Reseña del ZOMBIE WALK en Long Beach
Texto y fotos: Sergio Burstein

Ah, qué lindo es poder celebrar una fiesta de este tipo, que llega esta noche a su apogeo, en la buena compañía de los muertos vivientes (o, al menos, de sus más devotos imitadores). Nunca habíamos tenido la oportunidad de asistir al Zombie Walk (Caminata Zombi), que se viene llevando a cabo en la ciudad de Long Beach desde hace tres años, pero hacerlo el sábado pasado nos dio la posibilidad de celebrar la memorable fecha haciendo algo más productivo que la ya habitual maratón de películas de terror a la que nos sometemos cada Halloween.
Parece que, hasta ahora, el asunto se había limitado a una pequeña caminata realizada en otra calle, que concluía en las puertas del Art Theatre, donde se efectuaba la proyección de algún clásico moderno del género, como "Shaun of the Dead". Pero, este año, el Zombie Walk se convirtió en un verdadero festival de dimensiones masivas, ya que más allá de la proverbial caminata (que sigue siendo su atractivo principal, ya que convoca a todo aquel que quiera disfrazarse como uno de estos monstruos y se convierte por ello en un verdadero desafío para la creatividad personal), se colocaron en las zonas aledañas al epicentro de la llamada Promenade puestos de maquillaje profesional, kioskos de venta comercial, una exhibición de arte dedicada al mismo tema y hasta un escenario por el que desfilaron varias bandas de rock, desde las 2 de la tarde hasta las 11 de la noche.
Todas estas actividades fueron gratuitas, aunque hubo también un ‘after-party’ que se hizo a puertas cerradas, con un costo de 20 dólares por persona, y que tuvo como protagonista a la banda de Johnny Vatos, un ex integrante de Oingo Boingo (por lo que el set que ofreció se basó en el repertorio de la recordada banda de New Wave, que se hizo justamente popular debido a sus vistosos shows del Día de las Brujas).
Pero no era necesario abrir la billetera para gozar de un evento en el que el atractivo mayor se encontraba a vista de todos. Se dice que las chicas aprovechan el Halloween para vestirse de manera especialmente provocativa, y aunque ésta no fue la excepción, el Zombie Walk le dio tanto a ellas como a los varones la oportunidad de recurrir a todo tipo de maquillaje y hasta de prótesis (vimos por ahí bastante látex) para lograr representaciones de zombis que resultaron a veces de lo más cinematográficas, y que se vieron en algunos casos reforzadas por la actuación espontánea de sus practicantes.
La mayoría se limitó a desfilar entre la gente, como parte de una marcha que se inició en el Centro de Convenciones y que recorrió varias cuadras, pero algunos -los más valiosos- se lo tomaron realmente en serio, como fue el caso de las dos muchachas que encontramos en la Promenade, arrastrando los pies y lanzando unos alaridos que tienen que haber desgarrado sus gargantas; del muerto-fotógrafo que quiso atacarnos y que, para ser francos, nos dio miedo -pese a que somos muy machos-; de la plácida pareja que llevaba a un bebito diabólico en los brazos, y de un sujeto famélico que tenía entre los dientes un sabroso (al menos para él) pie humano.

Se supone que los participantes iban a ser contados para tratar de romper un récord mundial que se encuentra ahora mismo en manos de la ciudad de Seattle, pero hubo problemas al respecto, aunque los organizadores sugieren que el evento convocó a un número que oscila entre las 8 mil y las 11 personas. Faltó también una mayor organización en el camino, para que los zombis desfilaran al unísono y lucieran de ese modo mucho más amenazantes (en realidad, muchos se quedaron bailando al lado de un DJ que se ubicó casi al inicio de la caminata, mientras otros deambulaban sin ton ni son); pero es la primera vez que esto adquiere dimensiones tan grandes, y es de esperar que mejore en los próximos años.
Es evidente que el municipio no tuvo que gastar demasiado, porque la gracia mayor llegó con el aporte de los asistentes, que en algunos casos parecían haber gastado mucho dinero en sus vestimentas y en sus caracterizaciones. En ese sentido, se hubiera agradecido que las calles tuvieran una que otra decoración terrorífica, o quizás un juego interesante de luces; pero hay que reconocer que el escenario con bandas locales fue un grato añadido, y que algunas de estas agrupaciones lograron darle un marco sonoro apropiado al evento, como fue por ejemplo el caso de la última, Slushbox, que se enfrascó en un estilo ‘garajero’ saludablemente intenso, y de Wild Pack of Canaries, cuya desordenada psicodelia no desentonó nunca con los rostros monstruosos que se veían por todos lados.

La Exhibición de Arte Zombi se encontraba más lejos, en la cuadra 6 de la céntrica calle Pine, y aunque el ingreso allí también era gratuito, las bebidas en el bar tenían un costo (lástima). Las paredes de la galería Phone Boot se encontraban llenas de pinturas de diferente calidad pero de temática parecida, todas a la venta, y la buena noticia para los que se perdieron esta visita es que la muestra se encontrará abierta hasta fines de noviembre.
Desde la puerta del mismo local podía verse el escenario privado en el que Johnny Vatos y sus secuaces desgranaban sus canciones divertidas pero ligeras; personalmente, hubiéramos preferido que se tratara de un rock más pesado, aunque sabemos que Oingo Boingo tiene mucha relación con las celebraciones de Halloween.
De todos modos, era casi medianoche, y ya era hora de regresar a nuestra guarida para ver los dos episodios de la serie “The Walking Dead” que teníamos grabados. Los dejamos con este simpático videíto que hicimos mientras deambulábamos por la zona infectada:


















