Reseñas de cine

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Nov
08

Reseña de “MELANCHOLIA”

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Esta es una película que se meterá en tu cabeza y que no saldrá fácilmente de ella. En serio. La colisión frontal empieza con una escena de introducción en la que se combinan de manera especialmente novedosa dos estilos aparentemente irreconciliables, es decir, el del cine de arte preciosista y el de la ciencia-ficción cargada de efectos. Ya desde entonces, nuestro cuerpo y nuestra alma se preparan para una experiencia memorable.

Y que nos trague la tierra si esta cinta no es capaz de proporcionarnos una. La escena recién citada concluye con un pequeño planeta a la deriva que se estrella directamente contra el nuestro, lo que deja aparentemente en claro que lo que se verá a continuación será un largo flashback sobre los últimos días de nuestro mundo y, por lo tanto, de la especie humana.

Pero las cosas no son nunca tan fáciles con Lars von Trier, quien dirige; de hecho, la misma escena se desarrolla a través de imágenes en las que no existe una mayor lógica narrativa, en las que prima la emoción y en las que, además, desfilan con ferocidad las portentosas notas del “Tristán e Isolda” de Richard Wagner, lo que las acerca mucho más al “2001: Space Odyssey” de Kubrick que al “2012” de Emmerich.

No sabemos si lo ha hecho de manera consciente, pero con “Melancholia”, Von Trier parece haberle dado una respuesta contundente (que a veces parece más una patada) a todos esos productores de Hollywood que se creen dueños de la fórmula ideal para el cine de catástrofes, haciendo de paso una película que, en medio de las numerosas alusiones que hace a los temas emblemáticos de su carrera, luce mucho más expansiva y espectacular que la suma de todas las cintas que estrenó con anterioridad.

Melancholia_2La secuencia inicial no debe llevar a pensar que todo lo que se verá a partir de ese momento resultará indescifrable y cargado de intelectualismo; nada de eso. Tras la hecatombe descrita, la cámara retrocede para contar la historia de Justine (Kirsten Dunst), una joven mujer que se encuentra a punto de casarse con Michael (Alexander Skarsgård), y que parece  encontrarse realmente feliz. La boda se va a realizar en una inmensa casona campestre, lo que indica que ésta es una familia acaudalada, y el optimismo inicial parece imbatible.

Pero, con el transcurso de los minutos y, sobre todo, durante la realización de la fiesta ofrecida por su familia, Justine empieza a actuar de manera cada vez más extraña, dando muestras de una depresión tan súbita y tan profunda que parece provenir de un desarreglo mental, pero que tiene además bases mucho más siniestras y desoladoras: la chica está consciente de que va a pasar algo terrible e irremediable, aunque su teoría no convenza para nada a su hermana Claire (magníficamente encarnada por la actriz francesa Charlotte Gainsbourg, quien protagonizara la cinta anterior de Von Trier, "Antichrist", que causó escándalo por su crudeza gráfica).

Por ese lado, el director danés juega una carta de predestinación que recuerda lo que se ha visto muchas veces en el género fantástico, desde “The Dead Zone” hasta “Final Destination”. Pero, en este caso, la treta le sirve también para realizar un profundo análisis psicológico de un personaje que, a fin de cuentas, tiene todo el derecho de sentirse como si el mundo se fuera acabar, porque proviene de una familia altamente disfuncional que no duda en manifestar sus conflictos internos (como se demuestra durante la escena de la comida, en la que sus padres hablan públicamente del desprecio mutuo que sienten, y que remite de inmediato a “The Celebration”, otra excelente obra del movimiento Dogma en el que Von Trier se inició).melanc3

Este exhaustivo cuidado por los personajes no es lo único que separa a “Melancholia” del típico producto hollywoodense. Lejos de presentar los sucesos desde una perspectiva masiva y predecible -es decir, con edificios que se derrumban y multitudes que corren en desesperación-, la cinta se aparta completamente de las ciudades y, en su última parte, se rodea únicamente de cuatro personajes para lograr con ello que el enfrentamiento a la situación resulte mucho más intenso e íntimo.

La ambigüedad del estado emocional de Justine (interpretada por Dunst con un virtuosismo histriónico que no era aún evidente en la saga de “Spider-Man”, y que recuerda de algún modo lo hecho por Emily Watson en “Breaking the Waves”, del mismo director) no significa que “Melancholia” no sea una película de ciencia-ficción ni que la catástrofe no resulte ‘real’ en términos de la ficción que presenta; ocurre simplemente que se están empleando códigos mucho más originales -y mucho más efectivos- para su tratamiento.

Por supuesto, no parece ser una coincidencia que Justine haya caído en una tristeza tan abismal justo cuando se acaba de descubrir que un pequeño planeta desconocido que se encontraba hasta ahora oculto tras el Sol ha emprendido una vertiginosa carrera hacia la Tierra. El controlador cuñado de Justine, John (un soberbio Kiefer Sutherland), está convencido de que no habrá colisión alguna, como lo asegura la mayor parte de los científicos, y que lo que está ocurriendo es más bien un motivo de regocijo, porque les permitirá observar de manera particularmente cercana un fenómeno astronómico irrepetible.

Justine no cree lo mismo, claro, y tiene además ideas todavía menos positivas sobre la supervivencia de la Humanidad y las probabilidades de que haya vida en otro rincón del Universo. Pero no decide meter a su familia en una camioneta y emprender la búsqueda de una nave espacial construida en secreto por el gobierno ante la eventualidad de que todo se vaya al diablo; le deja eso a otra clase de heroínas del cine comercial. Lo suyo es simplemente una reacción ante un hecho que le parece inevitable, y cuyas implicancias son demasiado espeluznantes como para que los demás piensen mucho en ellas.

Al tratar este tema de manera tan dura, Von Trier -que ha lidiado durante mucho tiempo con la depresión y tiene sin duda innumerables demonios personales, como lo demostraron sus irracionales bromas en Cannes- presenta una propuesta dantesca, en la que no hay atisbos de solución ni de redención; y aunque esa decisión espantará sin duda a quienes se encuentran convencidos de que toda historia debe tener al menos una pizca de esperanza, da como resultado una obra de arte que, en medio de todo su horror y su desencanto, resulta mucho más hermosa y sobrecogedora que todo lo que hemos visto hasta ahora sobre el mismo tema. Imperdible. 

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