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Mar
29

Entrevista con Pablo Berger, director y guionista de BLANCANIEVES

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Tras muchos intentos fallidos, ayer logramos finalmente establecer contacto con él, a través de una conexión telefónica con la distante España que se hizo a una hora de la mañana inusual para nuestro ritmo de vida, pero que nos permitió finalmente conversar de manera extensa con un cineasta que está dando mucho de qué hablar alrededor del mundo.

Se trata de Pablo Berger, quien había dirigido hace una década un largometraje titulado “Torremolinos 74”, pero que está causando una impresión mucho más fuerte con “Blancanieves”, una nueva versión del cuento infantil en plan gótico y flamenco que, además, se hizo en blanco y negro y sin diálogos. Esto la asemeja, por supuesto, a la enormemente celebrada “The Artist", que según todos los indicios se hizo después de que surgiera la idea para esta fantasía desarrollada en Andalucía.

“Blancanieves” también surgió en momentos en los que Hollywood había decidido retomar el relato de los Hermanos Grimm para hacer dos versiones nuevas y totalmente comerciales, de las que la portentosa obra de Berger no podría estar más distanciada, tanto por su calidad como por su vuelo cinéfilo. Pueden leer nuestra reseña por aquí, y en ella encontrarán razones de sobra para entender el entusiasmo de MANGANZON al afrontar la siguiente entrevista.

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Pablo, tu cinta llega con muy buenos antecedentes, porque lo que ha logrado ya es increíble, sobre todo por la abundancia de Goyas que se ha llevado.

Sí; no me puedes ver a través del teléfono, pero estoy con una sonrisa permanente. Parezco el Joker; no se me va [risas]. Me ha ido bien desde que se estrenó la película en el Festival de Toronto del año pasado; en  San Sebastián tuvimos el Premio Especial del Jurado, hace poco pasó lo de los Goya y ahora se está estrenando por todo el mundo. El sueño de todo director es llegar a la mayor cantidad posible de público, y no hay nada que me alegre más que ver una sala llena.

Es probable que pocos por aquí [Estados Unidos] sepan que planeaste tu película antes de “The Artist”, y que eso le quite de manera inmerecida algún interés a la película.

Y es ahí donde necesitamos de vuestro apoyo. En España sólo ha sido una anécdota, pero pueden haber otros espectadores que piensen que quise colgarme del éxito de “The Artist”. La verdad es que ya tenía el guión de “Blancanieves” en el 2005, y en la primera página decía que se iba a hacer en blanco y negro y muda. Nadie quería hacer una película así, que era además de gran presupuesto y necesitaba de grandes estrellas, porque no pretendía limitarme a las ‘art houses’, sino mostrarla también en los multicines. Me querían encerrar en un manicomio para cineastas locos [risas], y fue por eso que me tardé tantos años hacerla. Creo que “Blancanieves” y “The Artist” son muy, muy diferentes, pero estoy consciente de que, por el resto de su vida, “Blancanieves” va a ser la hermana menor de “The Artist”.

Pese  ser francesa, “The Artist” era un tributo al cine mudo estadounidense, mientras que “Blancanieves” lo es al francés y, además, resulta una cinta mucho más siniestra.

Me gusta mucho “The Artist”; me parece una golosina para los sentidos. Pero “The Artist” es más nostálgica, mientras que “Blancanieves” es más trasgresora; una es luminosa, la otra es oscura.

Pablo_Berger_3¿Y crees que eso afectó sus posibilidades en el Oscar? Porque no terminó nominada ni como Mejor Película Extranjera….

Las razones por las que una película termina siendo nominada a un Oscar son variadas y a veces desconocidas. Está claro que una película como “The Artist”, con el apoyo de los hermanos Weinstein y su homenaje a Hollywood, tenía más papeletas para interesar a los académicos; pero como la nuestra fue la película española seleccionada para los Oscar, yo estuve en Los Angeles para hacer proyecciones y vi que tuvo una buenísima reacción por parte de esos mismos votantes. No tengo ningún tipo de rencor, sino todo lo contrario; volveremos a tocar la puerta del Tío Oscar con otra película. He quedado muy satisfecho con el reconocimiento de los Goya, que son los Oscar de España y corresponden a mi industria y a mi público.

En todo caso, ¿cuál fue tu intención al hacerla muda y en blanco y negro? ¿Esto del tributo solamente?

Antes que director, soy espectador; te aseguro que me gusta mucho más ver películas que hacerlas, porque esto último es algo que requiere un gran esfuerzo. No hay experiencia más maravillosa que meterse a una sala oscura y olvidarse por dos horas de uno mismo. Amo el cine mudo; es la época del cine que más me gusta, en concreto, la de los años ’20, y especialmente el europeo. Cuando tenía 18 años, vi en el Festival de San Sebastián la película “Avaricia”, de [Erich von] Stroheim, con una orquesta en vivo, y a partir de ese día me hice adicto al cine mudo. El cine mudo exige al espectador mayor participación; es más abstracto, más artístico, se acerca más a la ópera y al ballet que el cine sonoro. Hace que le espectador sueñe despierto. Mi interés iba por ahí, no por el lado del homenaje, que también lo tiene, claro; pero no creo que tengamos que hacer películas sobre películas. Lo que estaba buscando era una experiencia sensorial y emocional.

Tú estudiaste cine en Nueva York, y aunque “Torremolinos 73” parecía ser muy simple en términos visuales, ésta en una verdadera maravilla en la misma área, ya que no sólo tiene indudables guiños a cineastas clásicos, sino también detalles muy modernos. ¿Esto se debió a algún tipo de evolución artística tuya?

Curiosamente, cada vez que hago una película, ésta implica un viaje en el tiempo. Mi primer corto, “Mama”, se desarrollaba en el futuro; mi primer largo en los ’70; y éste en los 20. En cada una de las películas, la forma ha ido acorde con la historia que quería contar. En “Torremolinos 73”, por ejemplo, buscaba un estilo sobrio y con composiciones muy racionalistas, pero en el caso de “Blancanieves”, me empapé del cine mudo europeo de vanguardia, como el de Abel Gance, [Carl Theodor] Dreyer y [F.W.] Murnau. Curiosamente, estos directores inventaron todo, desde la cámara en mano, los travellings, las grúas, los primeros planos, el montaje rápido; así que aunque parezca que mi película utiliza a veces un lenguaje moderno, resulta que ya se había hecho todo.

Pero es verdad que mi película no es una copia de una película de los años ‘20; lo que más ha cambiado es el espectador, que ahora tiene una forma de entender lo visual mucho más desarrollada que hace 100 años. Por ese lado, nuestra película tiene un ritmo muy acelerado comparado con el ritmo del pasado.

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Volviendo a lo de las coincidencias, “Blancanieves” se estrenó en España el mismo año que “Mirror Mirror” y “Snow White and the Hunstman”, dos versiones de Hollywood sobre Blancanieves.

Es curiosísimo; es algo que pasa de vez en cuando, como sucedió con “Dangerous Liaisons” y “Valmont” y con el tema de Cristóbal Colón. Debe ser que las historias viven en algún lugar y a veces se comunican con los guionistas y con los autores. También es verdad que desde el éxito del “Alice In Wonderland” de Tim Burton, por alguna razón ha habido un mayor interés de parte de los directores por los cuentos de hadas. Y que los buenos cuentos han pasado la prueba del tiempo, además de ser de dominio público; ya sabes que lo principal para el éxito de una película es una buena historia. La historia de Blancanieves es tan sencilla, es tan básica que sus elementos se pueden contar en tres páginas, por lo que elaborarlos te permite hablar de muchos temas que pueden mantener su interés hasta la actualidad.

Pero tú también  le buscaste un giro interesante al cuento, que en este caso implica a las corridas de toros, una disciplina que resulta cada vez más polémica, aunque tu película no parece celebrarla abiertamente.

Esta no es una película de toros y yo no soy taurino, en el sentido de que mi padre no me llevó a las corridas ni suelo ir a ellas; pero siempre me ha interesado mucho esa coreografía, ese baile con la muerte que se desarrolla entre el torero y el toro. Y también el movimiento, el conflicto, el vestuario, la ceremonia, la catarsis y el espectáculo popular, que comparte con el cine. Hay un sector de la población que se opone radicalmente a las corridas incluso en España, pero esta película le ha gustado tanto a taurinos como a antitaurinos, porque finalmente, trata de un contexto histórico y se centra en las partes del toreo que no son sangrientas, es decir, la muleta y el capote.

De todos modos, hubo acusaciones sobre la supuesta muerte de dos toros durante el rodaje, que tú te encargaste de desmentir.

Siempre que se hace una película en la que aparecen toros, desde “Hable con ella” de Almodóvar hasta “Blancanieves”, pasando por “Manolete” con Penélope Cruz, hay asociaciones antitaurinas que se ponen en contra, simplemente por el tema. En nuestro caso, como en el caso de las otras, seguimos en todo momento la ley y esto no pasó de una simple anécdota en algunos foros de opinión.

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Tuviste a un gran reparto, empezando por Maribel Verdú, que está genial; y todos se enfrentaron al reto de interpretar a sus personajes sin la ayuda de la voz.

Fue un lujo trabajar con Maribel, cuya carrera es la historia del cine español. También tuve a Angela Molina, a Daniel Giménez Cacho, a Inma Cuesta; fue un reparto excepcional. Mi obsesión eran los rostros y los ojos, y la verdad es que resultó maravilloso contar con actores como ellos, que se sumaron a un reparto joven y sin experiencia, como fue el caso de las dos Blancanieves -Sofía Orio y Macarena García-, para las que fue su primera película, al igual que pasó con casi todos los enanos. Lo importante es que la aproximación no era desde la pantomima ni la exageración, o esa idea que tiene la gente de que el cine mudo tiene que tener una interpretación exagerada, sino desde la verdad y la estilización de los personajes.

Otro detalle impresionante es la banda sonora de Alfonso de Vilallonga, que ayuda con el aspecto costumbrista en la reconstrucción de la Sevilla de los ’20, pese a que tú naciste en Bilbao y eres por lo tanto de una región muy distinta.

La música era fundamental, porque es la voz de los personajes; es muy poderosa e intensifica las emociones de manera increíble. Soy vasco, por lo que Francia estuvo siempre mucho más cerca de mí que Andalucía; pero siempre he sentido una atracción por el sur. Creo que los opuestos se atraen. Hay algo en la cultura y en la iconografía del flamenco y de los toros que me ha llamado desde la niñez, pero también hay aquí algo exótico, como la referencia a la Carmen de Mérimée [que inspiró la ópera de George Bizet], y que es una creación francesa, no española.

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Los Goya en los que recibiste tantos premios estuvieron marcados por muchos discursos fuertes sobre la crisis que se vive en España y el supuesto rol negativo del gobierno para combatirla; Verdú dijo algo al respecto, así como Candela Peña, la protagonista de tu “Torremolinos 73”, al hablar sobre la muerte de su padre en un hospital sin cobijas. ¿Cómo ves tú esta situación y el futuro del cine en una situación así?

Lo de los Goya tuvo de todo un poco, como deben ser las galas. El cine refleja de algún modo a la sociedad, y por ello, hubo reivindicaciones por parte de ciertas personas. Me encantó lo de Maribel Verdú, que habló de un sistema injusto. Creo que no hay nada peor que el conformismo. El mundo está en crisis, sí, pero ésa es una palabra que he escuchado desde que empecé a hacer esto; cuando hay dificultades, hay una reacción, y creo que se van a seguir haciendo películas, aunque resultará probablemente más difícil hacerlas.

¿En qué estás ahora?

Estoy en un viaje permanente de promoción y de estrenos; este mes, “Blancanieves” sale también en Rusia, Bélgica, Grecia, Bulgaria… es como un sueño hecho realidad. Tengo un par de guiones listos, y cuando se pare el tren bala en el que estoy montado, los releeré y pensaré si son los proyectos que quiero hacer a continuación.

¿Tratarás de romper también esquemas con tu siguiente filme?

Quiero pensar que sí; una película tiene que ser tanto un acto de amor como un salto al vacío. Tenemos que aproximarnos a cada una de las que hagamos como si fuera la última.