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Ene
20

Reseña de UNDERWORLD: AWAKENING

Texto: Sergio Burstein

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Para ser sinceros, le perdimos la pista a la saga de “Underworld” después de la película inicial, la del 2003, que a pesar de sus saludables aires góticos, de sus lograda escenas de acción y de nuestra afición por el género fantástico, nos resultó  tediosa y complicada, por lo que no sabíamos siquiera -como lo sabemos ahora- que su protagonista, Selene, no participó en la tercera entrega, que era en realidad una precuela.

Y lo bueno es que esta falta de expectativas hace a veces que uno se sorprenda gratamente ante una cinta de la que nada se espera. Obviamente, Underworld: Awakening (la cuarta de la serie) no es una gran película ni tampoco una que despierte mayores pensamientos luego de dejar la sala; pero es un adecuado producto de entretenimiento, con escenas que podrán ser disfrutadas por todos los que no le hagan ascos a la 3D y, por supuesto, un título que le permite a Kate Beckinsale -intérprete de la citada Selene- demostrarle al mundo que sigue luciendo de manera increíble enfundada en un apretado traje de cuero.

En la primera escena de “Awakening”, la misma heroína se enfrenta a la pérdida temporal de su amado Michael Corvin (Scott Speedman) y, de paso, termina congelada a través de un proceso que remite al de Han Solo en “The Empire Strikes Back” (no hay nada nuevo bajo el sol). Al despertar, años después, descubre que los humanos se han enterado finalmente de la existencia de su especie, los vampiros, así como de la de sus enemigos mortales, los licántropos (que, por si no lo saben, son una suerte de hombres-lobo superados, porque pueden convertirse en fieras peludas a voluntad… y sin necesidad de esas engreídas lunas llenas).

Und2Esta única circunstancia le da ya un sesgo interesante a la nueva aventura, y aunque la misma posee una larga y monótona introducción que trata de resumir todo lo que se vio en las producciones pasadas, asume luego un ritmo vertiginoso y una trama sencilla que no necesitan de mayores explicaciones y que, en términos generales, son bastante entretenidas, porque dejan de lado los pretenciosos intentos anteriores por elaborar un mitología compleja y se meten de lleno en los predios de la acción.

Aunque los críticos no han escondido nunca su descontento ante la frialdad proverbial de Selene, que según ellos le quita cualquier atisbo de simpatía humana (vamos, tíos, ¡es una vampira!), los cuatro guionistas de esta secuela aprovechan gustosamente ese lado para volverla más implacable que nunca, porque una vez que descubre que los humanos se encuentran abocados a su exterminio, no duda ni por un segundo en despacharlos al otro mundo de modo especialmente sangriento. Parece que esta chica no es de las que guardan prisioneros.

Ese aspecto particular puede ser muy cuestionable, pero va de la mano con su reputación y la relaciona casi de inmediato con una figura propia de un cómic para adultos, lo que le otorga un atractivo inmediato para la respectiva audiencia. En ese mismo sentido, el problema mayor se encuentra quizás en que la dama se rehusa a mostrarse tan generosamente como sus contrapartes de novela gráfica; fue congelada sin ropa, pero cuando despierta, la cámara (sumada a los efectos especiales y al humo de utilería) hace todo lo posible por ocultar su desnudez (lo sentimos, amigos).

En medio de la creciente agresividad que destila (parece que éste es el título más violento de la saga), “Underworld” pretende ser, en el fondo, una historia familiar; y no en el sentido de que puedan verla los pequeños (no, no), sino en cuanto a que todos sus personajes tienen algún lío familiar presente o pasado, desde la protagonista -que conoce a su hija, tan feroz como ella, encarnada por la adolescente India Eisley- hasta el detective de policía interpretado por Michael Ealy -cuya esposa perteneció a uno de los clanes en conflicto-, pasando por el personaje de Theo James -que se encuentra en pugna permanente con su colmilludo padre, encomendado al veterano Charles Dance-.Und3

Puede parecer que estamos relevando demasiados detalles sobre el argumento, pero no es así; además, dudamos de que alguien vaya a ver esta clase de películas esperando giros narrativos ingeniosos. Las van a ver para gozar de las peleas, que se ven aquí convenientemente realzadas por la tercera dimensión; para someterse a una dosis generosa de ‘gore’, que esta vez brinca directamente a nuestras narices; y para imaginarse que Selene no se encuentra castigando a los ‘malos’, sino a ellos mismos.

Por ese lado, todos los apartados se encuentran cubiertos, lo que le debe probablemente mucho a los nuevos bríos aportados por los directores suecos Måns Mårlind y Björn Stein (aunque estos no logran evitar el aspecto irreal que ostentan los licántropos tras someterse a la CGI).

Por otro lado, a pesar de una profusión de lazos consanguíneos que haría palidecer de envidia al 'culebrón' más esmerado, la caracterización emocional de los personajes es tan endeble que no logra generar ningún impacto perceptible ni justifica de modo alguno una segunda visión. Ah, pero ese traje de cuero…

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