Reseñas de cine

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Sep
16

Reseña de “DRIVE”

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Resulta curioso que nos haya tocado ver en una misma semana la cinta que aquí comentamos y las dos versiones de “Straw Dogs” (la original de 1971 y la nueva), del mismo modo en que resulta curioso que tanto “Drive” como el ‘remake’ de la otra película citada se estrenen hoy de manera simultánea.

En términos simplistas, esto podría convertir al fin de semana que se inicia en una fecha de celebración para los brutos a los que les encantan las películas híper-sangrientas. Pero, en lo que respecta al análisis cinematográfico y artístico, las dos ofertas se encuentran aquí para hacernos partícipes de un acercamiento fílmico especialmente interesante al fenómeno de la violencia en la sociedad occidental contemporánea.

Nuestra reseña de la nueva “Straw Dogs” se encuentra en otra parte de este portal (al igual que la reseña de la versión original), por lo que nos dedicaremos en estas líneas a “Drive”, una cinta independiente que ha estado causando una verdadera revolución en el circuito de festivales, empezando por Cannes, donde recibió una ovación de 15 minutos por parte del público, e hizo que su creador fuera nombrado de manera unánime como Mejor Director del Año.

Este director es Nicolas Winding Refn, un danés que se hizo conocido primeramente por los tres filmes que compusieron “Pusher” -una cautivadora trilogía sobre el submundo criminal de Copenhagen-, pero que alcanzó su verdadera madurez narrativa con “Bronson”, una brillante y despiadada reconstrucción ficticia de la vida real de uno de los criminales más peligrosos de Inglaterra. (Para más señas, Bronson fue interpretado por Tom Hardy, uno de los protagonistas de “Warriors”, que se encuentra actualmente en cartelera –y que hará también del villano Bane en “The Dark Knight Rises”-).

Drive_2En vista de lo recién escrito, es razonable pensar que Winding Refn no era precisamente un novato en el empleo de la violencia dentro del cine cuando decidió hacer “Drive”; pero es necesario agregar que los guiones que ha empleado (co-escritos siempre por él mismo) poseen no sólo generosas cuotas de humor, sino que plantean historias ingeniosas e inteligentes y analizan a su manera las acciones normalmente delincuenciales de sus personajes.

En ese sentido, “Drive” marca una diferencia importante en su carrera, ya que se trata de la primera cinta en la que no ha participado directamente en la escritura del guión, que en este caso le corresponde a Hossein Amini, un escritor de origen iraní que ha hecho varias adaptaciones fílmicas de libros de época (incluyendo la excelente “The Wings of the Dove”), pero que se traslada esta vez a la realidad contemporánea de Los Angeles, bajo el influjo de una novela corta escrita recientemente por el estadounidense James Sallis.

Si el proyecto puede parecer atípico para Amini, no ocurre lo mismo con Winding Refn, que se ha apropiado de tal manera de él que lo hace lucir como un título absolutamente natural en el desarrollo de su carrera. A fin de cuentas, es también un trabajo que lidia con la expresión exacerbada y salvaje de la conducta masculina, y que, de manera semejante a “Bronson”, se encuentra muy marcado por el manejo de una trepidante banda sonora, procedente en este caso de las canteras de la música electrónica pesada (debidamente compuesta por Cliff Martínez, el mismo de “Contagion”).

Pero eso no quiere decir que “Drive” sea  una mera repetición de patrones ya existentes en su obra. En “Bronson”, por ejemplo, el personaje central era un tipo completamente desquiciado al que no provocaba realmente tener cerca, y que causaba fascinación por sus excesos y su amplio sentido de la teatralidad. Pero el protagonista de “Drive”, el Conductor (no tiene un nombre propio), es un tipo callado e introvertido que, además, no resulta esencialmente malo; es decir, hace trabajitos nocturnos en los que pone sus habilidades con el volante al servicio de ciertos personajes (él mismo trabaja de día como doble de manejo para la industria cinematográfica) y luce casi siempre un vestuario de dudoso gusto, pero no se compromete con los maleantes ni se ensucia las manos con sus negocios.

Por supuesto, las cosas cambian cuando uno de estos encargos sale mal y El Conductor (interpretado por Ryan Gosling, de “Crazy, Stupid, Love” y “Blue Valentine”) se ve metido en el asunto hasta el cuello (una posibilidad que, en vista de los hechos, resultaba siempre muy factible). El Conductor no es, por lo tanto, un hombre de alma blanca, pero sí un personaje que hace todo lo posible para mantenerse en el anonimato… aunque resulte difícil que su talento para manejar lo haga pasar desapercibido.

Se trata de una figura perfectamente acorde con la naturaleza de una urbe en la que la industria cinematográfica se confunde con la automovilística, en una suerte de aleación tan monstruosa como excitante. Y lo bueno es que Amini y Windning Refn saben cómo manejar sus piezas, porque si bien se preocupan en mostrar que El Conductor es un tipo de lo más astuto (la primera escena que lo encuentra en medio de un ‘trabajo’ no lo hace escapar a toda velocidad de quienes lo persiguen, sino que lo retrata conduciendo con tranquilidad y perfil bajo para burlar a sus contrincantes), no pierden tampoco la oportunidad de elaborar sofisticadas escenas de acción en las que el mismo personaje se ve obligado a pisar el pedal a fondo.

Con el transcurso de los minutos y la inevitable complicación de los hechos, El Conductor se verá obligado a apretar mucho más que el acelerador (aunque persista en su obsesión de no portar armas); y es allí donde entrará a tallar la violencia, profunda y desconcertante, pero acorde con el desarrollo de la historia, y acompañada siempre por un poderoso estilo cinematográfico que se disfruta enormemente en la pantalla grande.Drive_Carey

A pesar de su creciente valentía en los momentos de peligro, el personaje no manifiesta gozo ni placer por lo que hace, y eso se refleja en el rostro casi siempre imperturbable de Gosling, cuya fría interpretación recuerda a la de Harrison Ford en “Blade Runner” (curiosamente, las escenas que muestran los edificios de L.A. desde un picado perfecto remiten también al mismo filme, aunque ésta no es una obra de ciencia-ficción).

De hecho, tras la proyección de prensa a la que asistimos, escuchamos a una mujer quejándose porque Gosling mantiene supuestamente la misma expresión durante toda la cinta. Se le pasó algo importante, claro, porque esta máscara emocional se cae en ciertos momentos esenciales de la película, como cuando El Conductor conversa con el niño del que se ha prendado (el hijo de Irene, la mujer de la que se ha enamorado) y esboza abiertamente un gesto de tristeza luego de que el infante suelta una frase inocente que le permite descubrir que él es uno más de “los malos”.

Y es que “Drive” tiene también momentos de reflexión, surgidos muchas veces de la discreta relación que El Conductor establece con la citada Irene (una madre joven, cuyo marido está en la cárcel, y que encuentra un adecuado tono de vulnerabilidad en la brillante actuación de la británica Carey Mulligan, protagonista de “An Education”).

No faltan tampoco los diálogos ingeniosos entre los capos del crimen, entre los que destaca Nino, un mafioso judío que es encarnado por el notable -y muchas veces subestimado- Ron Perlman (“Hellboy”). En momentos así, la película se acerca más a Scorsese (uno de los ídolos declarados de Winding Refn) que a Tarantino (aunque no faltan los entusiastas que la han definido como ‘la nueva “Pulp Fiction” ’).

No es descabellado imaginar que el director de “Taxi Driver” se sienta plenamente satisfecho con los resultados de esta memorable cinta, a pesar de que en ella no se respiran los aromas de Nueva York, sino los densos olores de la complicada metrópolis en la que nos ha tocado vivir.