Reseñas de cine

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Mar
25

Reseña de POTICHE

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Tras hacer “Repulsion” (1965) y “Belle de Jour” (1967), bajo las direcciones maestras de Roman Polanski y de Luis Buñuel, Catherine Deneuve alcanzó una reputación de mujer glacial que la acompañó durante una buena parte de su carrera, como lo probó “Indochine” (1993), por nombrar solo un título más reciente.

Pero, si a alguien le quedan dudas sobre las diferencias entre un actor y los papeles que interpreta en la pantalla, lo invitamos a ver “Potiche”, que se estrena esta semana. En el filme, la emblemática intérprete francesa deja muy en claro que, cuando se lo propone -y cuando se lo permite el guión, claro-, es capaz de convertirse en el ser más carismático y sonriente de la Tierra.

Esta comprobación no debe ser la razón principal para asistir a las salas, por supuesto. El motivo de peso mayor se encuentra en los múltiples encantos que se muestran en esta encantadora comedia, inspirada en una obra teatral de Pierre Barillet y Jean-Pierre Grédy y  dirigida por el talentoso François Ozon (“Swimming Pool”, “Under the Sand”).

Claro que, entre estos encantos, ocupa el primer lugar una Deneuve tan madura como hermosa, en un rol a la medida de su experiencia, el de Suzanne Pujol, un ama de casa “trofeo” que, por cosas de la vida, se enfrenta a la posibilidad de asumir un cargo gerencial que le permitirá mostrar al mundo la existencia de otros méritos.

Potiche2Explicamos: Suzanne está casada con Robert (Fabrice Luchini), un empresario que encarna al dueño de empresas tradicional, es decir, avaricioso, machista e insensible a las necesidades de sus trabajadores. Cuando éste enferma, la mujer -que para su esposo no tiene mejor lugar que la cocina- debe hacerse cargo de la fábrica familiar en momentos en que los obreros han ocasionado una revuelta por razones plenamente comprensibles.

Sobre la página, la premisa suena ligera y los personajes parecen casi estereotipos; pero, en la práctica, el asunto funciona a las mil maravillas, porque el guión (adaptado por Ozon) asume un tono irónico que se respalda en un reparto impecable.

Y es que Deneuve no es la única “vaca sagrada” del cine francés que se encuentra en este filme; también lo hace Gérard Depardieu,  que además de haber tenido éxito comercial e internacional con títulos como “Cyrano de Bergerac” y “Green Card”, ha sido dirigido, entre muchos otros, por monstruos como François Truffaut,  Bernardo Bertolucci, Ridley Scott y el mismo Buñuel. Como siempre, Depardieu le proporciona a su papel (el de un político de izquierda y líder sindicalista) un aire de naturalidad y de frescura que desarma cualquier artificio narrativo, aunque sus recientes problemas de salud- relacionados probablemente a su acentuado sobrepeso- hacen que su personaje luzca a veces falto de aliento.

La película se desarrolla en 1977, la época original del montaje , y posee un abierto aroma de la época en lo que respecta a sus aspiraciones sociales, su estética visual y su excelente banda sonora, llena de ‘chanson francaise’ y de pop europeo.

El mismo espíritu se hace extensivo al manejo de una moral y de una efervescencia social que, en tiempos de Sarzoky, no forma ya parte del discurso oficial francés y que, en todo caso, ha asumido vertientes novedosas debido al papel jugado por los inmigrantes recientes.

Lo que se muestra en la cinta es la vieja conflagración entre el proletariado y la burguesía, entre la tradición más añeja y los intentos progresistas, entre la intolerancia sexual y  el reconocimiento de diferencias.

Además, la película se inscribe alegremente en el estilo clásico de las comedias de enredos, aunque introduce algunos elementos de tendencia más contemporánea (ejemplo: cuando la secretaria de Robert lo visita en su lecho de enfermo, llevándole un platillo, y le dice “he venido por mi especialidad”, el susodicho se baja los pantalones).

Ozon dirige con soltura pero creatividad desde los créditos mismos, en los que recurre de manera original a la técnica de pantalla partida, sobre todo en el momento en el que Deneuve, que trota por el campo, levanta un brazo para “jalar” el borde de una viñeta ficticia.

A diferencia de otras producciones francesas, “Potiche” no tiene tiempos muertos ni escenas contemplativas; la trama avanza siempre, y nos regala momentos de verdadero lujo, como el baile entre Deneuve y Depardieu en la boîte frecuentada por el marido de la primera debido a “asuntos de negocios”.