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Nov
14

CALLE 13, su triunfo reiterado en los Grammy Latinos… y otros que también merecen ganar

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

Calle_13

Antes de que se crearan los Grammy Latinos, los amantes de la música que no es excesivamente comercial sabían ya que los Grammy originales, es decir, los anglosajones, se encontraban ampliamente dedicados a promocionar la música que se escucha en las radioemisoras de gustos masivos. Hubo un momento en el que volver a ver a Beyoncé sobre el escenario durante una de sus transmisiones resultaba agotador, por más buena que ésta estuviera.

Pero si algo quedó claro desde la celebración inaugural de la versión hispana, en el 2000, era que las cosas podían ponerse peores para los detractores de los galardones primigenios, porque lo primero que sus organizadores demostraron es que el nuevo evento iba a ser todavía más complaciente, en consonancia y en coalición con una industria que, además de seguir dándole duro y parejo a los eternos representantes del pop anodino, acababan de encumbrar en esos momentos a un género que había abandonado  ya sus raíces callejeras para transformarse en un repetitivo sonsonete de discoteca: el reggaetón.

Calle_13_Grammy_2Para nosotros, criados bajo la sombra del rock alternativo, el metal, el punk, el folklore de raíz y el pop inteligente, tener que prender una y otra vez el televisor para someterse al mismo desfile de barbaridades fue un trance demasiado duro como para soportarlo, hasta el punto de que optamos por evitarlo si las obligaciones laborales no nos lo imponían. Hasta que, allá por el 2006, apareció en el panorama internacional un grupo boricua llamado Calle 13 que, en cuestión de meses, alcanzó una popularidad inusitada, y que en el 2006, se llevó a la isla 3 premios. En el 2007, fueron sólo 2; pero en el 2009, subieron a 5. Y el jueves pasado, en Las Vegas, fueron 9, lo que les da ahora un total de 19, es decir, el mayor número recibido por un solo artista o conjunto en este evento.

Uno de los aspectos más interesantes del caso es que, a pesar de que un cable en inglés de la Agencia Reuters los sigue catalogando como “un acto de reggaetón”, los Calle 13 recurren a una enorme diversidad de estilos y se encuentran muy lejos del facilismo perpetrado por personajes como Don Omar, Daddy Yankee y Wisin & Yandel. Pero lo más importante aquí es que las letras de Residente llevan un mensaje de profunda protesta y de conciencia social que se ubica a años luz de lo que dice la gran mayoría de sus competidores musicales afincados en la gran industria.

Esta vez, como bien lo dice un despacho de Asociated Press, Calle 13  ganó el premio a Mejor Canción Alternativa por “Calma pueblo”, una composición que proclama abiertamente que “la mafia más grande vive en el Vaticano”, y que menciona también la posibilidad de “explotar en la Casa Blanca” si las cosas no mejoran. Se trata de un mensaje que, por supuesto, no puede encontrarse ni por asomo en las propuestas de los ‘artistas’  entregados al comercialismo, y que a nosotros mismos nos pareció lo más ‘punk’ que habíamos escuchado en mucho tiempo cuando recibimos el disco.

En realidad, todo el álbum “Entren los que quieran” es bueno, incluyendo a la canción “Latinoamérica”, que se llevó dos Grammy Latinos y que en su versión grabada cuenta con la participación de tres representantes internacionales del mejor folklore, o sea, del que no se ha vendido: Totó La Mamposina (de Colombia), Susana Baca (de Perú) y María Rita (de Brasil). La interpretación del tema en la tarima del hotel Mandalay Bay, en compañía de la Orquesta Simón Bolívar y del conductor venezolano Gustavo Dudamel, fue tanto un logro artístico como una declaración de principios.

En ese sentido, no dudamos ni por un segundo de las virtudes de Calle 13, y agradecemos infinitamente que hayan venido a arrebatarle los premios a quienes no se los merecen. Pero, por otro lado, no deja de resultarnos incómodo y hasta sospechoso que se les premie tanto en una ceremonia que, a excepción de lo suyo, se inclina casi completamente hacia un lado muy distinto de la balanza.

Calle_13_Grammy

Lo que queremos decir es que, en las diversas categorías en las que triunfó, el combo puertorriqueño se enfrentó a personalidades como Luis Fonsi, Ricky Martin, Shakira, Enrique Iglesias, Don Omar, Ivy Queen y Pitbull, entre algunos pocos más que sí merecen nuestros respetos (como Jorge Drexler) o que simplemente no conocemos. ¿En serio? Sin desmerecer las virtudes de Residente y de Visitante, ¿cómo no ganar en la categoría de Album del Año cuando se compite con el “Euphoria” de Enrique Iglesias?

Lo más jodido de todo esto es que si los votantes han escuchado a Calle 13 y han decidido que vale la pena nominarlos, tienen que haber escuchado también a muchísimos otros artistas que se encuentran regados en el mundo latino y que deben tener propuestas de un nivel cuando menos semejante. Por ese lado, es razonable reconocer que la versatilidad de estos boricuas en lo que respecta a las combinaciones musicales tiene mucho que ver con su aceptación popular, porque un letrista como Residente, por más bueno que sea, reduciría inmediatamente sus posibilidades de difusión masiva si se encontrara militando en una violenta banda de hardcore o de metal.

Aunque no pudimos hablar con René tras este histórico triunfo, lo hemos hecho un par de veces en el pasado reciente, y en vista de sus raíces y de su forma de pensar, podemos imaginar que él mismo se siente un poco extraño al tener un reconocimiento tan extenso por parte de una organización tan poco dada a otras manifestaciones contraculturales. Pero quizás nos equivocamos.

“Esto le da oxígeno a bandas como nosotros”, afirmó el cantante en un momento dado del evento del jueves pasado;  y no queda  realmente claro que sea así, porque aparte de la presentación en vivo que su grupo ofreció durante la ceremonia, los demás espacios musicales le fueron entregados a Shakira, Los Tigres del Norte con Paulina Rubio, Maná, Franco De Vita, Wisin & Yandel, Marco Antonio Solís y Marc Anthony; es decir, la misma vaina de siempre, para no entrar en eufemismos.

Y es que, cuando dejan de escuchar a Calle 13, los votantes del Grammy Latino parecen caer en una sordera sin remedio, que los lleva a nombrar al “Drama y Luz” de Maná como Mejor Album de Rock, luego de que la simple pertenencia de esta banda mexicana al género se encuentra en duda, y mientras tienen en la misma nómina a los rockerísimos La Vida Bohème, de Venezuela (aunque, claro, también a Don Tetto, que no es otra cosa que un mal remedo del pop punk gringo, y a dos bandas –Jarabedepalo y No te va a gustar- que, por más decentes que resulten, no tienen tampoco nada de rockeras). ¿Por qué hacer una categoría para un género específico cuando no se van a respetar sus lineamientos básicos? ¿Quizás para emular a sus padrinos del Grammy anglosajón, que le dieron una vez un trofeo a Jethro Tull como mejor grupo de heavy metal?

No podemos realmente tener reparos sólidos ante el doble triunfo de Zoé (Mejor Canción de Rock y Mejor Album de Música Alternativa), una banda que siempre nos ha agradado -y que se ha ganado la popularidad de la que ahora goza a punta de sudor y de creatividad-; de todos modos, nos hubiera gustado que triunfara en la primera categoría La Renga, una veterana banda argentina que le hubiera dado un merecido galardón al metal latino. Pero, en este caso, se trata simplemente de preferencias personales. Y ya sabemos que, de gustos y colores, no han escrito los autores.