérico que suene medio eslavo, un poco ruso… Es una cuestión de sonidos, casi musical. Crecí en Brooklyn, donde todo los irlandeses hablan así [pone un acento muy nasal]: “Hey, Marty, quiero decirte algo”. Los italianos hablan distinto [pone un acento mucho más suave]: “Hazte un favor a ti mismo”…, del mismo modo que los puertorriqueños [imita una vez más]: “Muy bien”.  Crecer en Nueva York es estar expuesto a tantas cosas distintas. Yo era un chico al que le gustaba prestar atención a esas diferencias, y que tenía además amigos católicos, bautistas, de todas las religiones. Claro que esto es como un don; si puedes cantar, puedes, y si no, no. Te das cuenta rápidamente.

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¿Cómo toma el lado científico de su personaje, que rechaza las críticas de los padres de sus alumnos y los llama directamente ‘ignorantes’?

No es un tipo para nada diplomático, y es además muy dramático. Es probable que haya estado ya en varias escuelas y que sólo haya durado en cada una dos meses [risas], porque no tolera a los estúpidos; pero es un gran maestro, porque despierta el interés de los chicos y, además, no es un mentiroso. Tiene una coordinación vocal perfecta; apenas se le ocurre algo, lo dice [risas].

¿Cree que algunos estadounidenses merecen realmente ser llamados ‘ignorantes’?

Bueno, al menos en el nivel escolar. En el plano internacional, estamos posicionados muy, muy abajo, porque los profesores no son buenos; hay demasiadas distracciones, y no hay nadie para poner las cosas en su lugar. Cuando me hice actor, conté con maestros como Lee Strasberg y Elia Kazan, que eran dramáticos y duros; se trataba de gente apasionada que elevó sin duda el nivel. Hicieron que yo tuviera ganas de volverme el mejor actor que pudiera. Creo que Mr. Rzykruski se ve reflejado en Victor, que es un muchacho inusual, y es el catalizador que desata toda la película. Por supuesto que, detrás de todo esto, se encuentra Tim; Victor es Tim, del mismo modo en que “Edward Scissorhands” era Tim; sólo que, en este caso, le costó 30 años hacer la película.

En el cortometraje original, este mismo maestro tenía un papel muy breve y era estadounidense. Me imagino que no lo usó como referencia…

No; había que cambiarlo. Como ya dije, un buen director te permite jugar. Me siento bien con los desafíos. Puedo hacer una rutina de comedia sobre algo que es ridículo; no me importa. [Tim y yo] no necesitamos terminar las frases cuando estamos juntos. Sé lo que le falta y lo que necesita, y si no sale de ese modo, lo vuelvo a hacer. Si te paras a nuestro lado, sólo escucharás oraciones incompletas, porque no hablamos sobre las cosas, sino que las hacemos. Somos almas gemelas. Para mí, es importante saber cuál es el comportamiento del personaje, y en un caso como éste, tu voz se va a encargar de transmitir ese comportamiento. Cuando vi la película terminada, me quedé muy impresionado, porque si hubiera estado interpretando en acción real, hubiera hecho lo mismo. Y eso es algo muy loco.

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Martin, Ud. ha hecho muchos papeles, pero con sus tres películas, Burton lo está convirtiendo en un icono del género fantástico, y además uno que participa siempre en proyectos de buen gusto.

Bueno, mucho antes de eso protagonicé “Space: 1999”, [una teleserie de ciencia-ficción] que tuvo 48 episodios y un enorme número de seguidores. Es como el diario; encuentras el editorial, la sección de deportes, la de entretenimiento… Yo he actuado en el teatro, en la televisión, en el cine, haciendo roles distintos y sin tener que cerrarme en algo. Logré que no se me encasillara en nada, cuando ése parece ser el deporte favorito de esta ciudad. Hay actores que son conocidos por un papel o dos; pero, cada vez que se me acerca alguien para preguntarme: “¿Sabe en qué papel Ud. me gustó más?”, nunca sé lo que me va a decir. Podrá decir “The Outer Limits”, “The Twilight Zone”… y me encanta. Fue algo que pasó, pero también en lo que trabajé mucho, porque siempre traté de cambiar constantemente de personajes.

Lo que quiere decir que lo siguiente que hará será muy distinto a “Frankenweenie”…

Si Tim me llamara de nuevo  para hacer algo semejante, lo haría, porque me encanta trabajar con él y nos entendemos muy bien. Ultimamente, se me está ofreciendo mucho el papel de viejo, que es así: [imita a un anciano decrépito, casi babeante, ante nuestras risas]. No hay posibilidad alguna de que haga algo así; no sabes cuántos roles de ese tipo he tenido que rechazar. Necesito personajes que tengan un arco dramático, que tengan deseos de vivir y que valgan algo. Seres humanos, no “eso”.