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May
19

Entrevista con Lamine Fellah, de SARAZINO

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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El nombre de su banda se refiere al modo despectivo en el que los franceses llaman a los inmigrantes algerianos que viven en ese país y, en ese sentido, se parece al “sudaca” con el que los españoles definen a ciertos latinoamericanos. Pero, en el fondo, Sarazino es un proyecto que le demuestra a los intolerantes que la unión hace la fuerza, porque más allá de que su base es el reggae en español, practica un estilo que trasciende géneros y fronteras para ponerse al frente de lo que su mentor principal describe como “una fiesta global”.

Este mentor es Lamine Fellah, un artista con una trayectoria de vida especialmente interesante, porque además de haberse enfrentado a una tragedia familiar que se detalla más adelante, nació en Argelia, pero, debido al trabajo de sus padres –que eran diplomáticos-, vivió en España (“donde aprendí el español”, nos cuenta), Suiza (“donde aprendí lo que es el racismo”), Burkina Faso, Burundi y Canadá, antes de afincarse finalmente en la capital de Ecuador, Quito, donde se encuentra desde hace una década.

Sarazino visitó ya los Estados Unidos hace dos años, pero la inminente edición de su nuevo álbum (el cuarto de su carrera), “Everyday Salama”, a través del sello local Cumbancha, se ha convertido en la excusa perfecta para regresar. Se presentó  ayer en el club The Mint de Los Angeles, hoy se sube al escenario del Joshua Tree Music Festival (a partir de las 7.15 pm) y, en julio, retorna a Wisconsin, Nueva York y Vermont.

Por lo pronto, esto es lo que dijo durante una extensa conversación telefónica que le ofreció a MANGANZON:

Saraz2No deja de llamar la atención que vivas donde vives, porque el reggae es un estilo jamaiquino, de orientación caribeña, mientras que Ecuador es una nación andina.

Este no es un género propio de Latinoamérica, por supuesto, pero se escucha mucho por aquí. Lo que más me interesaba era estar en un lugar donde pudiera sentir la cultura de este lugar de manera auténtica, y Ecuador es un excelente ‘sample’ de lo que hay en Latinoamérica a nivel de música y de mestizaje. Me encontré aquí con músicos de gran nivel que no habían tenido oportunidad de salir, porque el mercado de la música en recién está empezando a expandirse.

Se me recibió con los brazos abiertos al momento de componer y de colaborar juntos. Además, encontré todas las condiciones técnicas necesarias para producir un disco de carácter internacional. Cuando tocamos en vivo, se nota de algún modo la influencia andina de los músicos que tenemos ahora, porque todos son ecuatorianos.

El grupo empezó en Canadá; ¿eran sus canciones originalmente en inglés?

No, eran en francés, que era en realidad mi lengua materna, porque se habla en Argelia, y ésa fue justamente la razón por la que me fui a Montreal. En ese momento, mi inglés no era tan bueno, aunque lo fui desarrollando con el paso de los años, lo que me permitió trabajar luego algunos temas en ese idioma, como pasó hace dos años con “People”, donde hice una colaboración con Toots, de Toots and the Maytals. Creo que la esencia argelina se siente todavía mucho en mi música, a pesar de que muchos cree que es algo que viene del flamenco. Yo crecí al lado de una madre que escuchaba muchas canciones típicas de la región.

Cuando se habla de la música argelina, se piensa de inmediato en el rai…

El rai es el estilo más conocido, pero hay otros como el chabi, que es una vieja mezcla de música andaluza con influencias turcas. Yendo hacia el sur se encuentra el estilo de la banda Tinariwen, que corresponde mucho más al desierto de Mali. Y también está el cabil, procedente de la zona en la que nació [el afamado futbolista] Zidene Zidane. Es un país extremadamente rico en diferentes géneros de música. Personalmente, el rai no es el que más me influye, aunque forma parte de mis recursos; y me interesa mucho incluir algo relacionado a los artistas africanos, porque empecé a hacer música cuando vivía en esos países. Por allí hay estilos como el Coupé-Décalé y la rumba del Congo, que permiten que uno mantenga la alegría por la parte rítmica, a pesar de que las canciones hablan de problemas y de situaciones a veces desagradables.

¿Tienes entonces influencias específicas?

Creo que es un ‘melting pot’ de muchas cosas. Tengo algunas canciones que poseen una identidad más latina, como “Caminaré por Babylon”, pero hay otras en las que me gusta usar elementos que vienen del rock, del funk y hasta del hip-hop, porque creo que la música urbana tiene una energía que me gusta mucho y que también ha pegado fuerte en toda Sudamérica. La propuesta de Bomba Estéreo, de Colombia, me parece extremadamente interesante, por ejemplo. Yo creo que lo mío va más por ese lado de la fusión.

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Este álbum tiene una cantidad impresionante de colaboraciones, porque hay canciones con Brazilian Girls, Rootz Undergound, Novalima, Luísa Maita y Sierra Leone's Refugee All Stars; ¿cómo se lograron?

Después de haber ido a Jamaica para grabar con Toots, me puse el reto de hacer algo más amplio, porque me encantan los aportes que le pueden brindar otros artistas a mis canciones.  Tuve muchísima suerte, porque la mayoría de los que buscaba para hacer esto aceptaron y lo hicieron de manera realmente espontánea, agregando incluso a veces sus propias letras. Fue increíble poder armar un disco de esta clase desde Ecuador, que está en el ombligo del mundo, sin tener que moverse del lugar y recibiendo todas estas voces grabadas de distintas partes del mundo, ya que les envíe las canciones para que agregaran sus partes. Lo único que se hizo realmente en su lugar de origen –Perú-, fue lo de Novalima.

Algunos me pidieron la traducción de la letra, como el cantante de Rootz Underground, porque querían dar su propia interpretación. Y es que no hay una receta en esto de las colaboraciones ; a veces funcionan muy bien y a veces no, pero resulta siempre un ejercicio muy interesante.

El que más participa es Niyo Pumpin, de Nigeria.

Sí, pero vive en Ecuador desde hace dos años. Lo vi haciendo un rap en el estudio donde yo también grababa, y me gustó mucho que fuera de Africa, un continente que conozco bien. El tiene un ‘groove’ bien particular , porque no rapea como los MCs norteamericanos, sino que emplea una rítmica muy propia de su lugar de origen. Lo suyo es mucho más el hip-hop, pero el reggae es más fuerte en Nigeria que en cualquier otro lugar del continente y, de hecho, era el género que él practicaba cuando vivía allí.

Tus letras son sencillas y no demasiado politizadas; ¿tiene que ver eso con las dificultades del idioma, o simplemente con un deseo personal?Saraz3

Trabajo directamente con dos letristas: Isidro García, un español que vive ahora en Serbia pero al que conocí en Ecuador, y Nadia Ruiz, que es de aquí y es muy talentosa. No quiero que mi música sea política, pero sí  que hable de ciertos temas que para mí resultan muy importantes, como la tolerancia, la libertad y el hecho de que vivimos en un mundo cada vez más pequeño, por lo que no debemos tener miedo de explorar otras culturas. Lo que quiero lograr es el “global party”, una fiesta mundial en la que cada uno se pueda reconocer y que no excluya a nadie.  Ya he recibido propuestas para colaborar con grupos de Serbia, de Bosnia y de otros lugares.

¿Eso quiere decir que no participas de la polémica política que existe ahora en Sudamérica, relacionada a la presencia de varios presidentes supuestamente socialistas, con el mismo Rafael Correa en Ecuador?

Me siento totalmente partícipe de esto y apoyo mucho lo que está haciendo el nuevo presidente, que se encuentra del lado de los derechos humanos. Latinoamérica ha sufrido de muchas miserias como producto de las dictaduras de derecha, y creo que ahora mismo Ecuador está viviendo un proceso dinámico y nuevo en el que la gente finalmente se reconoce. No es perfecto ni nunca lo va a hacer, pero se encuentra al menos conectado al pueblo. Aunque mi música sea apolítica, siempre estaré del lado de la justicia, sobre todo porque viví una tragedia personal durante los años 90, cuando hubo una terrible guerra civil en Argelia entre un gobierno corrupto y grupos terroristas islámicos, que dejó completamente desprotegida a la población civil.

En medio de todo eso,  mi padre fue asesinado, lo que generó evidentemente en mí un sentimiento terrible de incomprensión que, con el paso del tiempo, se ha convertido en un aprecio muy fuerte por el legado de una persona que me enseñó siempre la importancia de ciertos valores. Ahora mismo, ofrezco talleres en una provincia ecuatoriana pobre llamada Manabí,  en la que hay muchos jóvenes talentosos que quieren hacer música urbana y cuyos trabajos vengo produciendo.

En el plano cultural y musical, es inevitable que tu caso remita de inmediato a Manu Chao. ¿Qué te acerca a él y qué te separa de él?

Aparte de su papel en Mano Negra y de toda la música que ha hecho, Manu Chao fue un verdadero pionero de ese movimiento internacional que puso su mirada en Latinoamérica y después en Africa, sobre todo porque él es más francés que español. Siempre ha tenido el deseo de integrar culturas distintas a través del reggae, y después de eso llegaron otros como Sargento García y Amparanoia, que podrían ser definidos como “altermundialistas”. Logró también que se dejara de hablar de “World Music” para encontrar términos más interesantes.

Es un concepto que comparto y que es definitivamente un modelo para Sarazino, pero no ha sido más influyente que otros músicos africanos, entre los que se encuentran Papa Wenba, quien incursionó en el funk; el legendario Fela Kuti, que a través del afrobeat creó un sonido absolutamente increíble; y Angélique Kidjo, que se dio a conocer a fines de los 80. Pero la lista es inmensa, porque se encuentra también en ella la sudafricana Miriam Makeba, que cantaba por la libertad y la autodeterminación de los pueblos, y Johnny Clegg, otro sudafricano que, a pesar de ser blanco, asumió completamente su identidad cultural.

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