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Abr
18

Entrevista con Jeremy Saulnier, director y guionista de GREEN ROOM

Escrito por Sergio Burstein

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Saber que Jeremy Saulnier empezó haciendo comerciales y videos institucionales resulta sorprendente en vista de sus credenciales actuales, entre las que se incluye no solo la ya ampliamente alabada “Blue Ruin” -uno de los ‘thrillers’ más feroces de los últimos tiempos-, sino también su nuevo título “Green Room”, estrenado el pasado fin de semana de manera limitada en salas de Estados Unidos -y centrado en una banda de punks inocentes que termina en manos de unos aterradores supremacistas blancos-.

Con su aspecto apacible y su evidente amabilidad, Saulnier (que es oriundo de Alexandria, Virgina, pero se encuentra actualmente radicado en Brooklyn) no parece ser el autor de unas cintas que son decididamente salvajes y generan un gran impacto en quien las ve, pese a que lo suyo se aleja de la llamada ‘exploitation’ por el simple hecho de que las acciones terribles que son perpetradas por sus personajes tienen siempre consecuencias graves que alteran el curso de las historias presentadas.

Pero “Green Room” es también un filme que despertará el entusiasmo de los amantes de la música radical, ya que además de estar estupendamente filmado, posee múltiples referencias al género y una saludable crítica al universo de los ‘skinheads’ de derecha a los que les importa poco deshacerse de quienes no piensan como ellos. En entrevista con MANGANZON, Saulnier habló de los retos del rodaje, de su empleo de la violencia, del manejo de la música y del trabajo al lado de Patrick Stewart, quien se aparta aquí por completo del benévolo rol adjudicado en la serie de “X-Men”.

Green Room 3Jeremy, esta película es muy impresionante y sigue de hecho el camino trazado por “Blue Ruin”, pero de manera distinta; no es más ligera, pero sí tiene mucha acción y eso la hace de alguna manera más accesible. ¿Fue una decisión intencional?

Siempre escribo en primer lugar para mí, pero me he vuelto más consciente de las estrategias que se necesitan para mantenerse en el negocio de hacer películas. Además de ser una película relacionada a una escena muy cercana a mí, la del punk, el hardcore y el cine de género, “Green Room” es una película con la que quiero demostrar que se puede hacer cine comercial de una manera distinta, logrando que la gente se entretenga pero sin recurrir a la artificialidad ni tener que volar el mundo entero en pedazos, sino manteniendo las cosas reales y a los personajes con los pies en la tierra, como pasaba con las peliculitas que hacía de chico en el patio de mi casa; eran algo muy movido, de acción, de lo que salías con las manos sucias y que requerían de muchas artes manuales. Eso es lo que atrae visualmente, así como demostrarle a la gente que puedes hacer un ‘thriller’ que tenga mucho impacto pero que no cueste millones y millones.

No pareces ser muy fan de las cintas de superhéroes…

Quiero hacer muchas cosas y probar muchos proyectos; no me da miedo hacer un filme de estudio, pero no me interesa hacer uno de superhéroes, a no ser que se trate de algo tipo “Robocop”.

Tus dos películas más recientes son tan crudas y realistas que parecen estar basadas en casos reales, pese a que no lo son. Y curiosamente, aunque son muy violentas, tienes el aspecto de una persona que es incapaz de matar a una mosca… ¿Por qué te atrae tanto el crimen como creador?

Lo de gente que muere es algo que pasa en cada película para adultos que se ve ahora. Creo que lo importante es la manera en que se lleva a cabo, y pienso que yo lo hago con más respeto, porque hay un componente emocional y mucho cuidado en lo que ofrecen los actores. Soy un tipo normal, que tiene una buena vida y está rodeado de amor, y cuando veo una película, quiero sentir que me saca de mi realidad, que me emociona y me coloca en una situación que puede ser de peligro.

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Tu primera película, “Murder Party”, tenía incluso la palabra ‘asesinato’ en el nombre, pero incluso en medio de todo su ‘gore’, era una comedia; en cambio, “Blue Ruin” y “Green Room” son mucho más dramáticas. ¿Decidiste que ésa era una mejor aproximación para mostrar las consecuencias de la violencia, pese a que las mismas eran también evidentes en esa cinta de debut?

Creo que he crecido un poco, que he evolucionado creativamente. Hice “Green Room” como la hice porque sentía que tenía que filmarla lo más rápido que fuera posible; tuve el guión listo en noviembre del 2013 y la película terminada en noviembre del 2014. Se trató de algo muy intuitivo, muy impulsivo, porque quería que la energía se mantuviera; no quería sobre desarrollarla, pensar demasiado en ella, para que mantuviera su crudeza. Pero creo que ahora haré algo menos brutal, con una trama que me lleve por otro lado. Me gustan las historias oscuras, sí, sobre todo porque me encantan las atmósferas interesantes, y eso es lo que me ofrece el cine de género; no me interesan los dramas de dormitorio, al menos por el momento.

Pero no me respondiste lo de la violencia…

Lo más peligroso es cuando alguien recurre a ella [en el cine] y no sientes nada, no sientes pérdida; todo sigue igual. En mis películas se siente muy mal, y la parte visual correspondiente no tiene que ser tampoco placentera. Es algo que colabora con la intensidad de lo que cuento, y en este caso, lo que estaba buscando era brindar la mayor intensidad posible en una situación semejante.

Cuando uno ve “Green Room” se pone completamente en la piel de los personajes; comienzas a pensar lo que harías para sobrevivir en un momento así.

Claro, esa es justamente la idea, para provocar de algún modo un debate sobre la manera en que actúan las personas; pero en este caso en particular, el argumento no es nada complicado, porque dejé que las cosas se dieran del modo en que se darían en una situación así. Lo más complicado fue la planificación visual, la determinación de los espacios, y una vez que lo hice, me interesé simplemente en lo que alguien que estuviera ahí haría, en la manera en que trataría de escapar de un lugar así, mientras se enfrenta a la muerte de otros a su alrededor y se comporta no como un personaje de Hollywood empeñado en eliminar a todos a su alrededor, sino simplemente como alguien que busca sobrevivir.

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¿Pensaste en Patrick Stewart cuando escribías el guión? ¿Querías tener a un actor mundialmente conocido por un rol benévolo haciendo un rol malévolo, es decir, el de este líder de los neonazis?

El éxito de “Blue Ruin” hizo que las cosas mejoran mucho en ese sentido, y en este caso conseguimos a uno de los mejores directores de casting que existen. Yo sólo quería tener a personas que además de ser buenos actores estuvieran dispuestas a probar algo distinto y se entusiasmaran con sus roles, para poder sentirme cómodo en el set.

¿Se asustó Stewart con la música? Hay una escena en la que aparece cruzando una ruidosa escena de ‘slam’…

Llegó tarde en el proceso, pero al hacerlo nos dimos cuenta de que compartía muchas de sus escenas con mi mejor amigo de la escuela, Macon Blair [protagonista de “Blue Ruin”]. Verlo entrar a un concierto de death metal fue algo completamente surrealista; es como si estuviera cumpliendo una fantasía que pude tener a los 19 años, cuando hacía videos con mis amigos e iba a conciertos. “Blue Ruin” iba más con mis gustos y mi estética actuales, pero esto es algo que dejé de lado hace veinte años y que me satisface mucho haber revisado antes de dar el siguiente paso.

Manejas las expectativas de los fans de la música de una manera muy interesante; hay un momento temprano en que la aguja se posa sobre un disco de hardcore y se oye sólo un segundo de la música, así como otra en la que una escena de concierto se ve en cámara lenta mientras se escucha una música apacible y distinta, pero luego aparece la banda de los protagonistas tocando y, más adelante, se escucha por los parlantes el tema “Angel of Death” de Slayer.

Había que mantener el argumento en movimiento y hacer que la narrativa progresara, no tratar de forzar las presentaciones en vivo por el simple gusto de hacerlo. En realidad, la única canción que sale completa es “Nazi Punks Fuck Off” [de Dead Kennedys], justamente porque tiene mucho sentido en la historia y va con lo que está sucediendo. Pero no quería que esto luciera como un video musical. La película en sí es muy punk rock, por su energía, por su crudeza; no por lo que se escucha.

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Cuando hiciste “Blue Ruin”, dijiste que estabas evitando cualquier referencia cinematográfica, pero aquí siento que sí hay alusiones a clásicos del género, como la parte del inicio que recuerda a “The Shining” y el modo en que el punk ‘bueno’ interpretado por Anton Yelchin asume una figura cercana al Ash de “Evil Dead”.

Cada vez que tienes una toma hecha desde un helicóptero en Oregon en la que muestras a un auto rodeado de vegetación vas a pensar en la película de Kubrick, pero lo de “Evil Dead” no es a propósito, aunque no puedo negar que todas las películas que he visto en mi vida me han influenciado de un modo u otro.

Pese a ello, tu cine no es de monstruos ni asesinos sobrenaturales, porque los mismos humanos son los monstruos.

Sí, porque de ese modo sientes que el terror es de verdad y lo relacionas con algo que te podría pasar, a diferencia por ejemplo de las ‘slasher movies’.

Sé que cantaste de jovencito en una banda de punk; ¿se llamaba Ain’t Rights, como la banda de los protagonistas del filme?

No; mis amigos tuvieron un grupo llamado así que se separó hace un año. Pero sus personajes tienen equivalente reales en la escena de Virginia en la que crecí; conozco gente que se llama como ellos.

Has dicho que no te interesa necesariamente hacer una película de estudio, pero viene circulando por ahí una noticia respecto a tu incorporación a “Defection”, un ambicioso proyecto de 20th Century Fox.

Ese es un rumor de Internet que se lanzó prematuramente; la verdad es que no hay nada decidido.

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