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Jun
20

LA FILM FEST: Entrevista con Rosario García Montero, directora de “LAS MALAS INTENCIONES”

Escrito por Sergio Burstein

Texto y foto principal: Sergio Burstein

Rosario

En su primer largometraje, “Las malas intenciones”, Rosario García Montero no toma la ruta fácil. La cinta se desarrolla a inicios de los 80s, una década que estuvo marcada en el Perú por el brutal enfrentamiento entre el grupo sedicioso Sendero Luminoso y los militares del gobierno, pero cuyo estallido se originó realmente debido una situación de profunda desigualdad social que encontraba a unos cuantos privilegiados en posiciones de poder y a un enorme sector de la población en la más absoluta miseria.

Sin embargo, “Las malas intenciones” no es una película tremendista. El inicio del conflicto armado está ahí, pero sirve como telón de fondo para la historia de Cayetana (Fátima Buntinx), una niña de 8 años que tiene una posición acomodada debido a su origen familiar, y que se encuentra mucho más interesada en lidiar con el nuevo embarazo de su madre (y el advenimiento de un eventual competidor) que con la enrevesada política de su país.

Llena de sentido del humor, de actuaciones impresionantes (sobre todo la de Buntinx) y de una combinación particularmente lograda entre el realismo total y el realismo mágico, la película (que comentamos ya en nuestra sección de Reseñas) representa dignamente a su país de origen en la actual edición del Festival de Cine de Los Angeles, en los teatros Regal de LA Live, donde tendrá una proyección final a partir de las 7.20 pm de esta noche (ver detalles en www.lafilmfest).

Como preludio a esta función, MANGANZON les ofrece una transcripción completa de la conversación que sostuvo con la talentosa directora y guionista, que completó la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Lima y la de Estudios de Cine en The New School de Nueva York.

Las_malas_2¿Cuál fue el punto de partida dramático para la elaboración del guión, que tú misma escribiste?

La construcción de una piscina en la casa de la niña, que es algo que yo recordaba haber visto en mi propia casa cuando era chiquita. Se demoraron una eternidad en hacerla, y yo era la más desesperada porque estuviera lista. Pero poco a poco fui sintiendo que me faltaba más estructura, y fue por eso que añadí un detalle temporal que terminó siendo más importante: la madre de Cayetana va a dar a luz en seis meses y la niña cree que va a morir cuando el bebé nazca. Pero la mirada estaba siempre puesta en la niña, como centro de todo. Empecé a escribir en el 2005, en inglés, porque me encontraba viviendo en Nueva York; pero me di cuenta de que era un error, porque era una historia de lo más peruana.

Me metí en un taller de guión de donde me dijeron que me saliera [risas], porque no había respetado las mil reglas que ellos manejaban. Ya había presentado un cortometraje en Sundance, y mi principal preocupación era pasar al largo; pero estaba claro que pensaba mantenerme en el análisis de un personaje y no en algo con demasiado ‘plot’, porque soy medio invertebrada por ese lado.

Me gusta el umbral que existe entre el querer y el no querer. Me he dado cuenta de que los espectadores reaccionan de maneras muy distintas ante Cayetana; la odian, la quieren, al quieren proteger, la quieren castigar. El guión tiene probablemente una cosa muy episódica, pero mantener el punto de vista en ella era una especie de guía.

La película es tan personal que parece incluso autobiográfica. Ya has mencionado lo de la piscina, pero, ¿hay más detalles de tu vida en ella?

Partí de una premisa real, pero después de eso era necesario moverse a otro lado, porque de otro modo la película no hubiera alcanzado vuelo. Claro que hay cosas mías, como el asma [que sufre el personaje] y el hecho de vivir en Chaclacayo [un pueblo a las afueras de Lima] pero tener que ir a la escuela en Miraflores [un barrio de la ciudad, a horas de distancia]. Yo llegaba siempre tarde al colegio y estaba atrasada; pero lo más interesante es que el camino me permitía ver unos contrastes sociales impresionantes, porque el carro que me llevaba me obligaba a pasear por toda la ciudad.

Yo pensé que habías decidido que la protagonista viviera allá porque la película transcurre en los 80s y era más fácil ambientarla en ese pueblo que en la ciudad misma, que luce obviamente muy distinta ahora.

Fue algo basado en mi propia vida, pero que me sirvió mucho, porque Chaclacayo está anclado en el tiempo. Lo que pasa es que yo me fui a vivir allí porque tenía asma y Lima es una ciudad terriblemente húmeda, mientras que este segundo lugar tiene un clima muy seco. La desventaja principal es que estás lejos de todos y de todo, y eso puede haber tenido que ver con mi decisión de irme a Nueva York, donde viví durante diez años.

Pero también hay un asunto generacional que parece haber tendido puentes con personas de otros países, porque después de la proyección de ayer [en el festival], un mexicano me dijo que había llorado viendo la película porque le recordaba lo que había vivido en su país con el problema de la violencia.

Este recorrido que hace Cayetana, y que la lleva a ver con sus propios ojos las diferencias sociales, puede provenir de tus propias experiencias, pero en la película toma una connotación muy particular, porque se contrapone a los privilegios de la familia de la niña y de sus amistades.

Sí, claro. Hay una escena en la que la familia de la niña hace que la pared que los separa [de una casa donde vive familia andina] se vuelva más grande, y lo cierto es que con una pared no puedes ocultar las cosas. En otra escena, la familia sube a un bote para hacer un recorrido turístico por el mar, mientras que varios niños [pobres] se cuelgan de éste; ése es el Perú y esos son los peruanos. Ya para entonces, las clases privilegiadas se veían obsoletas. Cayetana vive casi en el exilio, en una especie de bunker, y se encuentra cada vez más aislada, porque empieza teniendo a un chofer y termina con un guardaespaldas, aunque ella misma protesta contra todo esto a su manera.Las_malas_4

La niña se encuentra obsesionada con unos héroes patrios que se encuentran siempre en los libros de texto de las escuelas peruanas, pero parece que estos funcionan acá como ideales de lo que representa defender realmente al país…

Para mí, cumplen un rol de figura paterna. Pero sí,  casi todos los personajes en esta película son antihéroes, mientras que estos héroes nacionales aparecen en los libros inmortalizados e idealizados, incluso en posturas muy particulares que se han vuelto emblemáticas. Lo que me gustó mucho fue empezar a humanizarlos [en las escenas que imagina Cayetana], mostrar su lado vulnerable. Al comienzo, los presento a través de una animación que es intencionalmente precaria, primitivísima, porque se basa en las láminas Huascarán que nos daban en esa época en la escuela.

La ambientación de época es impresionante, porque la película no se desarrolla sólo en este pueblo fuera de Lima, sino también en algunas calles de la capital.

Fue todo un reto, porque los 80s pueden ser muy feos [risas]. No quería sobrecargar la impresión de época; cuando vi las pruebas de vestuario y las de los peinados, decidí que no íbamos a ir por ese lado, porque no quería que esto pareciera una broma. Tampoco quería poner Ataris ni Simons, que según mi productora no se hubieran podido usar de todos modos. No quería causar distracciones innecesarias. Sí pusimos mucho más cuidado en los juguetes y en los elementos escolares, como las cartucheras, que fuimos comprando poco a poco en eBay. Tenía que haber presencia de los 80s, pero no saturación.

La película tiene una fotografía excelente, a pesar de haber sido grabada con una cámara RED, y tus tomas no son nunca exageradas ni manipulativas, lo que hace que resalte mucho más el plano que muestra el automóvil atravesando una montaña oscura en la que brilla el símbolo en llamas de la hoz y el martillo que solía colocar Sendero.

Hay algo de vivencial, porque Chaclacayo era “zona roja”, y eran cosas que se veían, aunque no sé si yo lo vi personalmente. Tratamos de hacer la escena allí mismo y conseguimos los permisos municipales, pero al día siguiente, luego de dejar nuestros diseños -que eran enormes- en el lugar, vimos en la televisión una noticia que decía que la policía había desactivado una célula terrorista. Por suerte, teníamos a un camarógrafo haciendo un ‘making off’; no sé dónde hubiéramos terminado sin eso [risas]. Tuvimos que hacerlo en otra locación.

La escena viene musicalizada por “Es mi vida”, de Adamo, que no parece una selección predecible.

Sí, una cosa súper Festival de San Remo. Me encanta esa música; me parece muy alegre y me hace recordar a la infancia. Cuando le pedimos permiso a su hija, me enteré de que no era italiano, sino belga.

Las_malas_5La canción le da un sentido muy irónico a la escena, y la película entera maneja un gran sentido del humor, aunque sea a vez a través de la perspectiva oscura de Cayetana.

Es que eso es lo que me gusta. Antes de esto hice un corto, “Are You Feeling Lonely?”,  sobre un hindú que trabaja en una morgue y hace llamadas de los más raras a las viudas. Mi estilo es así, más negro, pero cuando lo trasladas a un personaje infantil, no puedes hacerlo tan negro [risas]. Hubiera sido demasiado ácido. Traté de lograr un balance que hiciera que el espectador se acercara y se distanciara permanentemente de Cayetana.

Bueno, pero de todos modos, la niña tiene unas tendencias oscuras, medio autodestructivas…

¿Por qué no? La muerte es tan interesante… [risas]. La base de todo, como ya dije antes, era trabajar la historia usando fechas de expiración, de llegadas, que pueden ser tanto la del hermanito como la de Sendero.

Fátima Buntinx está increíble como Cayetana. ¿Cómo fue trabajar con ella, ya que era una debutante?

Fátima tiene mucho rango, pero no había actuado nunca. Había estado sólo en un casting, pero la habían rechazado; eso es lo que me gustó e ella [risas], porque en esa clase de eventos, las niñas llegan con un chip en la cabeza, dispuestas a sonreír y a sobreactuar todo el tiempo. El problema es que sólo tenía 7 años; pero una semana después me llamó y me dijo: “por si acaso, ya cumplí 8”. En realidad, la culpa fue mía, porque pensaba que a los 9 las niñas peruanas eran todavía muy ‘naives’, cuando ahora ya no es así.

Yo buscaba mucha frescura, y ella lo hacía muy bien en la primera y en la segunda toma, porque llegó al rodaje con el 60% de los diálogos aprendidos; pero después se aburría y la cosa se volvía para ella una tortura china. A final, terminamos usando sólo las primera tomas, lo que es una locura; pero nos ayudó muchísimo usar la RED, porque podíamos saber si había quedado bien. Sólo usamos una segunda unidad en un par de escenas.

Hay algunos elementos que parecen referirse a piezas literarias o cinematográficas, como la amistad de Cayetana con Jimena, una niña enfermiza, que recuerda a la primera parte de la novela “Jane Eyre”; o el chofer negro, que remite quizás a la película “Driving Miss Daisy”.

Pero lo de la niña es algo completamente personal, porque es un homenaje a María Jimena Pinilla, una tía mía que era periodista y murió en el 2006 debido a un problema inmunológico. Lo del chofer tiene que ver con el actor que elegimos, Melchor Gorrochátegui, que ni siquiera sabía manejar -tuvimos que enseñarle-, pero que me daba una sensación de paz y de tranquilidad que era perfecta para el personaje. Veo siempre películas y agarro cositas de aquí y de allá para la parte visual, pero no siento que haya tenido una influencia directa en el plano del guión. Hay una película rusa, “El regreso” [“Vozvrashchenie”, 2003], que habla sobre un padre que retorna a su pueblo, y que me encantó por su uso desaturado del color, algo que yo también quería emplear.

El Perú se encuentra ahora mismo en un momento muy interesante, con el inminente inicio de un gobierno que ha prometido combatir las profundas desigualdades sociales que parecen ser ya parte de la tradición nacional. Tu película se estrena por allá en octubre, después de la toma de poder. ¿Cómo crees que será la reacción?

Cuando hice esta película, me di cuenta de que era momento de pasar la página. Ahora, vamos a ver cómo nos va con Ollanta. Yo, por mi lado, tengo muchas expectativas con la película. Por lo pronto, hay una sensación de que el cine va a ser muy bien considerado, incluso como patrimonio nacional.

 

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