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Mar
23

Reseña de LAST DAYS HERE

Texto: Sergio Burstein

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Durante los últimos años, hemos visto al menos dos grandes documentales que se asemejan de algún modo al que aquí se comenta: “You’re Gonna Miss Me” (2005), sobre Roky Erickson, el padre del rock psicodélico -y víctima tanto del abuso de LSD como de una mal tratada esquizofrenia-, y “Anvil! The Story of Anvil” (2008), acerca de un grupo de heavy metal que no logró obtener la fama que merecía por diversas circunstancias de la vida.

“Last Days Here” -que se exhibe por una semana en el Silent Theatre de L.A. y se puede encontrar también en Video On Demand- cuenta también la historia de un rockero caído en desgracia: Bobby Liebling, vocalista, fundador y figura esencial de Pentagram, que se creó en la década de los 70 y es actualmente una banda de culto, considerada como una auténtica pionera del ‘doom metal’ y del ‘stoner rock’. Dentro de la escena metalera, fue siempre un secreto a voces que la falta de suerte de Pentagram se debió a las incontables adicciones de su líder; y este trabajo no hace nada para desmentir la teoría. Por suerte, no es lo único que hace.

LDH2En las primeras escenas, la cámara sigue a Sean “Pellet” Pelletier, el bonachón ‘headbanger’ encargado de un sello independiente que emprende una misión aparentemente imposible: lograr que Pentagram se reúna con sus integrantes originales y grabe un nuevo disco. Para hacerlo, tanto él como el equipo de realización del filme (que fue dirigido por Don Argott y Demian Fenton) tuvieron al parecer acceso ilimitado a la casa de Liebling o, mejor dicho, a la de sus padres, porque al inicio del documental, el vocalista es un hombre de más de 50 años que vive en el sótano de los ancianos que lo trajeron al mundo, tirado casi siempre en un sofá, escuchando música y, por supuesto, fumando copiosas cantidades de ‘crack’.

Las imágenes son impresionantes. Aparentemente, Liebling ha perdido todo sentido del reparo y de la vergüenza, porque se droga sin problema alguno mientras la cámara lo enfoca; su rostro muestra los rictus desencajados propios de la sustancia, no es capaz de actuar normalmente y luce un aspecto tan demacrado y tan deplorable que parece estar en la etapa final de su existencia (de allí viene el nombre de la película, pero también del tema “Last Daze Here”, de Pentagram). El asunto no se limita a eso, porque Liebling tiene una serie de alucinaciones que lo llevan a imaginar que lleva parásitos en los brazos, lo que ha traído como consecuencia que se provoque intencionalmente unas heridas que no sólo resultan de visión repulsiva, sino que ponen en serio riesgo su ya quebrantada salud.

Sin embargo, “Last Days Here” no es un producto de explotación que busque aprovecharse del morbo.”Pellet” se encuentra seriamente decidido a ayudar a este pobre tipo, y todo lo que se ve funciona en todo caso como una advertencia contundente y sin censuras contra el uso del ‘crack’. Hay, además, un trasfondo que no resulta del todo claro, pero que se presenta de manera permanente: Liebling es un genio al que hay que sacar a toda costa del abismo.

Y si decimos que no queda claro es porque  la película no le da muchas oportunidades de lucimiento artístico a su protagonista. Aparecen por aquí y por allá fragmentos en vivo de su extensa carrera, incluyendo ensayos y al menos una presentación que se hace después de iniciado el rodaje; pero los que no conocen a Pentagram no tienen realmente demasiadas herramientas para apreciar el desarrollo de su música ni mucho menos el origen de su aspecto creativo. Claro que las dos carencias pueden tener una explicación, porque, al ser un grupo tan errático y tan oscuro, no fue filmado frecuentemente, y el estado en el que se encuentra Liebling durante la mayor parte del metraje hace que resulte impensable hablar con él sobre otra cosa que no sea la supervivencia.

last-days-here-photo-1Lo que sí hace “Last Days Here” es provocar una gran curiosidad por la música de su figura estelar, que se puede encontrar generosamente en YouTube. Después de escucharla, resulta claro que Liebling no fue nunca un gran vocalista, pero sí un gran compositor: en desmedro de sus fuertes deudas con Black Sabbath, es capaz de elaborar unas canciones simples y contundentes que poseen un dinamismo y una ‘pegada’ poco habituales en el género lento y pesado. En la cinta, la admiración que genera en otros es más que evidente, como lo muestra el recuento de un pasado en el que su sala de ensayo fue visitada en una ocasión por Gene Simmons y Paul Stanley, de KISS (quienes se retiraron antes de concretar algo debido al carácter disfuncional que percibieron) y en el que fue invitado a grabar por una gran disquera (para arruinar inmediatamente la oportunidad en el estudio debido a un ataque de histeria), así como la exhibición de un presente en el que es convocado por un admirado Phil Anselmo -ex Pantera- para producir un disco (que se trunca nuevamente cuando retoma la droga).

 Pero “Last Days Here” también logra demostrar que, en medio de todos los rencores que ha generado a lo largo de su vida, Liebling no es una mala persona, sino un hombre/niño que cayó hace muchas décadas en las garras del vicio, que no ha podido librarse nunca de él y que se encuentra milagrosamente vivo. “No soy malo” y “quiero vivir” son algunas de las frases que balbucea en medio de sus estupores; y aunque uno se ve tentado a descartar la tesis de alguien que asegura durante el documental que él hace lo que hace “debido a la falta de amor”, lo que se ve más adelante parece darle la razón.

A pesar de su edad avanzada, de sus casi inexistentes roces sociales y de su terrible pinta, Bobby logra seducir a una preciosa jovencita rubia  que se encuentra fascinada por su legado; y una vez que lo hace, corta por completo el fatídico consumo. El impresionante giro, que resultaría absolutamente inverosímil si ésta fuera una película de ficción, le brinda al documental un sentido completamente distinto; pero no representa el fin de la historia. Tendrán que ir a verlo para saber lo que pasa después.

Comentarios  

 
0 # Carlos Fer 19-10-2012 06:50
Pentagram es una gran banda y muy respetada, lo que hara este documental es que sus fanaticos la amen mas, y sus detractores sacar los elementos facilmente criticables, me animo decir que es para toda la familia, es un buen documento sobre perseverancia, oportunidades que se dan pocas en la vida y sobre todo un drama conmovedor, que hacia falta entre las filas de un ser subterraneo y narcotizado.
El documental es una de esas muestras que estando en un mundo opuesto al mainstream, logra captar su recepción masiva, por lo tanto ya se hablara de Pentagram junto a otras deidades del rock, apoyadas por esta cuspide del celuloide.
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