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Dic
14

Entrevista con Adrián García Bogliano, director de AHI VIENE EL DIABLO/ HERE COMES THE DEVIL (en salas de EE.UU. y en VOD)

Escrito por Sergio Burstein

Bogliano entrevista principal

Este fin de semana, tras muchos retrasos, se estrenó finalmente en salas de cine  de EE.UU. “Ahí va el diablo” (titulada aquí “Here Comes The Devil”), una producción de terror mexicana y estadounidense dirigida por un argentino-español que se irá expandiendo nacionalmente del modo en que lo detalla esta lista, y que puede verse también a través de Video On Demand.

Pese a la considerable demora (la cinta se vio originalmente en Los Angeles durante el AFI Fest 2012, es decir, hace más de un año), se trata de un triunfo importante para Adrián García Bogliano, su joven director, que ya había llamado la atención de la comunidad internacional adepta al género fantástico con títulos como “Sudor frío” y “Penumbra”, difundidos por estos lares a través de diversas plataformas. 

Fue justamente con motivo de ese festival californiano que entrevistamos al cineasta a través de una conexión telefónica con Ciudad de México; pero como nunca logramos publicar la nota, saldamos ahora la deuda con la siguiente transcripción, que revela detalles sobre su forma de trabajo, sus intereses fílmicos y su opinión sobre los que no son capaces de apreciar su trabajo.

here-comes-the-devil-poster-1Adrián, “Ahí viene el diablo” te muestra como el único director de la cinta, pese a que has hecho varias películas a dos manos con tu hermano Ramiro, ¿verdad?

Sí, pero creo que lo más interesante es que se trata del primer largometraje que hice en México, y que es la primera vez que trabajé con una empresa norteamericana, Dark Sky Films, a la que conocí durante el festival South By Southwest, cuando llevé para allí “Sudor frío”. Cuando les dije que iba a filmar esto en México y en español, pensé que lo iban a rechazar, pero lo cierto es que no tuvieron ningún problema; y me parece que fue algo histórico, porque es la primera vez que una  empresa de Estados Unidos acepta hacer algo de terror en este idioma, lo que significa un gran logro para el cine latino cine de género en Latinoamérica.

Ha habido muchos directores trabajando muy duro en diferentes países, pero yo me siento muy afortunado; incluso antes de terminar esta película, ya tenía un contrato de distribución en Inglaterra. Lamentablemente, no ha pasado lo mismo en Latinoamérica, donde sigue habiendo un malinchismo difícil de superar.

Sé que ahora vives en México, pero has estado en muchos lados, empezando por el hecho de que naciste en España de padres argentinos que escaparon de la dictadura, ¿verdad?

Ha habido una gran mezcla, la verdad. He filmado en España, en Costa Rica y en Cuba; ahora mismo ando en el DF, y es probable que mi próxima película ["Late Phases"], que será sobre hombres-lobo, se haga en Estados Unidos. Me encanta encontrarme con nuevos equipos de producción y de actores, ir probando gente de distintas partes, con diferentes maneras de trabajar y de actuar. Adoro esos desafíos. Amo Argentina, pero me encanta México y tengo una relación muy fuerte con España.

ahi-va-el-diablo- director y actoresMe fui de Madrid a Buenos Aires a los 8 años de edad, pero regresaba todos los años para allá. En España aprendí las primeras cosas sobre cine y tuve mi primer acercamiento al cine de terror, porque allá no te prohíben entrar a ver una película, sino que ponen simplemente el rótulo de “no recomendada” cuando es necesario. Pero también aprendí mucho en Argentina, sobre todo en lo que respecta a producir con muy pocos medios, porque si no logras aprenderlo, no haces nada, ya que la industria es muy pequeña.

Lo de México tiene que ver con una cuestión personal de pareja, pero también con el hecho de que aquí hay una verdadera tradición de cine de terror, aunque mucha gente no está al tanto. Es algo que se dio sobre todo desde la Epoca de Oro hasta los ’80. Los productores  entienden el género, les suena más [que en el país sudamericano]; por ejemplo, cuando lanzamos “Sudor frío”, en el 2010, se trató de la primera película de terror de envergadura que se estrenaba en cincuenta años en Argentina. Hay mucha desconfianza por parte de los distribuidores y de los exhibidores en lo que respecta al género.

Pero también has tenido críticas de otro tipo, ¿no? ¿Será que algunos espectadores no entienden los códigos del horror?

No pasa sólo con mis películas; sería muy petulante pensar así. Lo que pasa es que no entienden lo que significa el cine de terror, y lo confunden con una cuestión de gustos, cuando hay que saber darle valor a cualquier película que sea buena, pertenezca al género que pertenezca. Hay quienes dicen que “The Shining” y “Rosemary’s baby” no son de terror para justificar que les gustan. Se hace muchísima basura en este género, claro, pero ni más ni menos de la que se hace en la comedia y el drama. No me preocupo mucho por las críticas, pero en Latinoamérica se niegan a que hagamos terror porque asumen que esto sólo lo tienen que hacer los norteamericanos.

Bogliano 1

“Ahí va el diablo” tiene mucho más cuidado de producción que tus trabajos anteriores, pero en el plano visual, todavía hay varios zooms intempestivos, por ejemplo.

Me encanta el cine de los ’70; me gusta usar algo que sirva como una especie de provocación. Amo el zoom, que ha sido relegado y criticado por las escuelas de cine como un recurso estético menor, cuando creo que es como cualquier otro. Esa misma gente alaba a Stanley Kubrick, y cuando fui a Los Angeles, pude asistir a la exhibición que se le hizo [en el LACMA], donde entre los lentes que usaba había uno de estos. De “2001” para adelante, todas sus películas emplearon el zoom. Depende quién lo use y cómo lo use. No hay que ser tan prejuiciosos.

Las cintas viejas de terror tenían zooms, tenían grano y eran filmadas en las calles, lo que les daba un ‘look’ mucho más crudo; ahora se están haciendo muchos ‘remakes’, supuestamente para que [esas mismas historias] se vean más limpias, y eso les ha quitado totalmente la gracia. Me gusta el ‘look’ peligroso, que se sienta que algo puede suceder en cualquier momento. Los cortes abruptos que empleo también son intencionales.

Bogliano 4La primera escena de “Ahí va el diablo” muestra a unas lesbianas en pleno acto sexual que casi de inmediato son acuchilladas. Eso nos lleva a pensar que estamos ante un ‘slasher’, pero lo que viene después es más bien una especie de drama psicológico familiar. ¿Cuál era la intención?

Es algo que viene también de las películas de los ’70, que se abren con algo muy potente, una escena muy fuerte antes de los títulos, incluso en las primeras tomas; no como en “Scream”, donde  hay todo una ambientación y se prepara a los espectadores para el golpe que viene. Lo que pasa es que estamos demasiado acostumbrados a la fórmula. Nicolas Roeg, uno de mis cineastas favoritos, empleaba un zoom que iba hacia un elemento determinado, y antes de que éste acabara, cortaba al siguiente plano. Eso demanda mucha atención del espectador, pese a que es un recurso que no se considera correcto.

En tu película, el drama empieza luego de que la hija de la pareja principal tiene su primera menstruación y los mismos esposos practican sexo en un carro. ¿Estableces entonces una relación entre la sexualidad y los sucesos malos?

Es una línea de interpretación que puede ser válida, pero mi intención no es decir que el sexo se relaciona con la culpa. Es decir, yo no pienso que es algo malo, sino que ésa es una manera de sentir de una buena parte de la sociedad latinoamericana. El paralelo que hago entre los padres y los hijos apunta más bien a que cuando pensamos en nuestro despertar sexual lo tomamos de una forma natural, pero si se trata de un niño de 12 años con impulsos de este tipo, lo vemos de manera distinta. Eso genera mucha ansiedad, mucho miedo.

¿De qué manera se justifica el empleo de México en la cinta?

La filmé en Tijuana, una ciudad con unos relatos bien peculiares que me sirvieron mucho para la fabricación del entorno. Argentina, en cambio, no tiene ninguna historia, porque se formó con inmigrantes que llegaron hace relativamente poco. En ese sentido, México me brinda muchas más posibilidades; y no me interesa hablar de la narcoviolencia, porque odio que se estigmatice a cualquier país latinoamericano, del mismo modo en que odio que se piense que se deben hacer películas de un solo tipo simplemente porque somos latinos.

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