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Ago
30

Entrevista con SERGENT GARCIA (este miércoles en el Roxy de L.A.)

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Nacido de un padre vasco y de una madre francesa, Sergent García (cuyo verdadero nombre es Bruno) es uno de los representantes más notables de ese fenómeno que algunos describen como “rock mestizo” y que es, en realidad, un estilo musical siempre cambiante que se nutre de influencias de todo el mundo.

En su caso, las referencias parten de Francia, el país que lo vio nacer, pero se trasladan de inmediato a Africa, debido quizás a sus lazos familiares con Algeria y la Costa de Marfil. Empezó de manera profesional en la música al integrarse a Ludwig von 88, una banda punk parisina con tintes humorísticos que grabó ni más ni menos que diez álbumes, antes de emprender a inicios de los 90 una carrera solista que lo ha llevado ya a lanzar seis producciones inéditas.

La última de ellas, “Una y otra vez” (2011), es la que lo ha traído de regreso a los Estados Unidos, donde encabeza actualmente una gran gira de 23 fechas que lo llevó ya a Oakland, San Francisco y Santa Bárbara, y que lo trae este miércoles al Roxy de Los Angeles, para trasladarse a mediados de setiembre a Chicago, Milwaukee, Madison, Albuquerque, Austin, Nueva York, Filadelfia, Washington DC, Northampton, Miami, Tucson y San Diego (ver los detalles en www.sergentgarcia.com)

Pero, al igual que el más conocido Manu Chao, el Sergent García es un músico internacionalista de sangre y de convicción, que no tiene pelos en la lengua cuando se trata de decirle unas cuantas verdades a los que detentan el poder. Y es por eso que la entrevista telefónica que le ofreció a MANGANZON desde Valencia (la ciudad en la que vive ahora) no se ocupó sólo de cuestiones musicales, sino también de esos asuntos sociales y políticos que no deberían ser nunca olvidados. Aquí les va.

Sargento1Bruno, la última vez que tocaste en Los Angeles fue hace cerca de una década. Se te extrañaba…

Para nosotros no ha sido nunca fácil entrar a Estados Unidos, porque la mayoría de mis músicos son cubanos y lo de las visas es muy complicado. Ahora tenemos la suerte de contar con un apoyo mayor debido a Cumbancha  Records, el sello con el que hemos sacado el último disco; eso nos ha permitido tener más fechas por allá. Hicimos una gira en el 2002, de unos 15 conciertos, y después tuvimos más problemas para ir; fuimos una vez a San Francisco y otra a Nueva York, pero no llegamos de nuevo a Los Angeles.

Te  hiciste conocido como representante de la ‘salsamuffin’, una fusión evidente entre dos géneros específicos. Pero a lo largo de tu carrera has explorado en realidad diferentes vertientes regionales del folklore, ya que si bien empezaste con lo jamaiquino y lo afrocubano, pasaste luego a lo mexicano y ahora estás en lo colombiano.

He estado trabajando en esto desde hace unos quince años, y al comienzo, mi recorrido musical se daba entre Cuba y Jamaica, porque era fan del reggae y me encantaba el son caribeño, con todos sus ritmos. Latinoamérica fue una inspiración muy grande a lo largo de los años 90; en Europa, surgieron muchas agrupaciones con tendencias latinas, impulsadas por gente que había llegado a través del proceso de la inmigración. No se dio del mismo modo en todos los países, claro; España, por ejemplo, siempre ha sido más rockera, mientras que Francia se ha mantenido con estilos muy distintos, aunque ahora mismo suena más por allá la ‘canción francesa’, que es una especie de pop tradicional. Pero creo que lo que se produce actualmente es más como un ‘yo-yo’ con América; están saliendo muchas bandas buenas en México, Colombia, Venezuela y Argentina, y éstas serán probablemente una inspiración futura para los europeos. Lo interesante de esto es que es un viaje sin parar entre Africa, Europa y América en general.

¿Sentiste en algún momento que la fusión de determinados estilos con otros se había saturado, y fue por eso que pasaste de lo cubano a lo mexicano y de lo mexicano a lo colombiano?

Lo mío ha tenido más que ver con el hecho de viajar y tirar del hilo musical al que me llevan los ritmos. Empecé en París, escuchando muchos estilos que venían de Latinoamérica, y después fui a México, porque considero que mi trabajo es también etnológico. El acordeón que se encuentra allí, por ejemplo, no es nativo de ese país, y se debe más bien a una migración de Europa del Este. Todas esas cosas me parecen súper interesantes, sobre todo en un momento en el que se está debatiendo mucho sobre los problemas de fronteras. Me he dedicado también a buscar en los ritmos la justificación de la migración del hombre.

¿Y todo este interés ha surgido de la música, o de algunos estudios académicos que tuviste anteriormente?

La verdad es que yo estudié más en la calle que en una escuela. Empecé con el rock, pero siempre me interesó lo que había detrás de la música, es decir, su contenido y su continente. Me gustó siempre la música negra, y de allí pasé a la latina, lo que tiene sentido si se considera que me crié en un ambiente completamente multicultural. Todas esas mezclas me hablan.

Y te resultan, porque a muchos artistas les salen forzadas.

Hay una persona muy importante en mi trayectoria que se llama Iván Darromán Montoya, mi percusionista, con el que trabajo desde hace más de diez años. Es un gran maestro de todos los ritmos afrocaribeños. Lo que me interesa es ir a la raíz misma de unos ritmos que son muy tradicionales y que a veces ni se conocen bien -como el changüí, de Cuba-, así como trabajar al lado de músicos que provienen de esas tierras. Me gusta colaborar, compartir música con otras personas del planeta, pero sabiendo también que toda esa música es en realidad una sola.

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Tu álbum más reciente, “Una y otra vez”, está mayormente marcado por la música colombiana.

Grabé en Cuba, grabé en Jamaica, grabé en México, y como allí ya habíamos empezado a tocar cumbias y estilos más tropicales, nos pareció interesante llegar a Colombia, que tiene actualmente una escena muy joven y muy potente, llena de músicos increíbles.

Además de una situación política especialmente delicada…

Es curioso que México y Colombia, supuestamente las democracias más estables de la región, sean los países con más problemas de corrupción, de derechos humanos, de drogas y de mafias. Esto es el resultado de una política pésima que se ha estado haciendo en esas naciones desde hace 30 o 40 años. Es por eso que la música es tan fuerte por allá; significa mucho, y es una forma de resistencia y de buscar nuevas propuestas.

El disco del que hablamos asume la influencia colombiana de maneras variadas; el tema que la muestra más abiertamente es “Vasito de agua”, que suena muy folkórico e incorpora incluso el sonido de la gaita.

En estos últimos cincos años, estuve bastante tiempo en Colombia, y me interesé mucho en su música tradicional; no sólo en la que tiene influencia africana, sino también en la indígena, que es justamente la de las gaitas. Me gustó mucho la idea de hacer una cumbia que no sonara como la cumbia que se conoce, sino que fuera más del Pacífico, relacionada a los ritmos del chocó y de la costa, que tienen otra cadencia. En ese tema colaboraron grandes artistas como Urián Sarmiento, que es un especialista en tambores afrocolombianos; Jacobo Vélez, que toca el clarinete y que estará conmigo en los conciertos de Estados Unidos; Marlene Obregón, la cantante de La Mojarra Eléctrica, y las dos vocalistas de Sidestepper. Todos ellos provienen de la nueva generación. La letra tiene también que ver con el misticismo de la zona.

¿Cuándo y dónde se grabó todo esto?

Empecé a reunir el material que había compuesto en setiembre del 2010; después, hasta diciembre, hicimos las maquetas [demos], y en febrero [del 2011], entramos a un estudio en París, con la banda que me acompaña en vivo, el Colectivo Iyé Ifé. Después grabamos algunos metales en Cuba y nos fuimos a Colombia, donde nos quedamos cuatro meses y trabajamos en el Estudio Naranja, de Manuel Gamboa. Fue allí donde se dieron las colaboraciones y donde afinamos la propuesta. La mezcla se hizo de regreso en París.sergent4

Además de las fusiones musicales, hay otro balance que no resulta fácil de lograr, pero que resuelves muy bien: el de las letras festivas y pachangueras y el de las letras combativas y políticas. Eso es algo que tiene que haber cambiado con el paso del tiempo; es decir, cuando empezaste con Ludwig Von 88, todavía existía el bloque soviético.

Hay tantas cosas por las que vale la pena luchar ahora mismo que no me preocupo mucho por asuntos globales, sino más concretos. No me puedo poner triste, porque eso no va con mi carácter, pero al mismo tiempo tengo que ir con los ojos abiertos y con la voz bien alta para que no nos tomen demasiado el pelo.

De hecho, en la canción “Yo soy salsamuffin”, dices: “Todo lo amargo lo convierto en dulzura”.

Claro; una cosa es la situación y otra lo que quieres que cambie, lo que estás dispuesto a hacer para que la situación no sea como es. Eso empieza contigo mismo, en los pequeños detalles, y la alegría siempre debe estar por delante, porque es una energía que se necesita de verdad, en vez del rencor, el odio y la venganza.

La canción “Chacun son combat” (“Cada uno con su lucha”) parece ser una crítica al individualismo y, por ende, al liberalismo.

Ahora mismo, el gran problema de la Humanidad es que todo se fragmenta, se divide en pequeñas tribus que sólo quieren conservar sus intereses. Tiene también que ver con la información que nos llega, que hace que la gente se individualice mucho más, a través no sólo de los medios tradicionales como la televisión, sino también de las redes sociales.

En “El baile del diablo” dices: “Huele a azufre”, lo que remite inmediatamente a unas palabras que Hugo Chávez le dedicó a Bush. ¿Se puede decir entonces que es un tema con nombre propio?

Es un tema dirigido a un sistema de mentirosos que dan un paso para adelante y dos para atrás. Me gustó mucho la teatralidad de la frase de Chávez; agarré la expresión y le hice una canción. Pero claro, era una referencia a Bush y sobre todo a una política ultraliberal que va engañando a la gente a su paso.

Hay muchos colombianos a los que no les gusta Chávez, y que se pueden ofender con la canción…

No sé. A mí no me preocupa eso, porque Venezuela es una democracia. La gente vota allí y elige a sus dirigentes. Si le tomé una frase a Chávez es porque fue una expresión particularmente lograda; además, pienso que él ha hecho cosas muy buenas. Nadie es perfecto, claro.

Sergent5Se suele pensar en los Estados Unidos que todos los países de Europa son muy socialistas, pero las noticias que nos están llegando indican lo contrario. Tú vives ahora en España, donde se está produciendo el fenómeno de Los Indignados.

El 15 de mayo, mucha gente salió a las calles y ocupó las plazas de los ayuntamientos para hacer acampadas que duraron hasta un mes. Este movimiento no ha acabado todavía; se orienta ahora hacia las asambleas de barrio, para criticar una realidad que nos está jodiendo a todos. Europa tiene una fachada socialista que es muy de teoría; el gobierno de España, por ejemplo, viene de un partido social-demócrata que está muy atado al Capitalismo más derechista que puede existir, y que recurre a una pincelada de leyes sociales para que no se le caiga todo el castillo de cartas. Francia es un poco diferente, porque tiene una tradición más social; pero ésta ya casi no existe, porque la han eliminado [Nicolas] Sarzoky y sus ministros en diez años de gobierno de derecha. Alemania tiene también un gobierno de derecha; en Italia está [Silvio] Berlusconi, que es similar a cualquier gobierno corrupto de Latinoamérica… Europa ahora mismo es una farsa, y es por eso que la gente está indignada.

Se está hablando de un cambisocial opuesto en Sudamérica. ¿Hace eso que algunos de ustedes miren con optimismo lo que pasa por allá?

Exactamente. Mucha gente está pendiente de lo que pasa en ese lado, y se piensa que pueden darse cosas interesantes. Es todavía muy difícil hablar de una verdadera transformación en Latinoamérica, porque eso sería esconderse en un idealismo romántico; pero parece que hay una nueva generación dispuesta a mejorar la situación.

Vives en España, pero sigues haciendo algunas de tus canciones en francés. ¿Seguirás con el bilinguismo?

La verdad es que me gusta hacerlo de ese modo; algunas canciones salen en un idioma y algunas en otro. Tengo mucho público en Francia y sigo pensando en él.

¿Te relaciona eso de un modo directo con Manu Chao?

Estuvimos en la misma clase de grupos y movimientos del rock parisino y alternativo, y los dos tenemos tanto orígenes latinos como una fascinación por esa cultura. Es una trayectoria parecida, con estilos musicales diferentes. Pero nunca hemos colaborado en nada; creo que ha sido sobre todo por cuestiones de agenda.

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