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Abr
20

Reseña de la ceremonia de incorporación del SALON DE LA FAMA DEL ROCK AND ROLL en el Nokia Theatre de L.A.

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein/ Fotos: WireImage

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La incorporación de nuevos artistas al Salón de la Fama del Rock and Roll, que se produce cada 12 meses, se lleva a cabo normalmente en el hotel Waldorf Astoria de Nueva York. Pero este año se hizo en el Nokia Theatre de Los Angeles, y MANGANZON no desperdició la oportunidad que se presentaba para estar allí con el fin de ofrecerle a sus lectores esta extensa reseña. Claro que, si hubiera que resumir esto en una sola palabra, bastaría con decir: Rush.

Como ocurre siempre, la ceremonia tiene momentos absolutamente brillantes, pero otros que resultan incluso agotadores, sobre todo cuando se relacionan a discursos innecesariamente largos (tanto los presentadores como los ganadores parecen tener carta abierta para hablar). De todos modos, el menú de ayer lucía particularmente apetitoso, ya que los nuevos incorporados -Rush, Heart, Public Enemy, Albert King, Donna Summer, Quincy Jones y Lou Adler- son casi todos sumamente reconocidos.

Dos de ellos se encuentran ya fuera de este mundo, por lo que sus respectivos reconocimientos se colocaron en manos de terceros. Pero si cada homenajeado contaba con sus propios devotos, no cabe ninguna duda de cuál era el favorito... y de cuál había logrado reunir bajo el amplio techo del Nokia Theatre a la más grande y a la más vociferante legión de admiradores que hayamos visto en un evento de este tipo.

RNG_GrohlLa presencia de Rush se notó desde el principio mismo de la ceremonia, ya que apenas se acercó al podio, Jann S. Wenner, presidente del Salón y editor de la revista Rolling Stone, recibió una impresionante serie de abucheos que sólo podían representar el disgusto profundo de unos fans que han tenido que esperar mucho para que esto se lleve a cabo (los canadienses pudieron haber recibido el honor desde 1998). La incorporación de Rush llegó al final, tras casi cinco horas de espera adicional, pero los gritos relacionados al grupo se repitieron en más de una ocasión.

Es por eso que el momento más explosivo de la velada se inició cerca de la medianoche, cuando Dave Grohl y Taylor Hawkins, de los Foo Fighters, tomaron la palabra para iniciar la presentación de los titanes del rock progresivo, empleando su proverbial humor y carisma, sobre todo cuando se burlaron cariñosamente de los kimonos que los músicos celebrados llevaban en sus primeros discos. Sin embargo, el clamor real se manifestó una vez que Geddy Lee (bajo), Neil Peart (batería) y Alex Lifeson (guitarra) subieron al estrado para ofrecer sus discursos.

Lifeson y Lee hicieron lo que se esperaba, es decir, agradecer a sus familias y a sus numerosos seguidores ("sin ustedes, esto no habría sucedido", dijo el segundo), pero lo realmente raro se produjo con el discurso de Lifeson, quien en lugar de enunciar palabras comprensibles, utilizó literalmente un "bla-bla-bla" constante y una vasta gama de gesticulaciones para recrear aparentemente las emociones que le provocaba la incorporación. Fue un momento desconcertante y a la vez brillante, que remitió de inmediato a la profunda relación de Rush con la comunidad "nerd", y que tiene que haber sido el discurso más original que se haya escuchado en un evento de este Salón de la Fama.

Luego, los Foo Fighters aparecieron disfrazados del Rush antiguo, con todo y pelucas, para interpretar una entusiasta versión de "Overture" cuyo final le dio cabida a los integrantes reales del grupo, quienes se abocaron a tocar "Tom Sawyer" y "The Spirit of Radio". La instrumentación fue notable, como siempre lo ha sido, y si bien Lee batalló mucho con las notas altas, el entusiasmo del público era tanto que las carencias pasaron desapercibidas.

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Momentos después, el cierre de fiesta llegó con un fabuloso jammin' que, usando como base el "Crossroads" de Robert Johnson, reunió a una verdadera constelación de estrellas: los integrantes de Rush, las hermanas Ann y Nancy Wilson de Heart, Chris Cornell de Soundgarden, Chuck D de Public Enemy, Tom Morello de Rage Against the Machine, John Fogerty y Gary Clark Jr.

La mayoría de ellos había participado ya en momentos previos de la ceremonia; casi al comienzo, Fogerty se sumó a Tom Petty y a Jackson Browne para tocar al lado del pianista Newman durante una festiva rendición de "I Love L.A.", y Cornell ofreció un elocuente y muy bien preparado mensaje de bienvenida para Heart.

El 'frontman' de Soundgarden tuvo más de una palabra de devoción para Ann Wilson, de quien dijo que cantaba mejor con el paso de los años; y la aludida probó que era cierto con el derroche de voz que impuso en la tarima durante la 'performance' de "Crazy on You". Cuando le tocó el turno a "Barracuda", el conjunto de liderazgo femenino llegó a estar acompañado en su faena en vivo por Jerry Cantrell, de Alice In Chains, y Mike McCready, de Pearl Jam.

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Por su parte, Chuck D tuvo un amplio acto de presencia en el momento de celebración de su propio grupo, Public Enemy, que empezó con una presentación del polémico director de cine Spike Lee y se vio luego empañado por un larguísimo y enmarañado discurso de su compañero Flava Flav, conocido por su verborrea y por sus encuentros con la ley. Flav (que llegó con su conocido reloj enorme sobre el pecho) se fue tanto por las ramas y por los terrenos del egocentrismo que terminó por despertar la furia de los amantes de Rush, que empezaron a exigir a gritos su retiro del escenario y la entrada de sus dioses.

Pero los ánimos se calmaron y las cosas mejoraron considerablemente cuando Public Enemy empezó con la música, ofreciendo una combinación de sus populares temas "Fight The Power", "Bring the Noise" y "Don't Believe the Hype" en la que se extrañó la presencia del guitarrista Scott Ian, de Anthrax, pero que resultó de todos modos poderosa y le permitió al DJ Lord demostrar su gran talento en las perillas (así como calmar a las huestes 'rusheras' con un creativo 'sampleo' de "Tom Sawyer").

La incorporación de Quincy Jones por parte de Oprah fue también emotiva, ya que el célebre productor de 80 años (que es recordado sobre todo por su trabajo con Michael Jackson) se colocó en el podio para ofrecer un discurso que se vio a veces afectado por la lentitud propia de su edad, pero que resultó de lo más simpático. Cuando se retiró, Usher tomó el micrófono para cantar el "Rock With You" de Jackson, mientras hacía unos complicados pasos de baile que emulaban los de la superestrella desaparecida.

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Pero, en el plano del pop, lo que más conquistó a la audiencia fue el reconocimiento a Donna Summer, cuya desaparición se encuentra todavía muy fresca en la memoria colectiva. Los agradecimientos fueron dados por su viudo, Bruce Sudano, un hombre sensible y respetuoso que le sacó una lágrima a más de uno, y la celebración musical llegó en la estupenda garganta de Jennifer Hudson, quien cantó "Bad Girls" y "Last Dance" con una potencia digna de todo respeto.

Con todos los méritos que Jones y Summer puedan tener, su incorporación a una institución que lleva el nombre de "rock and roll" resulta cuando menos cuestionable. No ocurrió probablemente lo mismo con otro de los celebrados póstumos, Albert King, un genial guitarrista afroamericano que, pese a pertenecer al género del blues, poseía una vena particularmente rockera, como lo demostró John Meyer en su discurso de presentación, acompañado por los sonidos de una Flying V que le permitió mostrar las diferencias entre el modo en que se tocaba el instrumento eléctrico antes y después de King. Minutos después, el mismo Meyer interpretó temas del icono caído al lado de Clark Jr., la nueva sensación de las seis cuerdas.

El incorporado menos conocido fue Lou Adler, quien produjo a The Mamas & the Papas y a Sam Cooke. Pero no pasó lo mismo con los eternamente populares Cheech y Chong, quienes en su discurso de presentación recordaron que Adler fue el director del clásico absoluto del cine 'stoner', "Up in Smoke", protagonizado por el mismo dúo. La celebración musical para el productor fue protagonizada por Carole King, una reconocida cantautora cuya carrera se vio también favorecida por la colaboración con Adler.

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