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Jul
23

LALIFF 2011: Entrevista a Matías Bize, director de “LA VIDA DE LOS PECES”

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Con sólo 32 años de edad, Matías Bize es ya un verdadero veterano del cine chileno contemporáneo, si es que la definición tiene sentido. Y es que, a esta temprana altura de su carrera, cuenta con cuatro largometrajes en su curriculum, incluyendo a “En la cama”, un impresionante drama intimista sobre relaciones de pareja que recibió 35 premios internacionales.

“La vida de los peces”, su proyecto más reciente, puede correr incluso una mejor suerte. Hasta el momento, el galardón más importante que ha recibido no resulta nada despreciable, puesto que se trata del premio a la Mejor Película Extranjera de Habla Hispana en la aclamada ceremonia de los Goya, organizada por las Artes  y las Ciencias Cinematográficas de España.

Además, el filme ha venido recorriendo con gran fortuna el circuito de festivales en el mundo entero, y se exhibe hoy a las 5.30 pm en el Teatro Egipcio (6712 Hollywood Blvd., Hollywood, CA 90028), como parte de la penúltima jornada del Festival Internacional de Cine Latino de Los Angeles (LALIFF).

“La vida de los peces” tiene como protagonista a Andrés (Santiago Cabrera), un chileno que ha pasado los últimos diez años en Berlín, y que regresa a su país con la intención de cerrar definitivamente un importante ciclo de su existencia antes de asentarse por completo en el extranjero. Pero, al asistir a la fiesta de cumpleaños de uno de sus amigos, se enfrenta a una serie de situaciones emocionales que incluyen un inesperado reencuentro con Beatriz (Blanca Lewin), el amor de su vida.lvp2

La proyección de esta tarde contará con la asistencia de Bize, que se encuentra desde hace unos días en el Sur de California, y que tuvo la gentileza de concederle a MANGANZON una extensa entrevista que se encuentra aquí reproducida.

Ya has hecho cuatro largometrajes; ¿qué es lo que has aprendido en el proceso?

He ido creciendo como director, porque ésta es la película que más me gusta de todas las que he hecho; siento que lo que aprendí con las anteriores se refleja aquí. Pero “La vida de los peces” está completamente rodada con cámara en mano, por supuesto; lo que más me interesa es contar las historias de la manera más honesta y sencilla que sea posible, usando un buen guión y unas buenas actuaciones que logren emocionar a los espectadores. Me gustaría que no se trate sólo de una hora y media de disfrute, sino que sea algo que permanezca, que genere una reflexión posterior.

Estudiaste en la Escuela de Cine de Chile, y se sabe que en Latinoamérica se intenta siempre que los estudiantes de esta profesión tengan muy en cuenta la posibilidad de desarrollar proyectos simples que resulten económicos. Tú pareces haber seguido de cerca esos conceptos, porque tus cuatro películas se han hecho en una sola locación y con cámara en mano, ¿verdad?

Sí; no he tocado un trípode en toda mi carrera. Me gusta que los personajes se muevan libremente y que la cámara los siga. Hay mucho ensayo, mucha preparación, pero busco que la cámara respire, aunque trato de que sus movimientos sean suaves, para no distraer al espectador. Después de lo que pasó con “En la cama”, me llegaron propuestas para cosas más grandes, pero lo que me interesa finalmente es contar una historia que conmueva y que venga desde la verdad, que sea cercana a mí y a las experiencias de mis amigos. Son películas que pueden parecer pequeñas desde el punto de vista de la producción, pero que involucran un extenso trabajo de guión, porque colocamos mucha energía en la parte narrativa. Trato de eliminar los elementos accesorios para concentrarme en los aspectos más importantes de la historia.

“La vida de los peces” parte de una perspectiva muy personal, porque habla de un chileno que regresa temporalmente a su patria y se encuentra en una fiesta en la que tiene muchas conversaciones con sus compatriotas, llenas todas de modismos y del acento distintivo de la zona. Pero, curiosamente, el tema termina siendo de lo más universal.

Siempre empiezo las historias de un modo muy personal, muy mío, y siento que eso es lo que me permite darles un toque universal. Tenemos la suerte de que “La vida de los peces” está siendo vendida por casi todo el mundo; ha pasado por cerca de cincuenta festivales y tiene muchos premios, y esperamos que se pueda distribuir también en los Estados Unidos. Ya hay varias compañías interesadas, pero todavía no hay nada concreto.

Lo primero que hago al iniciar un proyecto es tratar de que la película me conmueva, porque soy su primer espectador; si eso funciona, conectará probablemente con muchos más. Además, todos los que hayan tenido una relación de pareja o un reencuentro, como en el caso de “La vida de los peces”, se sentirán identificados con la historia.

mat_Esta idea del retorno a la patria tras varios años de ausencia puede tocar una fibra emocional muy fuerte en los inmigrantes que viven en este país. ¿Cuál es tu experiencia con el tema?

Nunca me ha tocado de una manera tan fuerte, aunque he viajado mucho para promover mis películas; ha habido años en los que he estado más afuera que dentro de Chile. Vuelvo a mi país todo el tiempo, y éste es un tema que me interesaba. No me inspiré en ningún caso específico de la vida real, pero sí fue muy importante tener como actor principal a Santiago Cabrera [de la teleserie “Heroes”], que vive en Los Angeles desde hace más de 10 años. Eso le permitió conectarse mucho con Andrés; de hecho, llegó al rodaje y empezó a vivir de inmediato muchas de las emociones del personaje. Por supuesto, lo elegí también porque es un actor tremendo, y apenas lo conocí, hubo un ‘feeling’ muy bueno con él, algo que es necesario para desarrollar un buen trabajo.

Trabajaste nuevamente con Blanca Lewin, que ha estado en tres de tus cuatro largos.

La Blanca es una tremenda actriz. Ya somos grandes amigos, y cada vez que tengo un nuevo proyecto, pienso en ella de manera natural. Nos conocemos muy bien, y eso nos permite llegar rápidamente a un nivel de trabajo profundo. Siento también que hemos crecido juntos.

¿Filmaste en orden cronológico?

Sí, y eso nos ayudó mucho, porque toda la carga dramática que se presenta al final de la película fue la misma que se desarrolló entre los actores. Es algo que intento hacer siempre cuando ruedo.

Una de las escenas más emblemáticas de la película es la que muestra a Andrés y a Beatriz frente a una pecera, entablando un diálogo que los acerca y los distancia constantemente. En un momento dado, Andrés pregunta: “¿A quién le importa la vida de los otros?” Lo curioso es que a ti parece importarte mucho, como lo prueba el tono profundamente íntimo de las conversaciones que se dan en la película. Es como si estuviéramos espiando a estos personajes en medio de su privacidad…

Uno se siente como si fuera un ‘voyeurista’; es por eso que la película está filmada de un modo tan cercano y que el sonido es también tan cercano. No escuchamos casi la música de la fiesta, porque nos mantenemos con la música interna de los personajes. Estamos metidos donde no debemos estar, y eso a veces incomoda, pero hace también que el espectador repase su propia vida. Muchas personas que han visto la película no me han hablado de ella, sino de sus experiencias. Es muy lindo que la gente se sienta reflejada en ella.

¿Cómo manejaste el tono dramático del guión? Porque éste es un drama cargado de nostalgia, pero también tiene mucho sentido del humor…

Sí, hay tres o cuatro momentos en los que la audiencia se ríe mucho. Pero siempre se retoma el tema principal, que es el reencuentro del personaje con su mundo y con el amor, lo que hace que tire hacia el drama. La idea era que tuviera un tono muy real, muy verídico, para que todos los que la vean sientan que están en esa fiesta, o que podría tratarse de la fiesta de unos amigos tuyos.lvp1

¿Hasta dónde llegó el realismo en la escena en la que Andrés se encuentra con dos chicas que se han metido hongos psicodélicos? Parecen estar realmente ‘elevadas’…

[risas] Son muy buenas actrices; no hicimos ninguna locura durante el rodaje. Fue un trabajo muy serio, y lo enfocamos siempre de ese modo.

Has hecho todos tus filmes con cámaras digitales. ¿Responde eso a una cuestión monetaria o estética?

Las dos cosas. Me gusta tener mucho material, y para hacerlo, lo mejor es rodar en digital. En este caso, empleé dos cámaras, como lo hice también en mi segunda y en mi tercera película. Pero me parece que “La vida de los peces” representa un salto en cuestiones visuales, porque trabajé con Bárbara Alvarez, una directora de fotografía uruguaya que ha hecho películas tan buenas como “Whisky” y “La mujer sin cabeza”. Aunque la película sucede en una sola casa, en una sola fiesta y en una sola noche, hay una fuerte preocupación visual, porque quería que el planteamiento de las imágenes resultara también atractivo.

¿Cuáles son tus influencias?

Me gustan muchos directores, sobre todo del cine independiente, pero me gustan también mucho el teatro y la música. Tomo cosas de distintas disciplinas, pero trato de que las historias vengan de súper adentro. Para “La vida de los peces”, no recuerdo haber visto nada específico; pero te puedo decir que me encantan “Ojos bien cerrados” [“Eyes Wide Shut”] de [Stanley] Kubrick; la directora catalana Isabel Coixet; Wong Kar-Wai; Jim Jarmusch; Sofia Coppola… distintas cosas de distintos lados.

Llevas ya cerca de un año promocionando “La vida de los peces”; no has tenido probablemente mucho tiempo para escribir un nuevo guión, ¿verdad?

Exactamente. Pero es lo que tengo ganas de hacer ahora, porque a la película le ha ido muy bien. Me gustaría hacer algo parecido, una historia que me resulte muy personal y que me den ganas de ver. No me molesta filmar en cualquier lado; podría ser en Estados Unidos, en España [NR: donde rodó su tercera película, “Lo bueno de llorar”] o en Chile, pero siempre y cuando pueda hacer el cine que me gusta.