Imprimir
Dic
28

{Tributo} LEMMY, un icono de iconos que vivirá para siempre

Escrito por Sergio Burstein

Lemmy RIO 1

No era un secreto para nadie que su salud se había visto seriamente mermada en los últimos tiempos, hasta el punto de obligarlo a acortar o cancelar varias presentaciones y a lucir un aspecto particularmente delgado para un tipo que mostró un físico imponente en casi toda la totalidad de su carrera; pero eso no hace que la noticia sobre la muerte de Lemmy Kilmister sea más fácil de digerir, por razones que todos sus seguidores incondicionales conocen muy bien.

En realidad, el reciente deterioro de su estado general era ya una sorpresa para quienes, medio en broma y medio en serio, lo consideraban prácticamente inmortal, debido a que, incluso en los últimos años, el vocalista y bajista de Motörhead había mantenido su imposible dieta de una botella de Jack Daniel’s al día, sin que ésta pareciera afectarlo ni por asomo del modo en que afectaría a cualquier ser humano común y corriente. Pero todos queríamos creer que el asunto no era realmente grave, porque, tras varias pausas en el camino, el maestro había recuperado rápidamente el tiempo perdido y se había negado a interrumpir la norma de sacar un disco con material inédito cada dos años (el último, “Bad Magic”, salió hace exactamente cuatro meses, y fue aclamado de modo unánime por los críticos especializados).

El fallecimiento del inolvidable Ian Fraser Kilmister (su nombre de nacimiento) resulta adicionalmente inquietante cuando se sabe que ocurre cuatro días después de su cumpleaños número 70 y que él mismo se enteró supuestamente del cáncer fulminante que lo aquejaba hace sólo dos días. No se trata tampoco de que Lemmy no haya coqueteado permanentemente con la muerte. Lo hizo desde sus tiempos con el grupo de “space rock” Hawkind a mediados de los ‘70, cuando se libró de ser enjuiciado porque los policías que lo arrestaron lo acusaron directamente de tener cocaína, mientras que se comprobó luego que lo que llevaba era ‘speed’; y más adelante, declaró haberse metido todas las drogas existentes a excepción de heroína y morfina, además de haber tenido sexo con cerca de 1,200 mujeres, es decir, una faena que resultó probablemente de lo más placentera, pero cuyas proporciones no parecen ser nada normales.

Sin embargo, su legado más importante se encuentra en el plano de la música, aunque estamos seguros de que ninguno de nuestros antepasados (y, para tal caso, de la mayoría de las personas que nos rodean en nuestra vida diaria de “civiles”) usaría la palabra “música” para definir los sonidos que brotaban de sus cuatro cuerdas y de su garganta. Para quienes lo admiramos, eso sí, fue absolutamente histórica la manera en que unió a punks y metaleros debido al empleo de una voz especialmente gutural y al estilo extremadamente veloz de su banda más celebre, en la que fue el único miembro estable a lo largo de una existencia de cuarenta años que llega irremediablemente a su fin (a no ser que alguien quiera exponerse a la furia divina).

Todavía recordamos estar en casa de nuestros abuelos mientras escuchábamos por primera vez el álbum en vivo “No Sleep ‘til Hammersmith” en versión de vinilo y haber sido sorprendidos por su encantadora brutalidad (éramos chiquillos y el disco ya había salido hacía varios años, vale precisar), aunque no estamos seguros si ésta misma fue la que provocó nuestra expulsión de ese lugar, al que habíamos sido enviados tras la respectiva salida forzada del hogar paterno por razones que no corresponden a esta nota.

Como ocurre siempre en estos casos, uno no puede dejar de lamentarse por no haber estado más al lado del desaparecido, lo que en nuestro caso se traduce en la tristeza que nos causa no haber asistido a su última presentación en Los Angeles, durante el pasado mes de agosto. Pero las canciones y el espíritu de Lemmy estuvieron siempre con nosotros; hace sólo unos días estuvimos leyendo una serie de historietas dedicadas a su trayectoria y, por supuesto, a su aparente indestructibilidad, gracias a un compendio de los cómics “Hard Rock Heroes” que adquirimos en la tienda Amoeba de Hollywood. Claro, tenemos el consuelo de haberlo gozado varias veces en momentos mejores; pero lo cierto es que pensábamos ilusamente que siempre iba a estar ahí, dispuesto a aporrear su bajo ante nosotros y a bramar las letras de clasicazos como “Ace of Spades”, “Overkill”, “Orgasmatron”, “Iron Fist” y “Killed By Death”. Hasta siempre, señor.