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Mar
16

FLASHBACK: Entrevista a BEBO VALDES (2005)

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

Bebo_en_NY

A los 87 años de edad recién cumplidos, Dionisio Ramón Emilio Valdés Amaro (Bebo para todo el mundo) sigue siendo considerado no sólo como uno de los mejores pianistas del mundo, sino como una verdadera leyenda viviente, comparable sólo al desaparecido Ernesto Lecuona, también cubano.

A pesar de su edad, el maestro se encuentra en plena actividad, grabando discos, ofreciendo conciertos (se acaba de confirmar su actuación en la próxima ceremonia del Grammy Latino) y creando música del más alto nivel, como la que se puede escuchar actualmente en Bebo de Cuba, un impresionante recorrido por los distintos estilos y ritmos de la isla que está siendo distribuido en este país por DLN.

Además, quienes quieran tener un acercamiento visual mayor a este genio de la música (ya que el citado álbum incluye un DVD donde se le ve durante el proceso de creación de la obra), pueden asistir en estos días al Festival Internacional de Cine Latino de Los Angeles, donde el mismo Bebo se convierte en protagonista del documental "El milagro de Candeal", dirigido por el reconocido cineasta español Fernando Trueba ("Belle Epoque", "Calle 54", "La niña de tus ojos").

Por lo pronto, y para no dejarlos más con la miel en los labios, les brindamos la larga entrevista que sostuvimos con el lúcido y locuaz pianista, director de orquesta, arreglista y compositor, la misma que se efectuó a través de una conexión telefónica con su hogar en la lejana ciudad de Estocolmo, en la que vive desde hace muchos años.

Bebo_y_Chucho

Usted salió del largo retiro en el que se encontraba en el 94, gracias a una invitación de Paquito D'Rivera para la grabación del disco Bebo Rides Again. Se supone que fue un favor para él, porque cuando le llegó la propuesta, Ud. no quería aceptarla. Pero desde entonces ha estado grabando mucho; ¿eso quiere decir que el éxito que tuvo ese álbum lo convenció de que era el momento de regresar?

 Nunca me retiré; no salía a tocar, pero seguía escribiendo música y arreglos. Cuando hago mis composiciones, las hago porque me gustan; si no las uso yo, quedarán para mis hijos. Paquito tenía las ideas, pero no los arreglos; el problema es que tuve que hacer todo para ese disco en 36 horas, y eso fue lo que me llevó a negarme al inicio, porque era muy duro. Hacía 34 años que no grababa, porque acá en Suiza no se me presentaba esa clase de ofertas; yo era un desconocido. Tocaba en un bar donde lo que les interesaba era la música internacional, americana y europea. Es que tuve que cambiar [de estilo] para mantener a mi familia.

La más reciente adición a su nuevo catálogo es el disco Bebo de Cuba, que acaba de ser lanzado en Estados Unidos. Es un trabajo doble donde se le escucha tocando maravillosamente. ¿Le cuesta trabajo hacerlo a estas alturas?

Los pianistas tienen un enemigo en común: el reuma o 'la triste'. Mientras uno no tenga eso, puede seguir tocando, y mejorar incluso con el paso del tiempo. Hay algunas cosas que se van yendo, como la memoria; pero hay otras que vienen con la experiencia. Sigo manteniendo mi estilo, pero creo que ahora tengo más variaciones, porque puedo meter a veces detalles clásicos; irme después por una rumba; tocar distintos tipos de boleros que he ido conociendo con los años, o experimentar de otro modo con el guaguancó. Cuando un ambiente se satura, hay que probar con otras cosas.

Bebo3Justo en la época en la que Ud. regresó al mercado discográfico, se dio todo el fenómeno de Buena Vista Social Club, que fue el mayor boom comercial que tuvo Cuba a nivel mundial despues de muchísimo tiempo ¿Cómo vio Ud. el proceso teniendo en cuenta que es un artista exiliado?

Cuando subió en Cuba el gobierno que sigue en el poder, dijeron que querían al “hombre nuevo” en todos los sentidos; que no era posible tener a gente con una mentalidad que estuviera en el pasado. La mayoría de estos muchachos tocaban conmigo, como Omara [Portuondo] o Ibrahim [Ferrer], que tenía unos falsetes muy lindos. Tuvieron que pasar 40 años para que llegara una persona de otro país e hiciera famosos a esos artistas. Eso fue un orgullo para mí y para todos los cubanos. Cuando yo hablo de música, no me refiero nunca a la política.

En los últimos meses han fallecido muchos de ellos… ¿qué sensación le genera eso?

La ley de la vida es así: se nace y se muere. Hay que aceptarlo. Casi todos los que tocaron conmigo al principio, entre ellos Luis Escalante, Gustavo Más, los hermanos Hernández y “El Negro” Vivar, están ya muertos. Como me dijo “Cachao” [López] hace unos días, quedamos sólo cinco o seis de esa generación. Yo sigo ahora en esto, pero no por el simple hecho de seguir, sino porque me produce satisfacción escribir y tocar. Cuando no estoy ante el público, toco en mi casa para mí mismo, y hago mis escalas y mis arpegios para mantenerme en forma. Cuando uno es músico muere con eso, y sigue en lo suyo hasta que el cuerpo lo permita; da la mismo que tengas 10 años o 100, porque lo harás aunque estés enfermo, hecho una basura. Es que esto es como un virus que no se va nunca.

¿Está de acuerdo con que no se deje entrar a artistas cubanos de la isla a Estados Unidos?

Ese problema empezó por otro lado. Cuando yo estaba en Cuba en el 59, si me agarraban con un dólar, me metían en la cárcel. Nosotros éramos una generación que no convenía; pero estos nuevos muchachos han nacido y se han educado en un régimen del que nosotros, los que nos fuimos primero, somos enemigos. Son cubanos que pueden ser parte de mi familia, y que buscan ganarse la vida; no debemos atacarlos, porque no tienen la culpa de que a ellos los hayan educado de esa manera y a mí de otra. Ese es el problema de los políticos, que no se dan cuenta de las diferencias.

Se supone que el paraíso de los exiliados cubanos es Miami, pero Ud. vive en Suiza.

Estuve un tiempo allá antes de venir a Europa. Lo que pasa es que en México trabajaba para Hispavox, donde le hacía los arreglos a [los cantantes chilenos] Monna Bell y Lucho Gatica; y de ahí me mandaron a trabajar a un festival en Madrid. Yo quería conocer Europa, porque tenía más de cuarenta años y nunca había estado allí. Luego llegué a Helsinski y conocí a la que es mi esposa, en el año 62. Cuando vino la crisis de los misiles, mis amigos cubanos me dijeron: “Olvídate de Cuba, ya no hay esperanza de volver; mejor cásate y quédate por aquí, que éste es un buen país”. Eso hice, y me salió muy bien, porque llevamos 42 años casados, y acá tengo hijos y nietos, así como mi casa y mi pensión. Si sigo trabajando es porque me gusta hacerlo, no por necesidad.

Parece raro que un músico cubano se sienta a gusto en un país tan frío.

El primer trabajo que tuve al llegar a Suiza, cuando sólo tenía pasaporte de refugiado político, fue en el Círculo Polar Artico y en invierno, cuando no hay sol. Pero cuando llegué me di cuenta de lo lindo que era ese lugar; le recomiendo que vaya. Es muy distinto a lo que se ve en otras partes del mundo. ¡Hacen un agujero en el mar congelado y se bañan allí! Dicen que es muy saludable.

Bebo_al_piano

“Bebo de Cuba” es un disco con un sabor muy tradicional, pero “Bebo Rides Again”, el del regreso, tenía incluso guitarra eléctrica, algo que definitivamente no estaba en la mira suya cuando hizo las grabaciones de los años 50.

Al inicio no usaba ninguna clase de guitarra, pero después me di cuenta de que podía servir para que no todo el show fuera de puro piano. Además, yo no escogí a los músicos en ese disco [Bebo Rides Again], sino que lo hizo Paquito. De todos modos, Carlos Emilio Morales [de Irakere] es un guitarrista divino, al que conocí en Cuba cuando él era muchacho. La idea para ese álbum fue poner músicos de los dos bandos.

A partir de ese momento, Ud. empezó a colaborar con algunos musicos que aún viven en la isla, incluyendo a su hijo Chucho; pero hay artistas del exilio que se niegan hasta a compartir un escenario con estas personas.

No trabajo con músicos que se hayan metido mucho en la política; pero hay otros que por vivir allí tienen que aceptar la situación, les guste o no les guste, y no se les pregunta sobre eso. El problema es el doble sentido y el doble cinismo: si a mí no me gusta el sistema de Cuba, ¿cómo es que le mando siempre algo a los familiares o a los amigos que están allá? Es que lo hacemos por amor hacia ellos.

Se sabe que Ud. dejó de ver durante mucho tiempo a su familia de allá, pero este resurgimiento musical le permitió incluso compartir un escenario con una nieta suya de 20 años, radicada en la isla, que aparentemente es una fabulosa pianista, ¿verdad?

Donde quiera que esté un hijo mío, seguirá siendo mi hijo; ahí no vale la política. Dejé de ver a Chucho durante dieciocho años, porque él no iba a los lugares a los que yo iba. Después del 78, empezó a ir a Estados Unidos todos los años. Tanto él como yo hicimos al lado de esa nieta un concierto a tres pianos en Tenerife. Y hace sólo unos días, para celebrar que yo cumplía 87 años y él 64, Chucho y yo dimos juntos un concierto de dos horas y media en España. Cuando yo me fui de Cuba, Chucho era mayor de edad; a los 16 años ya era un señor pianista, y tocaba en mi orquesta Sabor de Cuba. El empezó con el piano a los 4 años, y durante 10 tuvo como maestro a un profesional extraordinario que le dio toda la educación que yo no pude tener.

Hay una composicion en “Bebo de Cuba” que se llama Cachao, el creador del mambo, y que tiene un título que refuerza mucho la teoría suya de que 'Cachao' fue quien invento el mambo y no Pérez Prado, como creen muchos.

La gente se confunde: una cosa es triunfar internacionalmente, y otra es crear. Lo hizo 'Cachao' con su hermano; tenían incluso un danzón que se llamaba Mambo, donde más allá de darle nombre al género, desintegraron la estructura musical tradicional para darle una nueva forma. Eso pasó en los años 30, cuando nada de eso existía aún.

Siguiendo con las definiciones y las redifiniciones, sé que a Ud. no le gusta el nombre de Latin jazz, sino que prefiere el de AfroCuban jazz, ¿verdad?

Esto es cosa de negocios. En los 50s se decía 'música afrocubana', y ahora se la quiere conocer con unas denominaciones que no la distinguen realmente de lo que se hace en México u otras regiones del Caribe. En el año 28 existía ya una canción de Ignacio Piñeiro que se llamaba Echale salsita, dedicada a un señor que vendía longaniza cerca de Matanzas.

Bebo_y_TruebaDespués de Paquito, llegó a su vida el director de cine español Fernando Trueba, quien ha tenido también mucho que ver con la promoción de su carrera en los últimos años, empezando por la invitación que le hizo para la película Calle 54, pasando por Lágrimas negras -el disco con Diego “El Cigala”- y terminando no sólo con el documental El milagro de Candeal, sino también con este nuevo disco doble, del que fue productor.

Lo conocí en el 99, y empezamos a trabajar inmediatamente juntos. Aunque no lo diga, él también es músico; toca muy bien el saxofón y el clarinete. No me extrañó que siendo español se interesara en esta música, porque antes estuvieron figuras del mismo país como Enrique Madriguera y Albeniz. Hay muchos músicos españoles que han vivido en las Antillas. Oye bien esto que te voy a decir: un cubano es un ibero-afro, o un afro-ibero, porque Cuba fue colonizada por gente de todos los pueblos de España. Ellos trajeron esclavas negras, y así nacieron en Cuba miles de mulatos, porque no habían mujeres españolas. Todo allí es una mezcla.

El Festival Internacional de Cine Latino de Los Angeles nos va a dar la oportunidad de ver en estos días El milagro de Candeal, un documental filmado en Salvador de Bahía (Brasil) en el que Ud. tiene un papel muy importante. ¿Qué lo llevó a involucrarse en el proyecto?

Soy católico, pero una parte de mi familia es africana, al menos por parte de mi padre. Mi tía era santera, yoruba o como lo quieras llamar. Hace mucho tiempo me recomendaron que no dejara de ir a esa ciudad, porque las cosas están en estado puro por allá, al igual que en Africa. Fui por el trabajo con Trueba, pero también por una cuestión religiosa, porque cuando mi madre murió, no pude verla; pero cuando fui a este lugar, me encontré con una señora llamada Evangélica, a la que le dicen Mayamba, que era mi mamá. Y eso fue maravilloso.

Publicado originalmente en Cómo en L.A. magazine: www.comoenla.com