Reseñas de cine

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Feb
23

Reseña de THE ARTIST (nominada a 10 Oscar)

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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A estas alturas, cualquiera que se encuentre mínimamente interesado en el mundo del cine sabrá ya que “The Artist” es una película muda y en blanco y negro, que le rinde tributo al cine de Hollywood de los años 20 y que, además de haber arrasado con todos los eventos de premios habidos y por haber, está nominada en 10 categorías del Oscar, incluyendo muchas de las principales.

De lo que se ha hablado menos es de ciertos detalles que marcan una gran diferencia, y que deberían bastar para que los espectadores reacios a ver una propuesta de este tipo abandonen sus defensas y se sometan a ella sin prejuicios de ningún tipo.

Como ya se ha dicho, “The Artist” es un profundo homenaje al sétimo arte de viejo cuño; pero se trata también de un proyecto eminentemente contemporáneo que, en medio de los modismos y del estilo de las cintas que se hacían hace más de siete décadas, rompe sutilmente las restricciones técnicas de la época para ofrecer un profundo comentario sobre la evolución de la disciplina y lo difícil que resulta para algunos cambiar de mentalidad.

Art3Esto no quiere decir que se trate de una obra pesada ni intelectual; todo lo contrario. En medio de su elegancia y de sus múltiples connotaciones, es una cinta encantadora y llena de música que puede ser disfrutada por todo el mundo, sin importar la edad ni la nacionalidad que se tenga. Para ser completamente claros, no creemos que sea necesariamente la mejor película del año; por ese lado, nos quedamos con “Melancholia”, de Lars von Trier, que ha sido olímpicamente ignorada por la Academia y que, por supuesto, es mucho más sombría. Pero comprendemos perfectamente el entusiasmo que ha generado en diversos círculos, porque uno de los aspectos más destacados de su genialidad está en la sencillez con la que se encuentra plasmada.Es una gran película que no revela descaradamente su grandeza.

La línea argumental no tiene enredos ni misterios: George Valentin (Jean Dujardin) es un actor del cine mudo que ha logrado mucho éxito con sus filmes de aventuras, pero que una vez que se va a casa se lleva mucho mejor con su perro Jack (Uggie) que con su esposa Doris (Penelope Ann Miller) -y esto no es una broma: el ahora célebre can es uno de los personajes principales, y ostenta siempre una actitud que nos recuerda a la mascota del “Tintin” de los cómics-.

Pese a estas desavenencias hogareñas y a la natural arrogancia que le ha traído la fama, Valentin es un galán seductor y básicamente decente que sigue trabajando de manera empeñosa en lo suyo, pensando que su condición perdurará y burlándose del súbito advenimiento del cine sonoro, en el que empieza en cambio a participar con la mejor de las disposiciones Peppy Miller (Bérénice Trejo), una aspirante a actriz que era inicialmente una simple admiradora del ídolo.

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La película comienza con Valentin en su mejor momento, y para reflejarlo, se inscribe fielmente en la propuesta fílmica que se daba a fines de los 20, es decir, recurriendo no sólo al blanco negro y a la falta de diálogos audibles, sino también a las limitaciones relacionadas a un estilo visual que se encontraba privado de las grúas, los rieles y las cámaras en mano que se impusieron en las décadas siguientes.

Sin querer adelantar demasiado para dejarle todavía posibilidades de sorpresa a los que decidan verla por primera vez, diremos que, a medida que transcurre la historia y que se desarrolla el conflicto central, la cinta incorpora paulatinamente recursos más modernos y hasta vanguardistas, como ocurre en la fabulosa escena en la que el protagonista sueña con un mundo lleno de sonido en el que él es el único incapaz de lograr que sus palabras se escuchen, y en la escena de cierre, que resuelve el problema de manera ingeniosa para darnos por primera vez la oportunidad de escuchar las voces de los personajes y concluir con una soberbia toma aérea que se convierte en el anuncio de modificaciones estéticas futuras.

Cualquiera que tenga acceso a las comodidades de la vida actual puede obtener abundante información sobre la cada vez más lograda colaboración entre Dujardin y el director Michel Hazavinicius, quien es a fin de cuentas el artífice principal de este pequeño milagro fílmico. Hasta hace unas semanas, la conveniente opción “Watch Instantly” de Netflix incluía a las dos cintas hechas anteriormente por el mismo dúo, “OSS 117: Cairo, Nest of Spies” (2006) y “OSS 117: Lost in Rio” (2009), en las que el primero se puso a las órdenes del segundo para interpretar a un agente secreto tipo 007.

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Curiosamente, la primera película ha sido retirada del servicio (palo a Netflix por ello), pero ver la segunda es enfrentarse a una deliciosa comedia de enredos que se hizo a colores y con diálogos en francés, pero que es también un tributo cariñoso al pasado del cine -más específicamente, el de los 60-, con el empleo de claves narrativas y visuales propias de la era (es decir, el desarrollo de aventuras de tinte internacionalista, el uso de la música típica de los títulos de espionaje y la implementación de las ‘pantallas partidas’, entre otros elementos).

Por su lado, “The Artist” es una película que merece ser celebrada por muchas razones, y una de ellas es que logra emocionar y entretener adoptando un estilo diametralmente opuesto al de las producciones actuales de Hollywood, ya que en vez de apoyarse en la 3D, los efectos visuales interminables y la grandeza del IMAX, usa generosamente los recursos más antiguos y efectivos del cine, y es incluso presentada en un formato de pantalla reducido, en consonancia con el diseño de la época que representa.

Pero resulta también razonable que esté recibiendo tanto apoyo por parte de la industria, incluyendo a la estadounidense, porque es tanto una oda a los fundadores como a los innovadores del cine (mientras que el tributo de la también aclamada “Hugo” apunta completamente a las raíces en el plano narrativo, a pesar de que se vale de la 3D en el plano formal para convertirse simultáneamente en un producto actual).

Bajo esa perspectiva, el hecho de que “The Artist” apruebe la necesidad de adaptarse a los cambios y de buscar nuevas formas expresivas es una aprobación implícita de los adelantos tecnológicos y de las maneras novedosas de presentar una historia en la pantalla grande, ya sea con la ayuda de sonido, de la tercera dimensión o de las proporciones gigantescas. Y es por eso que tiene todas las de ganar en la ceremonia de este domingo, por más franceses que sean sus creadores y sus protagonistas.

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