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Abr
29

Entrevista con Sebastián Lelio, director de DISOBEDIENCE

Escrito por Sergio Burstein

Disobedience 4

Hace solo unas semanas, le dio a Chile el primer Oscar de su historia al llevarse el premio de la Academia en la categoría de Mejor Película Extranjera gracias a “Una mujer fantástica”, celebrado drama sobre una persona ‘trans’ que era acosada por diversos integrantes de la sociedad de Santiago de Chile debido a su romance prohibido con un hombre ‘de familia’.

Ahora, Sebastián Lelio, que se dio a conocer internacionalmente con su cuarto largometraje, “Gloria” (2013), regresa a las salas estadounidenses con “Disobedience”, un contundente relato emplazado en la comunidad judía ortodoxa de Londres que encuentra a las estupendas Rachel Weisz y Rachel McAdams involucradas en un romance igualmente prohibido que afecta directamente al esposo de la segunda, interpretado por el gran Alessandro Nivola.

Tuvimos la oportunidad de hablar con el realizador sobre los retos de un filme que, además de llevarlo a trabajar por primera vez en inglés, muestra a dos actrices heterosexuales en apasionados momentos lésbicos y lidia de manera cautelosa con las restricciones de una sociedad que se encuentra llena de prejuicios, pero que no por ello es completamente intolerante.

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Sebastián, en primer lugar, felicitaciones por el Oscar. ¿Puedes hablar del modo en que te involucraste con este nuevo proyecto? Tengo entendido que tanto Rachel Weisz como la productora española Frida Torresblanco estaban interesadas en que lo hicieras.

Estoy todavía muy agradecido por el llamado de Rachel y Frida, porque me encontraba en un momento en el que estaba recibiendo muchas invitaciones para hacer cosas en inglés y había leído varios guiones con los que no había conectado, hasta que llegó a mis manos esta historia, en la que además de dirigir se me invitaba a escribir.

La película está basada en una novela de la autora británica Naomi Alderman, pero el guión es tuyo y de otra escritora. Háblanos de ese proceso.

Yo escribí las primeras tres versiones, y luego sentí que era importante contar con una voz inglesa que pudiera darle textura a los diálogos, sobre todo porque el inglés no es mi lengua materna. Fue por eso que, para completar el guión final, decidí llamar a Rebecca Lenkiewicz, quien coescribió ‘Ida’ [la cinta polaca que se llevó el Oscar a la Mejor Película Extranjera en el 2015].

No tienes antecedentes judíos, pero decidiste de todos modos encargarte de esta historia.

Me llamó la atención el triángulo amoroso tan particular que se planteaba en el relato y estos personajes tan vibrantes, que son muy humanos, que están en búsqueda permanente y que operan frente a un trasfondo de ideas preconcebidas y de verdades supuestas eternas, lo que genera una tensión que era muy interesante de explorar.

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Me sentí conectado con los tres personajes y, sobre todo, con la idea de desobediencia que hay en la historia; son personajes que desde su particular esquina tienen que desafiar las reglas que se les imponen para pasar al siguiente nivel. Como no soy judío ni británico, traté de buscar los puntos en común que tenía con estas figuras en términos humanos, lo que permitió que no me entrampara tanto en el aspecto cultural durante el rodaje, pese a que, antes de iniciarlo, investigué mucho y conté con muchos asesores para presentarlo del modo correcto.

La comunidad judía ortodoxa no recibió precisamente con los brazos abiertos la novela de Alderman. ¿Qué esperas que suceda con la película por ese lado?

No tengo ninguna ansiedad, sino más bien curiosidad. De todos modos, esta película no está hecha en contra de esa comunidad; fue incluso muy importante entender que el antagonismo no venía de ella, sino de los personajes mismos. No existe ninguna sociedad perfecta; todas tienen sus luces y sus sombras.

Tuviste a dos mujeres con el mismo nombre en el rodaje; ¿cómo las llamabas?

Por el nombre y el apellido.

Weisz estaba obviamente interesada en esto, porque es una de las productoras y fue la que adquirió los derechos de adaptación de la novela; además, ella misma tiene antecedentes judíos. ¿Pero cómo fue trabajar con McAdams, que por lo que he leído practica el Cristianismo?

No sé cuál es su ‘background’ religioso. Lo que sí sé es que tenía la intuición de que las dos iban a resultar muy potentes en la pantalla. Rachel es una actriz increíblemente fuerte, y necesitaba una contraparte semejante con la que pudiera establecer además una buena química. Las dos se parecen, pero son a la vez muy distintas; y sentía que esa combinación iba a ser explosiva.

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Ambas participan en una escena sexual que es muy intensa y directa, pero no completamente explícita.

Es el corazón de la cinta, al menos en lo que se refiere a la historia de amor entre las dos Rachel. Fue trabajada utilizando muchos ‘fuera de cuadro’, porque no lo muestra todo; me pareció muy interesante el desafío de hacer una escena erótica en la que no hubiera desnudez.

A partir de “Gloria”, te has dedicado a analizar en todas tus películas diversas facetas del universo femenino. ¿Por qué?

Lo veo como consecuencia de seguir la intuición y lo que hace que uno se emocione. Es imposible negar que, últimamente, he estado inclinado hacia historias que tienen al frente a mujeres que están al borde de la sociedad, y que presentan retratos que son a la vez exaltaciones y exámenes.

La “Gloria” original se hizo antes de la llegada de Me Too y Time’s Up, pero tu tendencia actual se conecta bien con esos reclamos femeninos.

Nunca he pensado en movimientos al hacer mis películas; creo que si estas resuenan es porque, si bien hablan de un tema específico, se relacionan con todo lo que está fragilizado, con lo que se encuentra en una posición de arrinconamiento. Pero no escribo en términos políticos.

Hablando de “Gloria”, acabas de terminar el rodaje del ‘remake’ en inglés, con Julianne Moore al frente. ¿Ya tiene fecha de salida?

Estamos en post-producción; no sabemos todavía cuándo va a salir, por lo que es todavía temprano para hablar mucho de ella. Fue un rodaje muy gozoso, y fue un lujo trabajar al lado de Julianne con el fin de encontrar un nuevo vehículo para la universalidad de esa historia en un nuevo contexto.

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