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Mar
06

Presentación de “The Roots of Chicha 2” en L.A.

Escrito por Sergio Burstein

Por: Sergio Burstein

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Cuando fue invitado a organizar la presentación del nuevo disco de chicha de la disquera neoyorquina Barbes, Renzo Revelli -conocido por el sobrenombre artístico Renz de Madrugada- no tuvo que pensarlo dos veces antes de aceptar.

Y es que no se trataba sólo de la ocasión perfecta para agradecer el trabajo hecho por Olivier Conan (un francés trasplantado a los Estados Unidos que ha publicado ya varios trabajos relacionados al citado género musical peruano), sino que era también una excelente manera de difundir sus talentos como DJ.

“Empecé coleccionando discos de jazz, blues y funk americano, pero poco a poco comencé a interesarme más en mi cultura y en sus expresiones menos difundidas, como las raíces del ‘afro’ y de la cumbia”, dice el joven inmigrante limeño, que se mudó al Sur de California en 1991 y que, diez años después, fundó Listen Recovery, un colectivo de ocho DJs latinos en el que milita también su hermano Ricardo, alias Rich Spirit.

A pesar de que Los Angeles no es la ciudad que ostenta la mayor población peruana en los Estados Unidos, Ravelli piensa que los amantes de la música en esta parte del mundo muestran una apertura de gustos que no se encuentra en otros lados. “Además, fuera  de su carácter bailable, la chicha tiene un fuerte componente psicodélico, y eso es algo que vuelve locos a los californianos”, asegura.

Para los dos hermanos, era realmente importante promocionar de la mejor forma posible este evento de lanzamiento, realizado en el espacioso y acogedor club La Fonda, en pleno centro de Los Angeles. No lo hicieron nada mal; días antes de la celebración, el prestigioso semanario L.A. Weekly -publicado en inglés- presentó una extensa entrevista con él, y la noche de lanzamiento contó con la asistencia de José Luis Carballo, fundador de la legendaria agrupación Chacalón y la Nueva Crema.

Chicha_DosEl guitarrista, arreglista y compositor vive desde hace casi dos décadas en el Este de Los Angeles, uno de los barrios más populares de la ciudad (y epicentro de la cultura chicana). Durante sus primeros años como inmigrante, tuvo que adaptarse a los gustos musicales de la audiencia local, de origen mexicano y centroamericano; pero no ha dejado la cumbia, y la sigue practicando con La Mermelada, un grupo en el que comparte filas con otro compatriota.

Al veterano maestro no parecen importarle demasiado las discusiones que se han hecho para distinguir a la cumbia peruana de la chicha (relacionadas mayormente a cuestiones geográficas y de época), porque considera que el segundo término tuvo un origen despectivo.

“De todos modos, ahora no me molesta que me digan chichero, a pesar de que estudié en el Conservatorio [Nacional de Música] y de que puedo tocar también música clásica, valses, huaynos y rock”, nos reveló.

“Se dice que la gente en Perú se ha vuelto menos racista y que está más abierta [a este género] debido al éxito de Bareto; pero [ese grupo] simplemente está aprovechando lo que otros hicieron, porque no pasa nada con sus temas propios”, opinó sin reservas. “Para tocar chicha hay que vivir por lo menos veinte años en un pueblo joven y sentir las vivencias de los pobres”.

Sin embargo, el mismo Carvallo -que fue ovacionado varias veces por los asistentes a La Fonda- no tuvo problema alguno en subir al escenario del club para tocar la campana al lado de La Chamba, una joven e insólita agrupación angelina que proclama abiertamente su fidelidad a la chicha peruana, a pesar de que ninguno de sus integrantes tiene relaciones sanguíneas con nuestro país.

“Nacimos aquí, dentro de familias centroamericanas y mexicanas; yo, por ejemplo, soy hijo de un guatemalteco y de una mexicana”, nos dijo Jason Cepeda, el sencillo y carismático conguero y vocalista de la banda. “Mis padres siempre ponían en las fiestas los vinilos de Los Shapis, Juaneco y su Combo, Los Destellos y Los Mirlos; y como vivíamos en el Sur Centro [una de las zonas más ‘bravas’ de Los Angeles], esa música se convirtió para mí en un medio perfecto para expresar lo que significa crecer en un barrio pobre”.

La Chamba -que tiene un año de formada y espera grabar pronto su primer álbum- tocó de manera impecable ante un público que llenó el local y bailó sin pausa ni tregua. La banda interpretó varias piezas originales, de temática social, y algunos ‘covers’ de Los Diablos Rojos y Compay Quinto.

“No hemos ido todavía a Perú, pero estamos dedicados a honrar su cultura, porque consideramos que es muy valiosa y que merece mucho más respeto del que tiene”, precisó Cepeda. “Nuestra meta es lograr que el 2001 sea el año de la chicha en Los Angeles”.

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