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Jul
08

Entrevista con LA MARISOUL, de LA SANTA CECILIA

Escrito por Sergio Burstein

Texto y fotos en el Roxy: Sergio Burstein

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Su seudónimo le cae como anillo al dedo, porque cualquier Marisol podría pretender que la llamen como a ella, pero ésta es la única que conocemos que ha hecho todos los méritos necesarios para recibir el ingenioso apelativo.

Y es que, allí donde la ven, en medio de su exuberante ‘mexicanidad’, La Marisoul tiene una voz que, además de haber sido ampliamente celebrada por su potencia y su versatilidad, posee un estilo indudablemente ligado al de las grandes artistas afroamericanas del R&B.

“Me lo puso hace tiempo un amigo al que le pedí que me hiciera una dirección de email, cuando yo no tenía todavía computadora”, explica la cantante. “No pudo hacerlo con mi nombre real, por lo que se le ocurrió lo de ‘La Marisoul’; y así se quedó”.

Provenga de donde provenga, La Marisoul es el prodigio viviente que encabeza a La Santa Cecilia, una banda de Los Angeles en la que se combinan elementos de géneros como la cumbia, el ska, la música norteña, el rockabilly, el tango y el rock, dando vida a una fusión explosiva que acaba de plasmarse en el lanzamiento discográfico de “Noche y Citas con Chicle”, y que se puede apreciar en vivo en distintos escenarios del Sur de California.

El excitante grupo tiene amplias probabilidades de trascender nuestras fronteras, por lo que vale la pena ir a verlo mientras se presente todavía cerca de nosotros. Este fin de semana, por ejemplo, hay dos oportunidades para hacerlo: la primera es inmejorable, porque el ingreso es gratuito, y se lleva a cabo al mediodía del viernes en California Plaza (350 S Grand Ave., Los Angeles, CA 9007); la segunda es el domingo en el Estadio de los Dodgers (1000 Elysian Park Ave., Los Angeles, CA 90012), a la 1 pm, y viene incluida con el precio de la entrada al juego. Hay muchos más conciertos cercanos; la lista completa se encuentra en www.myspace.com/lasantacecilia

MANGANZON se reunió con La Marisoul para entablar una larga conversación en la que la muchacha no sólo reveló jugosos detalles sobre su formación musical y familiar, sino que dio también cuenta de un carisma y de una espontaneidad particularmente refrescantes. Ahí les va…

LSC4El nuevo lanzamiento, “Noche y citas con chicle”, es la reunión de los dos primeros EPs, ¿verdad?

En realidad, es la reunión del EP “Noche y citas”, que se lanzó en diciembre del 2010, y de un demo que hicimos antes, pero con todos los temas grabados bien, como debe de ser. Ese demo fue una grabación que hicimos con la banda, muy ‘low budget’, ahorrando nuestra lanita; fue hecha hace mucho tiempo y no salió muy buena. Las canciones agregadas son “Jack”, “Ya sé” y “Chicle”. Las regrabamos hace unos meses, porque eran nuestras primeras canciones, cuando la banda recién comenzó, y sabemos que hay mucha gente que no nos conoce. Ahora es como un paquete ‘de luxe’, para que estén todas juntitas. Lo hemos sacado en iTunes, pero el que quiera conseguir el disco físico puede comprarlo durante nuestras presentaciones, donde se encuentra disponible con una caja de chicles y una ‘download card’ adicional.

¿Por qué no ha salido todavía un álbum completo de La Santa Cecilia? Hasta el momento, han estado sacando su música por partes…

Se nos ha dado así, de hacerlo de a poquitos, porque nos gusta estar presentes más seguido. En vez de sacar un ‘full length’ cada dos años, nos resulta mucho más divertido poder grabar cinco o seis canciones, lanzarlas con un ‘artwork’ diferente y con un concepto distinto. Nos ponemos las pilas, nos da gusto poder mostrarle a la gente algo nuevo. Tratamos de escribir y de grabar canciones constantemente. Creo que vamos a seguir haciendo EPs, pero si la gente nos pide un álbum, se los damos, ¿no? [risas].

Dijiste antes que hay mucha gente que no los conoce, pero yo los vi en el concierto de Bomba Estéreo y convocaron a muchísimas personas, sobre todo mujeres… Me imagino que eso tiene que ver con el hecho de que tú eres la vocalista y de que tienen a una guitarrista mujer (Gloria Estrada), algo que es poco habitual en el mundo del rock de cualquier lado.

Esta tocada estuvo bien ‘padre’, nos divertimos un montón. Bomba Estéreo es una banda bien ‘chida’, y poder presentarnos en el Roxy estuvo también muy bien, porque es un lugar legendario. Había una combinación de energía muy bonita. Las mujeres nos apoyan, pero también los ‘chavos’; encontramos a todo tipo de gente en las tocadas.

Durante ese show, dijiste algo así como “podemos ser lindas y sumisas, pero también cabronas y chingonas”. ¿Tienen un rollo medio feminista? Porque las letras no parecen ir por allí…

No somos una banda de ‘empowerment’ para las mujeres, sino de ‘empowerment for the people’. A veces me siento muy feminista, a veces me siento muy femenina, a veces me siento sumisa, a veces tengo flojera… son muchos sentimientos. Pero la banda en sí está para hacer música, para brindar un buen momento y hacernos recordar de vivir la vida. Acá en los Estados Unidos, mucha gente está demasiado clavada en ‘chambear’, en ahorrar y en gastar dinero, y a veces hay que decirles: “Hey, aguanta, vamos a oler las flores tantito, vamos a bailar, vamos a darnos un beso” [risas].lasanta3

Hablando de tu formación musical, leí que tu familia trabajaba en la Plaza Olvera de Los Angeles, por lo que aprendiste a cantar en esa zona con los mariachis. Pero tu estilo tiene también mucho del soul, de Janis Joplin; ¿te separaste intencionalmente del folklore mexicano en algún momento de tu vida, como pasa como muchos jóvenes que crecen en este país y tratan de asimilarse a la cultura local?

Así fue. Lo que aprendí de la música fue en la Placita, porque los músicos me decían “estás cantando desafinado”, “apréndete la letra”, “di bien las palabras”, “canta fuerte” y cosas así. Me enseñaron a pasar la canasta, a ganármela cantando en los restaurantes. Pero también aprendí mucho de la música tradicional que es mi base: el bolero, el bolero romántico, la ranchera. Lo hacía los fines de semana, pero cuando estaba en la escuela, era una rockera: escuchaba a Janis Joplin, los Beatles, The Doors, el punk rock.

Me vestía de negro, con botas, mallones todos rotos; pero, una vez que iba a la Plaza, me tenía que poner los guaraches y mi blusa típica para cantar. Ahora que ya soy una mujer, poder combinar esas dos cosas con una misma banda, poder ir de una norteña a un klezmer o a un rock es el ‘perfect middle point’. Al fin puedo unir a mis dos yo.

Claro que, durante la adolescencia, uno quiere demostrar que es ‘punketo’ o ‘hiphopero’; a veces me daba pena ver que llegaban a la Placita los de la escuela, justo cuando yo iba a cantar. Pero, cuando lavaba trastes o estaba en la cocina con mi mamá, me ponía a cantar canciones de Camilo Sesto. A la fregada la vergüenza; hay que sentirse orgulloso de poder decir: “Simón, me encanta el pop, pero también La Banda Macho y Los Tigres del Norte”. Creo que muchos ‘chavos’ que han crecido como yo rechazaron ese lado en algún momento, pero ahora reconocen que es también parte suya.

Antes de estar en La Santa Cecilia, ¿formaste parte de una banda con un estilo más anglosajón?

Cuando tenía unos 18 años, estuve en una banda de rock que se llamaba Frequency y que era así como bien triste, bien ‘emo’. Pero esos ‘chavos’ no querían tocar bolero ni cumbia, y a mí me parecía que lo que hacíamos no me representaba completamente. Duró como un año y medio y se acabó; después de eso, regresé a la Placita Olvera… y a mis raíces. Hasta que, hace cuatro años, conocí a los integrantes de La Santa Cecilia; y aquí estamos, mezclándole de todo.

Tu voz es muy poderosa, muy especial. Aparte de la escuela de la calle, que es la mejor, ¿has estudiado canto de manera profesional para reforzar esos conocimientos?

La verdad que no. En la ‘prepa’, andaba de traviesa, haciendo y deshaciendo por las calles; tomé unas clases de voz en el colegio, pero casi repruebo en técnica [risas]. Todo es por oído y por los regaños de los músicos en la Placita. Pero todavía tengo un montón que aprender, como el modo de cuidar mi voz, porque estamos tocando mucho y no puedo salir a cantar así nomás, sino que necesito calentar, hacer el ‘do-re-mi-fa-sol-la-si’ [canta]. Antes no hacía eso; me ponía a gritar en la calle. Se necesita más disciplina, y estoy tratando de portarme bien.La_Santa_Cecilia_1

¿El tequila es bueno para cantar? ¿O sólo el agua?

Agua con tequila [risas]. O ron. La verdad es que un ‘fuertecito’ siempre ayuda, sobre todo pa’ agarrar valor. Pero igual no se necesita. Nada frío antes o después de tocar, eso sí.  Y me regañan, pero a veces hace tanto calor que se antoja echarse una cerveza [risas].

Hablas muy bien el español y lo escribes también del mismo modo en tus letras. ¿Naciste en Los Angeles?

Nací aquí, de padres mexicanos; mi mamá es del norte, de Coahuila, y mi papá nació en Tijuana, pero viene de una familia ‘carnavelera’, por lo que se crió en todas partes de México. Cuando yo tenía 7 años, ellos se divorciaron. Mi mamá se volvió a casar y se regresó a México, y yo me fui con ella, a Morelos, que es la tierra de Zapata. Pero después de un tiempo empecé a ir y a venir de Los Angeles; fui a la escuela allá, fui a la escuela aquí. Como dice la India María, “ni de aquí ni de allá”, aunque cuando estoy aquí, me siento de aquí, porque hablo el inglés y tengo a mis amigos; y cuando estoy allá, pues me siento en casa.

Tu papá viene entonces de una familia de artistas, lo que hace suponer que tu talento tiene también un origen genético.

Mi papá toca guitarra, muy mal,  y canta feo, feo, feo [risas], pero es muy bohemio. Le encanta leer libros, la poesía, compartir buenos momentos con los amigos, y yo crecí así con él, en sus borracheras, que me inspiraron mucho para hacer letras, porque hacían que se dieran unas pláticas de lo más interesantes. Lo bonito es que nunca me hacían a un lado, sino que me incluían. De esas vivencias salen por ejemplo los dichos en la canción de “Chicle”. Ahora que ya estoy grande, puedo echarme mis borracheras con mi jefe, y eso lo hace incluso más bonito, ¿no?

Hablando de inspiraciones, La Santa Cecilia no parece meterse mucho en el rollo social y político que emplean otras agrupaciones chicanas, sino que se va por el lado romántico y el de la poesía, a través de elementos vivenciales y callejeros.

La música que hacemos es para la gente, para la Humanidad. No nos gusta caer en cuestiones de política , porque eso es sólo para ciertas personas; y es por eso que tampoco le ‘tiramos’ a los hombres. No nos gustan las cosas negativas; preferimos hablar sobre los sentimientos, sobre las dudas, sobre los dilemas existenciales que uno tiene.

¿Hasta dónde llega la fusión que hacen? Se ha hablado mucho de la cumbia, pero tienen en realidad elementos de muchos géneros distintos, como el rockabilly, la música norteña, el punk….

A veces hacemos canciones que no funcionan, y nos damos cuenta después de tocarlas varias veces. Me parece gracioso que se hable tanto de las cumbias, porque sólo hemos grabado dos; lo que sí tenemos es música bailable. Lo único que queremos es hacer música. Ahorita mismo estamos componiendo unas canciones nuevas que están agarrando una onda, no sé, más pop, que me recuerda a las canciones románticas de los Beatles. Estamos escribiendo también más en inglés, aunque seguimos apegados a las norteñas. No sé hasta dónde vamos a llegar, pero vamos a seguir mezclando, experimentando y jugando mientras nos divierta.

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El tema “Klezmer” está obviamente inspirado en un estilo judío de Europa del Este; ¿de dónde salió eso?

Creo que tiene que ver con Pepe [Carlos, integrante de la banda], a quien le encantan las norteñas y los corridos; fue por eso que empezó a tocar el acordeón. Al meterse en esa onda instrumental, descubrió la música argentina, la música de klezmer y las melodías que estos estilos usan. Hay un montón de música preciosa que se relaciona con el acordeón y que no es mexicana.

Hay otro aspecto del grupo que es muy interesante, y es el que se relaciona al vestuario. Tú, por ejemplo, usas siempre en vivo un atuendo que nosotros, los periodistas faltos de imaginación, relacionamos inmediatamente con lo ‘kitsch’ y con Frida Kahlo; ¿cómo lo describes tú?

Me encantan artistas que usan mucho el ‘performance art’, como Astrid Hadad o Guillermo Gómez Peña, que te impresionan siempre con lo que hacen. Muy en el fondo, me gustaría ser como ellos; me encanta disfrazarme y hacer cosas que no sean nada más cantar y escribir. Hago mis propios vestuarios, aunque no sé cocer; le digo a la gente que soy la glueing queen, and I can glue anything. Tengo mis pistolas de ‘glue’ con las que hago adornos, bandas de papel picado. La Santa Cecilia me ha dado la oportunidad de expresarme hasta por los codos [risas]. Tengo la suerte de tener amigos que me ayudan en esto, y que vienen a veces a decirme: “Te traje esta tela; está horrible, pero creo que podemos hacer algo con ella”. Es bonito, porque disfrutamos y hacemos algo creativo.

Otra manera de superar la vergüenza…

Sí, me siento libre. Cuando veo algo que he hecho y me digo: “ay, güey, ¿de verdad me voy a poner esto?”, me lo pongo y salgo nomás [risas]. Es un poco ‘scary’, porque no sé si la gente se va a reír o les va a gustar. Pero me gusta ver sus reacciones. Cada uno debería poder ponerse o colgarse lo que se le ocurra, sin pensar que no debería hacerlo porque está gorda o porque el color rojo no le queda. Estos cueros se van a arrugar y estos huesos se van a esfumar algún día, por lo que hay hacer lo que queramos con nuestros cuerpos. Chinga su madre todo, como diría mi papá [risas].

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