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Sep
02

Entrevista con LUDIVINE SAGNIER, de “LOVE CRIME”

Texto: Sergio Burstein

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Aunque ya tenía en su haber varios títulos cinematográficos cuando se le encomendó este proyecto, Ludivine Sagnier se hizo realmente conocida nivel internacional tras su participación en “Swimming Pool” (2003), un filme del celebrado cineasta parisino François Ozon que la encontró en un papel tan sensual como misterioso.

El carácter polémico de la cinta -debido sobre todo a la promiscuidad extrema del personaje de Sagnier y a sus escenas de desnudos- marcó sin duda el derrotero artístico de la actriz, que empezó a recibir papeles semejantes y se negó por ello a meterse de lleno en una industria hollywoodense que parecía encontrarse obsesionada con el citado papel.

De eso modo, la guapa mujer –que ha actuado desde que tenía 10 años- siguió afincada en el cine europeo, actuando para directores de la talla de Alfonso Cuarón (en uno de los fragmentos del filme colectivo “Paris, je t’aime”), Claude Chabrol (“A Girl Cut in Two”) y Jean-François Richet (“Mesrine”).

Pero el motivo de la mesa redonda en la que participó MANGANZON era la promoción de “Love Crime” (“Crime d’amour”), un intenso ‘thriller’ sobre relaciones laborales en el que Sagnier se enfrenta al maquiavélico personaje interpretado por la reconocida actriz británica Kristin Scott-Thomas (“Bitter Moon”, “Four Weddings and a Funeral”).

“Love Crime” -que se estrena hoy en Los Angeles-fue el último trabajo hecho por el legendario cineasta Alain Corneau (“Tous les matins du monde”, “Fear and Trembling”), fallecido en agosto del 2010. Recientemente, nuestra entrevistada se animó a participar en una co-producción entre Bélgica y Estados Unidos, “The Devil’s Double”, una suerte de “Scarface” ambientada en Irak que la encontró interpretando a la novia del hijo de Saddam Hussein. Había, por lo tanto, mucho que conversar.

Love_posterTu personaje en “Love Crime” tiene a una jefa implacable [Scott-Thomas]. ¿Qué nos puedes decir de esta curiosa interacción?

Creo que las empresas corporativas se encuentran empujando demasiado los límites de sus intereses comerciales, hasta el punto de que están ignorando a los individuos y llevándolos a tomar decisiones desquiciadas. Mientras filmábamos la película, se dio en Francia una ola de suicidios en una gran compañía nacional debido al exceso de presión que se ponía sobre los trabajadores. Fue bastante escalofriante ver el modo en que una empresa puede destruir tu vida, aunque eso hizo que nuestra historia luciera incluso más realista.

Esta película te llevó a atravesar muchas emociones distintas: tu personaje empieza como una chica muy inocente, que quiere hacer las cosas bien en el trabajo, pero que poco a poco se va trastornando, hasta llegar a una escena en la que sufre un ataque de histeria en medio de un estacionamiento. ¿Cómo se desarrolló la transición? ¿Trabajaste con Corneau en ella?

En esta película, hubo un interés muy particular en lo que respecta a la continuidad, para lograr que todo se desarrolla de manera orgánica. Alain Corneau no era un tipo sentimental, es decir, no pasaba mucho tiempo hablando contigo sobre cuestiones psicológicas. Era una persona muy cálida fuera del set, pero me dirigió de una manera muy fría, casi marcial; era como si estuviéramos en una guerra y yo fuera un soldado que tenía que obedecer sus órdenes. Parecía que estábamos haciendo modelos a escala, miniaturas preciosistas y meticulosas.

¿Cómo lograste entonces esos picos emocionales? ¿Te basaste en experiencias personales, o se encontraba todo en el guión?

No sé si lo que voy a decir va a sonar bien, pero no es asunto tuyo [pausa y risas]. No lo tomes tan en serio, por favor; lo que pasa es que estos procesos son muy personales. Lo que puedo revelar es que, cuando estaba en mis 20s, pensaba que tenía que sufrir un ataque nervioso si quería interpretar uno, y que era una actriz limitada porque no había sufrido lo suficiente como para poder encarnar a todos los personajes sufrientes del mundo. Pero luego me di cuenta de que podía hacerlo si apelaba a mis sentimientos internos. Para meterte en la piel de un personaje a lo largo de dos meses, tienes que enfrentarte también a tus propios dramas; pero me acostumbré a emplear herramientas técnicas para no desmoronarme por completo en cada trabajo que hago, porque de otro modo, sería una alcohólica o una drogadicta.

Tenemos entendido que tuviste que hacer sola muchas de tus escenas, por cuestiones relacionadas a la disponibilidad de Kristin. ¿Cómo fue eso?

Fue muy frustrante. He aprendido con la experiencia que un actor no es nadie cuando no tiene a un compañero; la mayor parte de tu energía proviene del que se encuentra a tu lado. Hicimos primero las escenas con Kristin, porque ella tenía que participar en otro rodaje, y fue por eso que, luego de tres semanas, me encontré sola en el set. Eso se convirtió en realidad en una capa más para mis cuestiones internas; fue extenuante. Cuando Alain Corneau escribió la película, ya tenía en mente la banda sonora, que estaba encabezada  por una pieza de free jazz escrita por el músico estadounidense  Pharoah Sander. La escuché todo el tiempo. No sé si han notado su empleo en la película, porque es muy sutil; pero es un tema muy etéreo, que te hace sentir como si estuvieras bajo el efecto de pastillas relajantes, lo que me ayudó a experimentar la soledad de este personaje.

La relación entre tu personaje y el de Kristin empieza como un acto de complicidad, incluso con ciertos tintes eróticos, pero poco a poco, ambas se van convirtiendo en las peores enemigas.

Sí; hay un deseo entre ellas que no se confiesa y que tiene que ver con el drama que viene después. Al inicio, pensé que iba a haber tensión entre Kristin y yo, pero me sorprendió mucho ver que se trataba de una persona extremadamente juguetona y relajada. No nos tomamos las cosas con demasiada seriedad; nos encantó odiarnos, pero una vez que se acababa la toma, soltábamos la risa.

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¿Cómo estaba Corneau durante el rodaje? Porque falleció pocos meses después de terminarlo…

El no sabía que estaba enfermo durante la filmación; se enteró recién cuando estaba editando la película, por lo que tuvo que contar con la ayuda de otros para concluir esa parte. Creo que tuve mucha suerte por poder participar en su proyecto final; fue difícil, porque durante el mismo mes en que él falleció, lo hizo Claude Chabrol, con quien trabajé también en una de sus últimas películas. Algunos amigos míos empezaron a decirme que yo era el ángel de la muerte del cine francés. Ahora le pido a los directores con los que trabajo que se hagan un examen médico antes de colaborar conmigo [risas]. En realidad, es muy bueno poder ser parte de la historia de la gente que admiras; Alain Corneau fue una gran persona y un gran director, y me siento muy orgullosa por haberme cruzado en su camino. Pero “Love Crime” no debió haber sido su último filme; él no lo había planeado así.

Acabas de estar en las pantallas estadounidenses gracias a “The Devil’s Double”, que tiene a varios personajes inspirados en seres humanos de la vida real. ¿El tuyo también lo fue?

No puedo saberlo realmente, porque no quedaron testigos de los hechos; todos los que estaban en el entorno de Saddam Hussein fueron ejecutados. El único que pudo contar la historia fue Latif Yahia, es decir, “el doble del Diablo”. El pudo reinventar la historia real a su antojo, y nadie más sabrá la verdad. Hablé con él antes de interpretar al personaje, pero eso no quiere decir que no estuviera mintiendo.

No sé si estas son declaraciones tuyas muy antiguas, pero leí en algún lado que no querías hacer nada en Hollywood, y “The Devil’s Double” parece indicar lo contrario.

Eso pasó luego de “Swimming Pool”, porque esa película me dio mucha atención, y todo el mundo me veía como la mujer sexy que se encontraba al lado de la piscina. Para mí, fue un trabajo de composición, pero creyeron que era la siguiente ‘bimbo’ del cine, y las ofertas que me ofrecían no me interesaban. Quería encontrar desafíos, no refugiarme en Hollywood. Tenía también miedo de llegar demasiado lejos en un momento todavía temprano de mi carrera. Tuve dos hijos y senté cabeza; creo que ahora confío mucho más en mí misma, que tengo más los pies sobre la tierra.Love4

Antes de “Swimming Pool”, habías hecho ya varias escenas de desnudos en el cine francés. Tu personaje en “Love Crime” participa en un par de secuencias sexuales, pero aparece siempre cubierta. ¿Fue decisión tuya, ahora que eres madre? ¿O dependió de Corneau, al que parece que no le gustaban esa clase de exhibiciones?

Se debió a que no hubiera tenido sentido hacerlo de otro modo en esta historia. Yo me he expuesto [físicamente] cuando importaba para el desarrollo de la trama. “Swimming Pool” trataba sobre la fantasía, sobre esta criatura rubia que se paseaba por todos lados sin prejuicios, por lo que hacerlo resultaba completamente razonable. No soy una exhibicionista; es suficientemente duro mostrarse de ese modo como para hacerlo gratuitamente.

En esta película y en otras, como “The Devil’s Double”, haces papeles de mujeres jóvenes y sin hijos. ¿Cómo se ha visto afectada tu carrera debido a la maternidad?

No sé si va a sonar muy original decirlo, pero ser madre te hace a la vez fuerte y vulnerable. Cuando no tienes hijos, no tienes nada que perder; pero cuando los tienes, hay tanto un sentido de peligro como la certeza de que tu trabajo no es más la prioridad. La vida real es mejor que el cine. Siento una sensibilidad distinta, pero no sé si mi forma de elegir papeles se ha visto afectada. Por supuesto, he rechazado una oferta para hacer de adolescente, porque me encuentro buscando nuevos desafíos, cosas que me hagan entender mejor quién soy y cómo funcionan nuestras vidas.

¿En qué estás trabajando ahora?

Estoy esperando el estreno de “Les bien-aimés”, un musical que hice al lado de Catherine Deneuve. Lo exhibimos durante la ceremonia de cierre del Festival de Cannes de este año.

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