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Jul
14

Entrevista con Guillermo del Toro, director de PACIFIC RIM (texto y video)

Escrito por Sergio Burstein

Texto y foto principal: Sergio Burstein 

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Esta semana se estrenó finalmente en las salas de cine “Pacific Rim”, una de las películas más esperadas del año y probablemente la que anhelaban ver por sobre todas las cosas no sólo los amantes generales de la ciencia-ficción de grandes dimensiones, sino también los innumerables seguidores de ese genio contemporáneo que responde al nombre de Guillermo del Toro.

Ya les ofrecimos una reseña de la cinta en la que ensalzamos las múltiples virtudes de un trabajo que, sin alcanzar las sublimes cuotas artísticas de “El laberinto del fauno” -la obra maestra de Del Toro-, le da un nuevo sentido a las superproducciones típicas del verano; y ahora tenemos para ustedes la transcripción de lo que ocurrió durante una mesa redonda en la que MANGANZON participó hace un días con otros colegas de medios hispanos en el edificio de Warner Bros. ubicado en Burbank.

Durante la charla, el realizador mexicano, que se sigue comportando con la misma amabilidad y modestia de siempre, nos reveló algunos detalles sobre el proceso de filmación del impresionante filme, además de hablar de sus influencias, sus gustos y la versatilidad de su carrera.

pacific-rim-141-600x337Guillermo, ¿cuál es la intención básica de “Pacific Rim”?

La idea era hacer una película dedicada a un público infantil, es decir, del que formaba yo parte cuando era niño, durante una época en la que veía estas películas de Godzilla y de Gamera con un asombro absoluto,  con una gran pureza. Actualmente, esas mismas películas se ven o con nostalgia o con humor posmoderno, mientras que yo quería recuperar ese sentido de lo maravilloso que tenías al verlas en el pasado, porque un kaigu [uno de los monstruos de la película] es una fuerza de la Naturaleza, sin ningún problema moral aunado a esa destrucción, a ese espectáculo.

Esto quiere decir que no hay una contraparte real; nunca vas a estar con el miedo de que un kaigu vio la película y decidió destruir una ciudad porque le gustó lo que presentaste en tu película [risas]. No existe aquí un peso trágico; se trata de provocar en el adulto y en el niño la magia de estas fuerzas gigantescas chocando entre ellas, lo que constituye un espectáculo nunca visto.

Todo lo que has dirigido tiene que ver con el género fantástico, pero has hecho tanto películas oscuras y serias como cintas más relajadas y hollywoodenses.

Para mí, la mayor ventaja del género fantástico es su versatilidad, ya que puedes hacer tanto una película como “Hellboy”, que nada tiene que ver con “Cronos”, como una película como “El laberinto”, que nada tiene que ver con “Mimic”; e incluso algo como “Pacific Rim”, que es nuevamente algo distinto. Pero todas están unidas por ese sentimiento de fascinación por lo bizarro y por los monstruos que me caracteriza. La pasión por lo extraño es lo que hermana a todas estas películas. Lo importante para mí es que me entusiasme la creación de un mundo, unas criaturas y un ambiente que no hayamos visto antes.

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Y esto supera lo que hiciste con las dos entregas de “Hellboy”…

“Hellboy 2” es igual o más compleja que “Pacific Rim”; no tiene la misma escala, pero manejó las mismas herramientas y empleó un montón de efectos de maquillajes. Para mí, la película más lograda en términos de creación de un mundo audiovisual, en una vertiente más íntima, es “El laberinto”, mientras que la más lograda en la vertiente lúdica, llena de juego y de creación de espectáculo, es “Pacific Rim”.

Hay diferencias de tono claras entre estos trabajos.

Trato de hacer lo que me gusta; si fuera un chef, no haría igual el desayuno que el almuerzo y la cena. Pero lo que sí puedo asegurar es que todas las películas que hago tienen el mismo sazón, porque es la misma persona la que las hace.

¿Y dentro de qué género consideras tú que se mueve más cómodamente “Pacific Rim”?

Yo sabía que, visualmente, esto tenía que ser más cercano a la fantasía que a la ciencia-ficción, por lo que empleé colores saturados, tormentas, muchas imágenes nocturnas con mares tempestuosos y un tono elevado que se alejara del realismo. La parte correspondiente a la realidad se relacionaba a que todo se sintiera usado y vivo; la pintura está descarapelada, los robots tienen golpes y las cosas están  enmohecidas. Es decir, parece que esa tecnología ha sido usada muchas veces.

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¿Es esto lo más grande que has hecho con sets virtuales?

En “Hellboy” tuvimos bastantes sets virtuales, al igual que en ésta. Curiosamente, la construcción de dichos espacios en “Pacific Rim” es la más grande que he realizado; hicimos casi cien. Ocupamos enteramente los estudios Pinewood de Toronto durante casi un año, y nos extendimos incluso a otros dos estudios cercanos. Reconstruimos cuadras completas de Hong Kong, hicimos una cuadra entera de Japón y las destruimos todas [risas].

En realidad, los espacios que supuestamente mostramos son tan grandes que no existen en la realidad. El hangar donde se guardan los robots tiene el tamaño de ocho estadios de futbol, por lo que filmamos ocho piezas diferentes con diferentes pedazos de set por las cuales caminaban los actores, para que pareciera que iban recorriendo un solo lugar; pero lo filmamos en diferentes días.

¿Qué fue lo más difícil de filmar?

En cuanto a complejidad, la calle de Hong Kong fue una hazaña. Hicimos una excursión de cerca de ocho días a la ciudad, un ‘scouting’ muy concienzudo de la geografía. Si eres de ahí, reconocerás los lugares representados, porque  fotografiamos los signos en las calles y en las paredes, hasta el punto de que un restaurante [reconstruido en la película] tenía la comida, las ollas calientes, los recibos de las meseras [de la realidad]. Cada set tenía que tener diferentes estados de destrucción, y en cada uno teníamos en algún momento vapor, agua que explotaba porque venía del fondo del mar, llamaradas y humo. Hubo incluso actores amarrados a una máquina con cargas de alta tensión.pacific-rim-charlie-hunnam-2-600x337

¿Y cuál fue el mayor reto en otros términos?

Mantener el balance entre lo humano y lo espectacular. La película tiene un gran sentido del humor, un corazón muy puro, y traté de que esto nunca se perdiera, para que la gente no disfrute solo del espectáculo, sino que se encariñe con los personajes.

¿Cuál es la escena que más te gusta?

Desde el punto de vista técnico, la batalla de Hong Kong, que dura cerca de 25 minutos y es de pura acción. Empieza en el agua y termina en el espacio exterior; es una pelea que, según creo, nunca se ha visto en el cine. Desde el punto de vista personal y artístico, me gusta la memoria de Mako en el momento en que recuerda lo que le pasó de niña y lo comparte con Raleigh [ambos son los protagonistas de la historia], porque es un momento muy emocional y muy cercano a la fantasía; casi un momento de una princesa salvada por un caballero de un dragón.

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