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Nov
12

{Tributo} STAN LEE, el autor que marcó realmente nuestra infancia (1922-2018)

Escrito por Sergio Burstein

Lee

Nunca pude conocer en persona a Stan Lee. Pese a que he estado trabajando desde hace varios años en Los Ángeles como un periodista de entretenimiento que cubre frecuentemente las actividades de la industria de Hollywood y a que ha acudido a numerosos eventos relacionados al universo fílmico de Marvel, el famoso autor se me escapó siempre de las manos, ya sea porque su avanzada edad no le permitía participar en demasiados actos de esta clase o, simplemente, porque yo no tenía el perfil necesario para conseguir una de las ansiadas entrevistas personales que las celebridades conceden de manera selectiva, al menos en lo que a él respecta.

Y eso es algo que lamento, por supuesto, porque aunque esto se dice ahora de manera frecuente, Lee era uno de mis ídolos. Quienes fuimos niños en los ’70 y adolescentes en los ’90 estamos asistiendo con pavor a las muertes de muchas de las personas que admirábamos, y para mí, Lee fue definitivamente una de ellas, desde que quedé prendado de la segunda era de las historietas de “The Amazing Spider-Man” que llegaban a un kiosco ubicado a pocas cuadras de mi casa en Lima, Perú, mediante versiones traducidas al español y reproducidas en el blanco y negro original.

El Hombre Araña de esa época específica ha sido siempre mi superhéroe favorito, ya que si bien había accedido con anterioridad a las aventuras de Superman y de Batman, la vulnerabilidad de Peter Parker, sus complejidades existenciales, las tragedias inesperadas de su vida (la muerte de su novia Gwen Stacy fue una patada a mi alma infantil) y el hecho de que fuera un adolescente me ofrecieron algo que no lograban darme los grandes escritores de la literatura a los que también acudí. Para ser sincero, en los años que llevo viviendo en los Estados Unidos, he revisado y coleccionado mucho más la obra de Lee que la de cualquiera de los novelistas, lo que no resulta probablemente favorable para mi reputación (si es que la tengo), pero es la pura verdad.

Spidey

Por otro lado, El Hombre Araña me permitió conocer a otras de las maravillosas creaciones del eminente creador neoyorquino, empezando por Hulk, que es sin duda mi segundo personaje favorito del mundo de los cómics. Por alguna extraña razón, no llegaban a mi país de origen con tanta frecuencia los ejemplares de figuras como Iron Man, Thor, Daredevil y los Cuatro Fantásticos (The Fantastic Four), que conocí realmente a través de las series de dibujos animados de irregular calidad que se veían en la televisión local; y me tomó mucho más tiempo descubrir a los X-Men, Ant-Man y Black Panther, de quienes no recuerdo haber tenido ningún ejemplar ilustrado en aquellos tiempos.

Debido al ambiente politizado que se vivía por allá, la falta de compromiso directo de Lee con las causas progresistas me alejó un poco de él con el paso de los años; recuerdo claramente el modo en que me disgustó un ejemplar en el que Spidey (‘El Araña’) rechazaba a quienes se manifestaban contra la guerra de Vietnam, pese a que, según los estudiosos, sus historias tenían una clara perspectiva liberal. No tengo ninguna intención de presentar aquí un vasto análisis sobre su ideología ni mucho menos sobre su vida; lo que sí sé es que Lee se crio en el seno de una familia judía poco religiosa y que ha sido siempre un demócrata.

Sea como sea, lo que crecimos leyendo sus relatos no lo vamos a olvidar, y seguimos respetando la manera en la que definió a sus personajes, lo que nos acerca o nos distancia de las producciones para el cine y la televisión que se realizan sobre estas bases y que, hasta el momento, han sido por lo general sumamente decentes, quizás porque el mismo Lee se involucraba de un modo u otro en ellas. Va a ser definitivamente un golpe sentarse en la sala cuando se estrene una nueva y no poder apreciar ya su infaltable ‘cameo’. Que descanse en paz.

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