Entrevista a CHRIS WEITZ, director de “A BETTER LIFE”
Texto y foto principal: Sergio Burstein

“Estoy tratando de aprender con un profesor peruano, pero todavía me falta mucho”, fue lo primero que dijo, en nuestro idioma y de manera cautelosa, cuando los cuatro periodistas latinos que se encontraban en la mesa redonda trataron de convencerlo para hacer la entrevista en español.
Lo importante es que Chris Weitz (que terminó respondiendo todo en inglés) está intentando, y no sólo con la lengua de nuestra comunidad, sino también con los problemas que atraviesan muchos de sus integrantes ante la falta de documentos legales y la incertidumbre que esto ocasiona.
Esa es una de las motivaciones posibles para explicar que haya aceptado dirigir “A Better Life”, una película que se encuentra ya en cartelera en Los Angeles y Nueva York (vean nuestros comentarios sobre ella en la sección de Reseñas), pero que se estrena a nivel nacional este viernes, y que cuenta la historia de un abnegado jardinero ‘sin papeles’ (interpretado por Demián Bichir) que hace todo lo posible para mantener y educar a un hijo adolescente (José Julián) que se encuentra en peligro de integrarse a una pandilla.
Antes de hacer este filme, Weitz (que luce completamente anglosajón, pero tiene una abuela mexicana que fue actriz) se había encargado de proyectos tan comerciales y tan anglosajones como “The Twilight Saga: New Moon”, “The Golden Compass” y hasta la primera “American Pie”, que co-dirigió con su hermano Paul. Este insólito cambio de ruta merecía ser tratado en la primera pregunta de la velada, planteada por el reportero de MANGANZON.
¿Cómo pasaste de hacer una película de la serie “Twilight” a un drama pequeño e intimista sobre la inmigración indocumentada?
Me gusta cambiar de género entre película y película, porque me aburro fácilmente [risas]. No quiero hacer lo mismo dos veces, si es posible. De todos modos, hasta la película de “Twilight” tenía algo íntimo, porque trata sobre una chica y dos chicos que están enamorados de ella, aunque tenga alrededor un marco inmenso de grandes efectos especiales, mientras que esta película es sobre la relación de un padre y un hijo y el modo en que empiezan a conocerse. Hago lo que siento que tengo hacer; hay guiones que me llegan y que me hacen pensar: “Si no lo hago, me arrepentiré el resto de mi vida”, y eso fue lo que me pasó con esto. No tomé una decisión consciente para hacer algo más pequeño, pero fue muy agradable dejar de lado las pantallas verdes, los animales parlantes y las criaturas mágicas, aunque la verdad es que “A Better Life” sí tiene un poco de CGI, porque hay una escena en la que Demián Bichir sube a la copa de un árbol, y no podía mandarlo arriba sin un arnés que lo protegiera en caso de que se cayera. En realidad, esta película tiene 80 efectos especiales, cosas que no se notan y que tienen que ver con borrar algunos elementos que no quieres que se vean en la pantalla.
¿Cómo fue el trabajo con los diálogos en español, que suenan muy realistas? ¿Estaba todo en el papel, o se hizo con los actores?
Los diálogos en español ya estaban escritos en español, pero no tenían la forma coloquial ni los modismos que necesitaban. Le dije a Demián y a Joaquín [Cosio, otro de los actores mexicanos de la película] que tenían que decirlos del modo en que los dirían sus personajes, porque el español de México es muy particular, con palabras que se cortan y que resultan a veces difíciles de entender. Confié mucho en los actores para esta parte, porque estaban muy comprometidos con sus personajes, y sabía que lo iban a hacer del mejor modo posible. Yo entendía lo que decían en el guión, pero no lo que dijeron en el rodaje; ahora sí, porque he visto la película como quince veces. Hay muchos insultos; parece que los mexicanos no son capaces de hablar entre ellos sin decir malas palabras [risas], aunque lo hacen de manera afectuosa.
Pero el rating se mantuvo en PG-13…
Yo estaba un poco preocupado por eso, pero afortunadamente la junta de clasificación no le prestó atención al español [risas]. Es que los subtítulos en inglés no tienen los insultos.
¿Cuál es el mensaje principal de la película, si es que tiene uno?
Quisimos abrir una ventana a la vida de los indocumentados mexicanos en los Estados Unidos, para que la gente no los vea como estadísticas, sino como seres humanos. Si caminas una milla con los zapatos de alguien, es mucho más difícil que lo discrimines. El amor de un padre por su hijo es lo suficientemente grande como para que cualquiera que se encuentre en la posición del personaje de Demián haga lo que él hace para proteger a su familia, sea hispano, anglosajón o de cualquier otra cultura. Pero no creo que el foco de esta película se encuentre en el tema de la inmigración, sino en el proceso que atraviesan un padre y un hijo para aprender a comunicarse. Estoy consciente de que mucha gente lo verá a la luz de lo que está pasando ahora, pero para mí es una historia de familia que resulta realmente atemporal, porque nuestro productor trató de hacerla a lo largo de veinte años.
Es una situación que no ha cambiado ni va a cambiar hasta que la gente sea más honesta con ella, y esta película puede ser quizás un pequeño paso para la obtención de esa honestidad. Y, para nosotros, la honestidad tiene que incluir el modo en que viven, el miedo constante en el que se encuentran y el trabajo duro e intenso que desarrollan; creo que hasta un conservador puede salir de la película teniendo una idea más clara del tema, que no se limite a los números.
¿Cómo ha sido tu relación personal con tu legado mexicano?
Mi madre habla el español de manera fluida y crecí con mucho español a mi lado, pero mi hogar era monolingue, lo que es lamentable, porque mi padre hablaba alemán, lo que podría haber hecho que yo aprendiera tres idiomas. Crecí en los 70s, y en esa época, los padres inmigrantes creían firmemente que tenían que proteger a sus hijos haciendo que sólo hablaran la lengua de la cultura dominante. Las actitudes al respecto están cambiando; yo quiero por ejemplo que mi hijo sea educado en una escuela que tenga un programa de inmersión en español, y estoy tratando de aprender el idioma lo más rápido que sea posible.
Esta película me dio la oportunidad de empezar a hacerlo, porque aparte de los actores, el director de fotografía -Javier Aguirresarobe- es español, y muchos de los integrantes del equipo técnico eran puertorriqueños y méxico-americanos. Si pretendíamos llegar a los barrios en los que filmamos con algún sentido del respeto, teníamos que hacerlo con el idioma español a la mano; es decir, puedes llegar al Este de Los Angeles con un montón de dinero y muchos guardaespaldas, o puedes tratar de establecer lazos con la comunidad, que es lo que queríamos.
Lo primero para mí fue hablar con el padre Gregory Boyle, que maneja Homeboy Industries, una organización que ayuda a la rehabilitación de pandilleros. Su asistente es Héctor Verdugo, un ex pandillero que ha hecho cosas muy buenas para su comunidad, y cuya ayuda fue muy importante para que la gente confiara en nosotros, aunque no pudimos evitar la sensación de circo que se genera cuando se filma una película.
Tengo la impresión de que todas las películas que dirigiste antes de ésta estaban completamente centradas en personajes blancos. ¿Cómo llegaste a un punto de tu carrera que te llevó a hacer una película que, se diga lo que se diga, muestra simpatía por un indocumentado latino?
El personaje de Demián es un buen hombre, por lo que la simpatía que despierta en el público era inevitable. Los nombres pueden ser engañosos; el guionista de este filme, Eric Eason, tiene uno de lo más ‘anglo’, pero vive en Buenos Aires e hizo antes una película llamada “Manito”, que se desarrollaba en la comunidad latina de Nueva York. Yo mismo soy un ‘anglo’, pero con raíces mexicanas y un enorme deseo de recuperar lo que he perdido por no haber tenido todo el acceso a esta cultura que debí tener durante mi infancia. De algún modo, eso es lo que le ocurre al personaje interpretado por José Julián, que se ha separado de su origen.
Sería muy importante que esta película abriera los ojos de la audiencia anglosajona, porque la gente tiene que saber más sobre la vida de los que se están encargando de sus niños, de sus jardines y de sus mesas en los restaurantes; pero me encantaría que la vieran también los méxico-americanos, porque es además un tributo a las familias trabajadoras, sobre todo las inmigrantes, y los sacrificios que hacen para darle a sus hijos una vida mejor.
Los grandes estudios de cine subestiman al público latino; saben que éste compra más entradas que nadie, pero creen que sólo lo hace para “Transformers” y “Fast & Furious 5”. Sería trágico para mí que esta película no llegara a la comunidad hispana, porque eso le quitaría la mitad del sentido que busca. Pero estamos tratando; hablaré en el Concejo Nacional de la Raza en julio, y estamos haciendo mucho trabajo de promoción en lugares como Arizona y Texas.
Uno de los aspectos más importantes de esta película es que ha sido dirigida por un cineasta que ha estado muy metido en el cine comercial. Leí que estuviste muy disgustado con ciertas restricciones que te impuso el estudio cuando hiciste “The Golden Compass”; ¿fue eso lo que te llevó a buscar un proyecto independiente? ¿Ya no te interesa el cine comercial?
Quiero que éste sea un filme comercial, porque me interesa mucho el aspecto masivo del entretenimiento. Mi mayor decepción en “The Golden Compass” fue que yo estaba muy interesado en los detalles, y una parte de ellos se relacionaban al hecho de que la historia original tiene un contenido controvertido que no me dejaron utilizar. Para mí, todo se encuentra en los detalles; casi me convierto en un académico cuando era más joven, y para mí, los buenos resultados se obtienen cuando estudias mucho y haces bien tu tarea. En este caso, [el estudio] Summit se comportó de manera increíble, y nos dejó intentar un nivel de autenticidad que esperamos se note en la pantalla.
“A Better Life” trata de darle un rostro humano a los inmigrantes latinos mientras que John McCain trata de darles un aire diabólico, acusándolos ahora de los incendios en Arizona.
Es ridículo. Pero no tengo ni siquiera que tener un punto de vista político para decirlo. No entiendo lo que ha pasado con él, porque solía ser una voz razonable en la derecha con respecto a los asuntos de inmigración. No sé a lo que quiere llegar. Una cosa es decir que necesitamos discutir seriamente el tema y otra cosa es tratar de satanizar a una comunidad entera.













