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Feb
27

Entrevista con Ciro Guerra, director de EL ABRAZO DE LA SERPIENTE (nominada al Oscar)

Escrito por Sergio Burstein

Ciro Guerra 1

Pese a que el nombre de Colombia se escuchó ya en los pasillos del auditorio donde se celebraba la ceremonia de los Premios de la Academia en el 2005 gracias a la nominación como Mejor Actriz de Catalina Sandino Moreno debido a su participación en “María llena eres de Gracia”, la misma nación sudamericana recibió su primera mención directa para una producción local con “El abrazo de la serpiente”, incluida en el rubro de Mejor Película Extranjera de este año y estrenada ayer en el Sur de California bajo el nombre de “Embrace of the Serpent”.

Pase lo que pase con los resultados (se sabe que la húngara “Son of Saul” y la francesa “Mustang” son las favoritas), esto es un hecho histórico que no pasará desapercibido para Ciro Guerra, el cineasta de 35 años que dirigió antes dos cintas que su mismo país presentó sin suerte como apuestas para el Oscar, y que ha logrado en este caso una obra de profunda impronta artística con la que analiza las complicadas relaciones entre los habitantes originales de la Amazonía y los exploradores del mundo occidental que fueron llegando con el paso del tiempo.

Guerra se encuentra ahora mismo en Los Angeles, donde se edita MANGANZON, para asistir a la ceremonia del domingo en el Teatro Dolby de Hollywood; pero nosotros lo contactamos hace unos días en su casa de Bogotá, ciudad en la que vive desde hace siete años, ya que él mismo es oriundo del Caribe de su país, donde se filmó su anterior largometraje, “Los viajes del viento” (2009), centrado en un intérprete de ‘vallenato’ que se negaba a retomar el acordeón tras la muerte de su esposa, pero que pese a ello tenía varias escenas musicales de indudable brillo. Aunque andaba obviamente muy ocupado, el realizador se tomó el tiempo necesario para hablarnos de las intenciones detrás de “El abrazo de la serpiente”, así como de su inusual uso del blanco y negro y el modo en que trató el tema de las plantas psicotrópicas que forman parte esencial del argumento.

El Abrazo de la serpiente imagen 1

Ciro, parece que tu obra se ha ido desprendiendo de manera progresiva de la civilización occidental: tu primera película, “La sombra del caminante” (2004), ocurría en el medio urbano de Bogotá; la segunda, “Los viajes del viento”, se daba en un medio rural pero todavía apegado a la civilización occidental; y “El abrazo de la serpiente” se traslada a un entorno mucho más remoto.

La primera película fue hecha por jóvenes que soñábamos con hacer cine pero que no teníamos nada de dinero, con las herramientas que teníamos a la mano y en una época en la que no había casi apoyo para el cine en Colombia. Era muy difícil pensar en hacer cine, más aún en lugares como en los que hicimos las dos últimas películas, por lo que en realidad éste ha sido un proceso entero del cine colombiano que lleva ya prácticamente 12 años, desde que se aprobó la Ley de Cine, y hay una nueva generación de trabajadores de todas las áreas en esta industria que se ha traducido en un momento muy bueno para nosotros.

Lo que haces tampoco tiene que ver con esas historias de narcotraficantes con las que se podría identificar a tu país.

Ese es un prejuicio que existe sobre el cine colombiano y que no es tan cierto; se trata de hecho de un tema del que falta todavía mucho por contar, porque fue parte de nuestra Historia y no debería convertirse en un tabú. La realidad es que se está haciendo todo tipo de películas; es una cinematografía que está en crecimiento, aunque todavía nos queda mucho camino por recorrer.

Sé que los diarios de dos exploradores reales (el alemán Theodor Koch-Grunberg y el estadounidense Richard Evans Schultes) te inspiraron para la película, ¿pero qué buscabas con ella?

La historia parte de una curiosidad muy grande por la Amazonía, una región enorme de la que sabemos poco; para mí, durante mucho tiempo, fue un sueño poder hacer una película por ahí. Había hecho dos películas muy personales, que hablaban de cuestiones cercanas a mí -la familia, la cultura-, y quería alejarme de eso para hacer un viaje hacia lo desconocido e invitar al espectador a que me acompañara en él. Empecé a investigar y a leer sobre la Amazonía, y encontrar los diarios de los exploradores fue una gran emoción, porque había en ellos una gran historia que no había sido contada todavía; de hecho, no podía creer que no hubiera sido contada todavía, porque era una historia fascinante sobre la búsqueda del conocimiento y sus límites. Una vez que la historia me absorbió, no había vuelta hacia atrás.

Ciro Guerra 2

El blanco y negro tiene aquí intenciones artísticas y simbólicas, pero se empleó también en tu ópera prima. En ese caso, ¿fue por cuestiones de presupuesto?

No, en la primera también fue intencional. Lo interesante del blanco y negro es que puede parecer limitado, cuando es en realidad una posibilidad expresiva que tiene un rango súper amplio. Su uso en mi primera película fue completamente distinto al de ésta. Es algo que se puede aplicar a diferentes géneros y que me gustaría seguir explorando en el futuro, porque se trata además de una forma de ver el mundo que es parte esencial del lenguaje cinematográfico.

En ese primer caso, estaba buscando referentes visuales y llegamos a las imágenes de la Bogotá antigua, de esa que ya no existe; queríamos que la película se sintiera como documentó histórico de un presente que ya no es. En este caso, tenía que ver con las fotografías reales que fueron hechas por uno de los exploradores, pero también con la percepción del verde [por parte de los nativos]; los indios amazónicos dicen que si uno solamente le cree a lo que puede captar con sus sentidos, se obtendrá una visión muy limitada del mundo, y la ciencia incluso ha demostrado que se necesitarían muchos más sentidos para poder percibir todo lo que existe, cuando sólo tenemos cinco. Por lo tanto, la idea de una percepción limitada que se abre de pronto es muy interesante y muy adecuada para la historia que estamos contando.

Esa misma historia le da lugar a las creencias espirituales de la gente local, y tú mismo has dicho que le pediste permiso a la selva para filmar en ella. ¿Qué tanto te afectó la película en ese sentido?

Para mí fue un proceso que me transformó por completo; fueron cuatro años de estar inmerso en un ambiente específico y de aprender a ver el mundo desde otra perspectiva. Uno sale de ahí y nada vuelve a ser igual. He tratado de resumirlo en palabras, pero no me ha sido posible; la mejor forma que he encontrado es decir que me he vuelto más liviano y más transparente, que perdí mucho peso a nivel emocional, espiritual e intelectual, y que aprendí a aceptar muchas cosas de la vida y a no tener tanto conflicto con ellas.

¿Qué tipo de educación espiritual tuviste?

Fui bautizado católico, como la mayoría de los colombianos.

Porque en la película hay al menos dos grandes escenas en la que se muestran los abusos cometidos en la Amazonía por dos representantes distintos del cristianismo…

Sí, pero eso es parte de los hechos reales contados por los indígenas; no hay mucha imaginación ahí, porque todo lo que ves está basado en los testimonios de lo que ocurrió en ese momento. Esa escena tan loca del mesías y su culto ocurrió de verdad; es la historia de Aniceto. La gente llegaba desde lejos para darle regalos, y el asunto llegó a un punto tal que el ejército tuvo que intervenir para neutralizarlo. En la historia de la Amazonía, la realidad supera a la ficción por mucho.

El abrazo de la serpiente imagen 3

La planta curativa se llama aquí yakruna; ¿es algo parecido al ayahuasca?

La yakruna es una planta ficticia; la creamos para la película basada en plantas reales que no quisimos nombrar directamente a pedido de los mismos indígenas, porque se trata de conocimientos que todavía tratan de mantener de algún modo en secreto debido a su sentido sagrado.

Sin embargo, sabemos que estas ya han sido consumidas por las personas occidentales, pese a que los prejuicios no han desaparecido, porque hay muchos que las consideran todavía como drogas.

Siento que es una gran degradación que esas plantas sean vistas como drogas y se utilicen de manera recreativa, porque son algo que trasciendo lo material y lo terrenal; son formas de relacionarse con el mundo que van más allá de la experimentación hedonista con la que se las ve en el mundo occidental. Me parece que hay que aprender a ser más respetuosos.

¿Ya viste las películas que compiten con la tuya en el Oscar? ¿Cómo ves tus posibilidades?

He visto casi todas; solo me falta la danesa [“A War”]. Es un gran honor estar en compañía de estas grandes películas a las que no veo como competidoras, porque son muy diversas, son muy fuertes y tienen historias muy buenas que han sido contadas por directores muy jóvenes, ninguno mayor de los 40 años. No tengo ninguna expectativa; el premio más importante es que la película exista, que la gente pueda acceder a ella, y esta ha sido una ventana perfecta para despertar ese interés.

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