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May
19

{Tributo} CHRIS CORNELL, la voz de la fuerza y de la razón en un mundo necesitado de rock

Escrito por Sergio Burstein

chris cornell despedida 1

Llegué recién a los Estados Unidos en el 2000, proveniente de un país que en esa época recibía poquísimas visitas de figuras internacionales del rock, por lo que no pude ver a Chris Cornell en vivo durante sus primeros años de gloria. Pero crecí escuchándolo y admirando las virtudes de una voz que, para muchos de nosotros, era el equivalente generacional de la de Robert Plant.

Una vez aquí -más precisamente, en Los Ángeles-, me esmeré en recuperar el tiempo perdido, dentro de un proceso que se inició asistiendo a todos los conciertos que pudiera de Audioslave -el supergrupo conformado por Cornell y casi todos los miembros de Rage Against the Machine- y que concluyó hace seis meses con mi afortunada presencia en una memorable presentación de Temple of the Dog; pero lo mejor de todo fue ver en julio del 2011 a los recién reunidos y sagrados Soundgarden en el gigantesco Forum, cuando ofrecieron un concierto demoledor en el que los alaridos del cantante, combinados con esa destreza melódica que adquirió en la segunda etapa de su carrera, no hicieron nunca extrañar lo que se escuchaba en los discos.

Para ser sincero, la segunda vez que vi a Soundgarden, esta vez en un recinto mucho más pequeño (el Wiltern), el efecto fue mucho menos espectacular; pero Cornell tenía siempre algo interesante que ofrecer, incluso cuando se encontraba al frente de Audioslave, un conjunto que para muchos podrá haber sido demasiado comercial en vista de la reputación de sus integrantes, pero que para mí tenía grandes canciones (sí, incluyendo a la balada “Like a Stone”) y que fue un acto siempre digno de verse (a pesar de que el ‘frontman’ parecía sentirse a veces confundido al tener que prescindir de la guitarra que llevaba en su empresa más distintiva).

Ahora, Cornell está muerto, y las circunstancias de su fallecimiento siguen siendo desconcertantes. No me sorprendió en abril de 1994 enterarme de que Kurt Cobain se había suicidado, porque ya había tratado de hacerlo en varias ocasiones, y sus múltiples tormentos no eran precisamente desconocidos; y tampoco fue un shock saber en diciembre del 2015 que Scott Weiland había sucumbido ante una sobredosis, cuando se toma en cuenta su prolongado historial con las drogas. En el caso de Cornell, los problemas se encontraron mucho más alejados de la vista pública, pese a que siempre sentí que sus ojos llevaban encima una carga indeterminada de dolor que, de hecho, se trasladaba a sus interpretaciones más sensibles.

Se sabía que el cantante fue adicto a diversas sustancias, tanto legales como ilegales (mencionó en cierta ocasión al OxyContin y, por supuesto, a varias formas de alcohol), pero también que, al inicio de la reunión de Soundgarden, él mismo dijo que se encontraba completamente limpio y que se sentía muy bien de ese modo. Por otro lado, todo parecía indicar que los últimos años no pudieron ser mejores con él, tanto en el plano artístico (con reuniones de Soundgarden y Temple of the Dog a las que se sumaba el desarrollo de un nuevo álbum del primer grupo) como en el personal (tenía dos hijos todavía chicos con su segunda esposa Vicky Karayiannis, a quien llamó “un ángel” y ”la mamá perfecta y la esposa perfecta” en un ‘tuiteo’ de hace tres días con motivo del Día de la Madre).

De ese modo, imaginarlo ahorcándose con un objeto todavía indeterminado en su cuarto de hotel poco después de un celebrado concierto en Detroit que lo mostró feliz y en perfecto estado físico (ahí están los videos de YouTube para probarlo) no era algo que pasara por la cabeza de quienes lo conocían, incluyendo a Vicky, quien ha declarado que no notó nada inusual en su marido. ¿Qué llevó entonces a Chris Cornell a tomar una decisión tan, pero tan desesperada e irreversible? ¿Hay aquí un hecho desconocido, como la improbable participación de una persona adicional?

Todas estas son preguntas que agobian a quienes lo admiraban y que tardarán en responderse, si es que lo hacen. Por el momento, para mí, en medio de los recuerdos de haberlo visto muchas veces sobre un escenario, normalmente en momentos gloriosos pero también en otros menos afortunados (como ocurrió durante uña presentación en la que un miembro de la audiencia invitado a la tarima se burló de él por no ser Zack de la Rocha en momentos en los que encabezaba a Audioslave), aparecen los de haber escuchado incontables veces sus composiciones para Soundgarden mientras deambulaba por las calles de Lima, Perú, a pesar de que no faltaban los que cuestionaban que uno apreciara el ‘grunge’ en lugar de limitarse a escuchar los estilos más subterráneos del rock (porque la decisión te convertía, evidentemente, en un despreciable ‘posero’).

En mi caso, esto se dio después de haber quedado impactado con la agresiva irreverencia del videoclip de “Jesus Christ Pose” que se transmitía por MTV, y cuya poderosa sección musical se coronaba con los altísimos rugidos de un maestro del canto al que, desde entonces, no pudimos hacer otra cosa que admirar, aunque evitamos en lo posible sus baladas como solista y (¿es necesario decirlo?) su desafortunado proyecto discográfico con el productor de pop Timbaland.

A diferencia de muchos de los que han lamentado en las redes sociales la muerte de Cornell por un simple detalle de nostalgia noventera, yo no dejé de seguirlo desde entonces, como ha pasado con algunos amigos cercanos de la juventud; y aunque eso no nos vuelve mejores que los otros, nos hace sentir probablemente mucho más desolación y desconcierto ante una pérdida que resulta inexplicable e irreparable para el mundo de la música y que, evidentemente, afecta de modo mucho más profundo a los seres queridos y a los amigos de este formidable vocalista. Descansa en paz, Chris.

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