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Oct
23

Entrevista con Jonás Cuarón, director de DESIERTO

Escrito por Sergio Burstein

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Las elecciones presidenciales de Estados Unidos se encuentran a la vuelta de la esquina, y aunque las más recientes encuestas indican que Hillary Clinton se encuentra muy por encima del deseo de voto con respecto a Donald Trump, la amenaza de que el magnate republicano tome el poder no se ha diluido. En ese sentido, como ya lo hemos dicho en nuestra reseña, es importante que la cartelera comercial estadounidense incluya en estos momentos a “Desierto”.

Y es que, en medio de los comentarios que la consideran demasiado superficial para el complejo tema que trata, la cinta de Jonás Cuarón (hijo de Alfonso, con quien escribiera la multi-premiada “Gravity”), convertida desde hace unas semanas en la apuesta mexicana con miras al Oscar, no podría ser más apropiada para una coyuntura en la que los mensajes de odio hacia los latinos en este país han alcanzado un nivel preocupante que hay que combatir con todas las herramientas que se tengan a la mano.

Las de Cuarón son cinematográficas, y para implementarlas, se basa en un guión que él mismo escribió con su colaborador Mateo García y que encuentra en el papel estelar al cotizado actor mexicano Gael García Bernal en el papel de un indocumentado que, luego de quedar varado en medio de la nada, se encuentra al frente de un grupo humano convertido en el blanco principal de un ‘redneck’ fuera de control y, por supuesto, muy cercano a la doctrina de Trump, aunque éste no sea mencionado.

En una reciente entrevista, el joven director, que había dirigido únicamente con anterioridad un filme de tinte experimental, habló extensamente con nosotros de las intenciones que se encuentran detrás de su trabajo, de lo que le preocupa básicamente sobre el político de moda, de los retos que tuvo que enfrentar al filmar en parajes desolados de Baja California y de su labor con los actores, incluyendo los tres perros que aparecen como uno en el resultado final.

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Jonás, ¿por qué decidiste tratar el tema de la inmigración del modo en que lo tratas en “Desierto”?

Yo crecí en Estados Unidos, y siempre me interesó hablar de este tema; pero no sabía cómo, hasta que decidí hacerlo a través de una película de acción, de terror, que sigue de algún modo las convenciones de la ‘slasher movie’. Siempre he sido fan de ese cine de género de Estados Unidos en los ‘70, que lograba ser muy político y subversivo pero disfrazándose de género; y eso me interesa, porque sentía que en el caso de “Desierto” podía llegar con este tema un público más grande, que quizás no está acostumbrado a hablar de estas cosas o simplemente no le interesan. Lo hice sobre todo para poner una lupa en una retórica de odio que es usada por varios políticos y que se me hace bastante peligrosa.

Como ya lo sabrás, algunos comentaristas se han quejado de que la película es superficial, de que no profundiza en el tema ni en los personajes.

Mi teoría es que ya ha habido muchas películas que han hecho muy bien esa parte analítica, como “La jaula de oro”. Yo no quería generar una conexión intelectual con el público; siento que a veces es lo mismo que en los discursos, donde las conexiones intelectuales se vuelven más abstractas, más distantes, y lo que yo quería era conectar con el público, pero en las vísceras, para meterlo en este viaje y que sintiera en su proporción el drama por el que atraviesan mucho inmigrantes.

De hecho, como dices, hay otras películas mucho más analíticas… pero también mucho más aburridas.

Para mí era muy importante hacer “Desierto” como la hice, primero para que llegara al público, y segundo porque soy fan del cine de género, pese a que la gente tiende a pensar que éste va en contra del cine con contenido. Esto se relaciona a lo que hicimos en “Gravity”, donde el reto era hacer una película que tuviera pocos diálogos, pero que a través de la acción y de las metáforas visuales lograra hablar de muchas cosas.

Tu único largometraje anterior como director era “Año Uña”, que se hizo con fotos fijas, mientras que “Desierto” tiene una puesta en escena mucho más ambiciosa. ¿Te resultó difícil hacerlo?

Hice ‘storyboarding’ y todo, pero fue una experiencia aterradora, porque nunca había trabajado directamente en algo así. Me habían recomendado que hiciera algo más sencillo, en una sola locación, y cuando empecé a filmar, me di cuenta de que era complicado.

Jonas Cuaron 3

¿Qué influencias visuales tuviste? ¿Quizás “Duel”, de Steven Spielberg?

Sí, esa es la principal, y es también la referencia principal de “Gravity”, que escribimos después. También está “Runaway Train” de [Andrei] Konchalovsky.

¿Te preocupa Donald Trump?

Me preocupa más que esa retórica anti-inmigrante y de odio ya no es sólo suya, sino de muchos políticos en todo el mundo. Mientras haya más gente que promueva esa forma de pensar, más se va a legitimar la misma.

Vives en Estados Unidos; ¿vas a votar?

No soy ciudadano; mi mujer sí.

A diferencia de lo que ha venido pasando últimamente con otros directores mexicanos muy cercanos a ti, como tu propio padre, Alejandro González Iñárritu y Guillermo del Toro, esta película muestra un gran deseo de compromiso social.

Es que yo tenía esa necesidad en particular, por haber crecido en Estados Unidos como mexicano y haber tenido un pie dentro de un país y otro dentro de otro; para mí, el concepto de fronteras y de naciones se me hace muy arbitrario, y quería hablar de eso. Sin embargo, siento que como cineasta hay muchas historias que uno tiene que contar, a veces por una necesidad personal e íntima; a fin de cuentas, cada uno con su ‘atole’.

¿Crees que algunas personas le están reclamando a los directores mexicanos que triunfan ahora en Hollywood la realización de más historias relacionadas a la realidad de tu país?

El cine es universal, y uno como autor carga con sus raíces, su lenguaje y su cultura; pero, como dice mi papá, creo que uno nace humano primero y después le dan pasaporte. La gran virtud del cine es que es un lenguaje universal, y eso es algo que yo quería explorar en “Desierto”, que sucede obviamente en la frontera entre México y Estados Unidos, pero cuya historia es relevante en Europa, en África, en Asia. Eso es algo bien ‘padre’ del cine, sobre todo cuando no hay diálogos, porque te permite enfocarte en lo estrictamente cinematográfico.

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Tienes aquí a grandes actores, como Gael García Bernal y Jeffrey Dean Morgan, pero no cabe duda de que el que se roba la atención es el perro del segundo.

Para mí, el perro era muy importante, porque me interesaba que el personaje de Jeffrey tuviera un lado humano, y ese perro es su única conexión emocional; sin embargo, cuando le enseñé el guión a mi papá y a mi tío Carlos, lo primero que me dijeron es que lo quitara, porque es una pesadilla filmar con animales. Terminé empleando tres perros mexicanos, que no eran de cine, sino de seguridad, de ataque. El tercero se usó en realidad porque uno de los otros trató de morder a Jeffrey el primer día de rodaje [risas].

¿Y no te dijeron nada sobre el osito de Gael, que puede ser un detalle muy sentimental?

Me gustaba la idea del osito, porque por un lado soluciona una cuestión que no quiero revelar y por otro explica mucho del viaje emocional del personaje.

¿Cómo fue el proceso de trabajo con Gael?

Lo conocía poco; había convivido con él cuando mi papá hizo “Y tu mamá también”, y después durante el rodaje de “Rudo y cursi” [que fue dirigida por su tío Carlos]. Pero al escribir la película yo sabía que quería que Gael fuera el protagonista, no solo porque es de los actores que más admiro y me encantaba la idea de trabajar con él, sino también porque en el proceso de investigación me di cuenta de que él había producido varios documentales sobre este mismo tema. Le mandé el guión, le interesó mucho y desde entonces se volvió mi principal aliado en este proyecto.

Les fue tan bien que ahora van a hacer juntos una película de El Zorro…

Me invitaron al proyecto, y obviamente, la idea de volver a trabajar con Gael me emociona muchísimo; no he pensado todavía mucho en eso porque vengo saliendo de la insolación de “Desierto”. Ya tenemos la idea, pero pasé ocho años haciendo la otra película, o sea que hasta que el bebé cobre vida, no puedo hablar de él.

¿Es cierto que va a ubicarse en el futuro?

Me piden que sea así; y aunque no puedo rechazar ese concepto, puedo decidir cómo va a ser ese futuro.

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