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Sep
05

{Análisis} CERATI era mucho más que "música ligera"

Escrito por Sergio Burstein

Gus

Sorpresivamente, la sección de obituarios del LA Times incluye hoy una generosa nota sobre Gustavo Cerati, el icono del rock argentino que falleció ayer en Buenos Aires tras permanecer cuatro años en estado de coma. Y decimos 'sorpresivamente' porque, si bien la gira de reunión de Soda Stereo tuvo una parada multitudinaria en el Sur de California, es poco o nada lo que los anglosajones conocen de este ídolo irrepetible, así como del rock en español en general (sin mencionar a Maná, cuya inclusión en el rubro es desde ya cuestionable).

Ni siquiera los latinos menos interesados en el rock y sus variaciones parecían saber gran cosa de este músico, como lo probó ayer la nefasta conductora mexicana Pati Chapoy al lanzar un mensaje de Twitter en el que se leía "Descanse en Paz Ricardo Cerati" [sic]. En realidad, el alcance del artista sudamericano se dio mayormente fuera del ámbito banal y comercial, ya que si bien sus canciones más festivas con Soda Stereo frecuentaron insistentemente las transmisiones radiales de nuestros países de origen, lo que hizo como solista (que fue mucho: cinco álbumes en estudio y uno en vivo) fue prácticamente ignorado en los mismos medios, pese a que manejaba estilos que, en medio de su evidente experimentación, resultaban casi siempre plácidos y accesibles, aunque nunca facilistas.

SodaY es que si bien Cerati hizo una gran canción titulada "Música ligera", lo suyo como artista era mucho más elaborado de lo que podría denotar este concepto, tanto en el plano instrumental como en el de las letras. Es cierto que las composiciones iniciales de Soda intentaban alejarse de la dureza y de la complicación, ya que, como lo señala una cita del mismo músico que está presente en el citado artículo del Times, Soda Stereo se inscribió al principio en "un movimiento entero que se cansó de la política, que nos decía que nos divirtiéramos un poco mientras nos quedaba juventud"; pero la manera de hacer las cosas de Cerati fue cambiando con el paso de los años, como consecuencia natural de una carrera que se extendió a lo largo de casi tres décadas.

De ese modo, cuando se revisa su discografía, es posible notar la precariedad de sus solos en las viejas grabaciones, en desmedro del evidente talento que tenía ya para crear esa clase de melodías pegajosas que no son fáciles de hacer y, por supuesto, del clarísimo manejo de ese tono vocal traslúcido y brillante que lo acompañó hasta el final, pese a que era un fumador compulsivo (lo que puede haber tenido que ver con el mal que apagó su vida). En contraposición, basta con ver algún video de la reunión del 2007, o de sus últimas actuaciones como solista, para darse cuenta de su impresionante manejo de la guitarra eléctrica, es decir, una virtud digna de resaltar ante quienes lo consideraban simplemente como un cantante.

Ahí estaban también las letras poéticas, existencialistas y ambiguas, que algunos cuestionaron por su falta de compromiso ideológico, pero que resultaban siempre evocativas y nunca cursis, incluso cuando aludían -como lo hacían muchas veces- a los enredos del amor. Si no nos creen, escuchen "Bocanada", el tema que le dio título a su trabajo individual más redondo, y que puede estar usando metáforas para referirse a la disolución de una relación, o refiriéndose simplemente a la necesidad de echarse unos humos para aplacar la desazón, por más mortales que estos puedan resultar.

Cerati murió con 55 años encima, o sea que no era un chiquillo, y la verdad es que, inmediatamente después del accidente cerebrovascular que lo puso en coma, se sabía ya que, incluso en el caso de que "despertara", no sería nunca más el mismo, por lo que la noticia de ayer no es realmente sorprendente. Pero eso no deja de hacerla profundamente triste, porque además del incuestionable legado que ya había dejado, el hombre se encontraba en un pico creativo al parecer indesmayable, y a pesar del desastre que se cocinaba en su organismo, lucía extraordinariamente vital y positivo sobre el escenario, como lo pudimos notar durante la memorable presentación que dio en el Club Nokia de Los Angeles un mes antes de su caída final en Caracas. Adiós, maestro.