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Ene
08

Entrevista con Bong Joon-ho, director de PARASITE

Escrito por Sergio Burstein

BONG JOON HO 1

Calificada ya por muchos críticos como la cinta más lograda del 2019, y recién premiada como Mejor Película en Lengua Extranjera en los Globos de Oro, “Parasite” es sin duda alguna la obra más lograda de Bong Joon-ho, un cineasta coreano que se dio a conocer con la excelente cinta de monstruos “The Host” (2006) y que incursionó por primera vez en Hollywood con la emocionante “Snowpiercer” (2013).

Pese a que su nombre parecía indicar que “Parasite” era un regreso al género del terror por parte del aclamado director y guionista, lo que tenemos al frente es una impresionante comedia negra sobre una familia pobre que va insertándose de manera ingeniosa en el seno de un hogar burgués. El filme plantea temas sociales sumamente serios y posee un aura artística incuestionable, pero es a la vez completamente accesible y tremendamente entretenido.

Durante una mesa redonda en la que fuimos acompañados por un reducido grupo de colegas, tuvimos la oportunidad de conversar con Joon-ho sobre diversos detalles de una película que se ha ido estrenando de manera paulatina a lo largo de los Estados Unidos y que lanza el 28 de este mes en formatos de DVD y Blu-ray. La conversación se llevó a cabo con la ayuda de una traductora, porque como lo habrán notado quienes vieron los Globos de Oro, los conocimientos de inglés del realizador son limitados, aunque él mismo decide de vez en cuando hablar en esta lengua.

Bong, en la película se hace alusión a la supuesta amenaza de Corea del Norte, pero solo para dejar en claro que el verdadero peligro para Corea del Sur son las diferencias sociales al interior del mismo país, ¿verdad?

Hay ciertas audiencias que entenderán más esos momentos, pero yo no los veo como una declaración política, sino como un momento de humor ‘raro’. La familia rica ha diseñado el bunker que vemos por temor a un ataque norcoreano, y eso es algo que realmente han hecho las antiguas generaciones en mi país, aunque para los más jóvenes parece ser una idea descabellada, digna de una comedia negra.

Tu carrera ha sido muy variada; parece que estás tratando de no repetirte. Las historias y los géneros cambian, así como el aspecto visual; pero el interés social es algo que las une.

Soy una persona que se distrae muy fácilmente, o sea que cambiar es realmente mucho más natural y fácil para mí que mantenerme en lo mismo. Nuevamente, no pretendo dar mensajes políticos, sino mostrar la belleza del cine y hacer buenos retratos de personajes individuales. Lo curioso es que no importa cuánto trate de enfocarme en una sola persona, porque el alcance de lo que presento termina extendiéndose a la sociedad y al contexto que rodea a esta misma persona. Es algo que sale sin pensarlo, de manera instintiva.

La película empieza como una comedia y termina como un drama bastante salvaje. ¿Cómo fue para ti trabajar en esos cambios de tono?

Mientras escribía el guion, no estaba pensando en qué género iba a estar ubicado. Estaba siguiendo los hechos mientras se daban, inventando la historia paso a paso. Hubiera sido mucho más difícil y sofocante para mí mantener un solo tono.

Para el público de aquí, es un poco extraño ver al personaje del hijo de los pobres como amigo -y recomendado- del tutor más acomodado que aparece al inicio.

No es algo tan inusual en Corea; yo tengo amigos ricos y pobres. Cuando estaba en la universidad, trabajé mucho como tutor, y uno de esos trabajos fue para una familia rica, para enseñarle a un chico de escuela intermedia. En algún momento me llevaron al segundo piso de la casa, y tenían allí una inmensa zona recreativa que me dejó muy impresionado. Sentía que me estaba metiendo en la vida privada de unos extraños, que me había convertido en una especie de espía, y esa fue mi inspiración para crear esta historia. Hablaba mucho con ese alumno, y finalmente fui despedido, por hablar mucho y enseñar poco [risas].

Uno de los elementos más interesantes para el desarrollo del suspenso es la alergia a los duraznos que tiene el ama de llaves de la familia rica, de la que la familia pobre se quiere deshacer. ¿De dónde salió eso?

Yo soy alérgico a los mariscos, pero no iba a ser creíble que alguien tratara de hacer algo así con un camarón; en cambio, lo de los duraznos es mucho más discreto. La otra persona ni siquiera se daría cuenta de lo que estás haciendo. Cuando filmamos esas escenas, tratamos incluso de que la pelusa del durazno se reflejara en algo para lograr un efecto sutil.

Parasite 2

En el caso de los pobres, el reparto es increíble. Parece que se tratara de una familia real. ¿Cómo encontraste a los actores?

Era muy importante que lucieran así de parecidos. En mi país, tenemos por todos lados estudios pequeños de fotografía que se dedican a hacer retratos de familias. Es algo que está en todas las casas y que ya es un elemento distintivo de nuestra cultura. Elegí primero al chico que interpreta al que se infiltra en la casa de los ricos, y escribí el guion con él en mente. Cuando estaba terminando el guion, tuve la oportunidad de mirar la foto de la actriz que hace de la hija de los pobres, y me di cuenta de lo parecida que era a este chico. Eso se nota en la escena al inicio de la película, cuando los dos hermanos están tratando de encontrar señal de internet y se trepan a la vez al excusado; lucen casi como gemelos.

La película tiene una combinación de realismo y fantasía que, en el segundo caso, se plasma por ejemplo en la roca que el hijo de los pobres recibe de regalo por parte del tutor más afortunado. ¿Fue difícil mantener ese balance?

Nunca me preocupé por cruzar esa línea, porque creo que el tono general de la historia te muestra ya por dónde van las cosas; además, en nuestras propias vidas, nos exponemos también a situaciones semejantes. De todos modos, la piedra cumple una función específica, porque el personaje que se encentra obsesionado con ella termina usándola en el clímax del relato.

También hay alusiones interesantes a la cultura nativoamericana en ese momento culminante.

En lo que respecta a la madre y al hijo de la familia rica, se trata simplemente de decoraciones superficiales, como la camiseta del Che Guevara que se usa sin entender el contexto del que proviene. Y esto que sigue es un SPOILER, pero hay algo interesante vinculado al hombre que se encuentra escondido en la casa: el protagonista que se ha infiltrado en el lugar termina dándose cuenta de que alguien ya había hecho lo mismo con anterioridad, lo que podría remitir a la historia de los colonos y los indígenas en este país. Cuando escribí esa parte, no fue algo intencional, pero hay gente que ha visto la película y que me ha hecho ese comentario.

Yendo a la parte visual, que es impresionante, ¿cuáles fueron los mayores desafíos?

El mayor desafío es que casi todo se desarrolla en dos casas, en un espacio muy limitado. A diferencia de lo que pasaba en “Ojka”, que empezaba en las montañas y terminaba en Nueva York, el planteamiento aquí era como el de una obra de teatro, por lo que era importante que cada una de las casas luciera como un universo propio, lo que nos llevó a trabajar mucho en ese aspecto. La casa de los ricos, la de los pobres y los barrios de los mismos pobres fueron construidos en estudio, porque desarrollamos un minucioso diseño de producción.

De hecho, la estructura tipo sótano en la que vive la familia pobre se hizo en un tanque de agua, porque necesitábamos mostrar una inundación. Esa fue la escena más complicada del rodaje. Tuvimos que hacer varias pruebas, sobre todo para la presión del agua, que se ve muy sucia pero era en realidad muy limpia; y empleamos también pantalla azul. Fue una gran colaboración entre el departamento de diseño de producción, el departamento de efectos prácticos y el departamento de efectos visuales.

Hay realmente vecindarios con esa estética en Corea, y los usamos como referencia, aunque están desapareciendo y siendo reemplazados por complejos residenciales. Los encargados del departamento de arte se trasladaron hasta ellos para conseguir material, como puertas o ventanas que habían sido descartadas.

Los dos filmes anteriores que hiciste, “Snowpiercer” y “Okja”, eran muy internacionales, pero este marca tu regreso a Corea. ¿Fue algo intencional?

Empecé a escribir esto en el 2013, antes de “Snowpiercer”, por lo que no se suponía que iba a ser un regreso para mí; no había ningún plan para eso. Sigo las historias que quiero contar, como si fuera un flujo natural. Es como si tuviera una espada y muchos árboles delante; los voy a cortando a medida que se presentan. Hago todo basado en los impulsos del momento.

Fuera de todo lo dicho, ¿qué te gustaría que el espectador se llevara de esta película?

Me encanta ver películas clásicas y sentir que son todavía contemporáneas aunque se hayan hecho hace cincuenta años. Me gustaría que se recuerde a “Parasite” como un retrato honesto de los tiempos que vivimos, pero más que eso, que sea vista por muchos años y que resulte todavía vigente. Puede ser mucho pedir, pero es lo que anhelo.

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