Reseñas de cine

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Mar
24

Nuestro último encuentro con LIZ TAYLOR

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

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Esta semana, los cables noticiosos del mundo entero se vieron  inundados con la  confirmación de la muerte de Elizabeth Taylor, probando con ello el status legendario de una actriz que trascendió ampliamente las fronteras de Hollywood para alcanzar una fama global y eterna (o, al menos, especialmente duradera).

Pero lo cierto es que las nuevas generaciones no se sienten muy cercanas a este icono del cine, que se retiró de la pantalla por completo en 1994, con un irrelevante papel en “The Flinstones” (sí, la versión fílmica de “Los Picapiedras”).

En realidad, para muchos de nosotros, la mención de Taylor evoca ecos de un pasado inalcanzable -lleno de belleza y de sublimes actuaciones, pero también de joyas y de lujos innecesarios- y, si tiene alguna connotación presente, se relaciona con la incorruptible amistad que la atara al polémico Michael Jackson.

Es por eso que el inesperado encuentro  que tuvimos con ella ayer en la noche, en medio de las calles de la ciudad que le dio fama y fortuna, resultó un tanto conmovedor. Y no estamos afirmando que nos topamos con su espíritu (no podríamos tener tal suerte, debido a nuestro exacerbada falta de espiritualismo), sino que, por esos azares de la vida, dimos vuelta a una esquina y llegamos exactamente al lugar donde se encuentra su estrella, en el Paseo de la Fama.

liz_sombLos azares a lo que nos referimos, por supuesto, se redujeron a la necesidad de comer un burrito nocturno en la taquería de la cuadra, poco después de abandonar la premiere de “Sucker Punch”, en el cercano Mann Chinese.

La jornada había sido apretada y exigente, ya que antes de la presentación oficial de la nueva locura cinematográfica de Zack Snyder, habíamos estado en un hotel de West Hollywood para la caótica conferencia de prensa internacional de “Scream 4”.

Cerca ya de las 11 de la noche, con el hambre, el frío y el sueño como únicos protagonistas, nuestra mente tenía poco espacio para recordar a la fallecida eminencia. Pero, curiosamente, todo esto nos hizo llegar al paraje adecuado en el momento perfecto; la televisión de la taquería, sintonizada en el noticiero de Univisión, mostraba las imágenes de Taylor y las de un periodista hispano que, horas antes, había realizado un reportaje desde la zona.

Lo mejor es que la estrella (la de bronce, no la de la carne y hueso) se encontraba a la salida del restaurante, casi a sus puertas. Al menos dos reporteros de medios anglosajones pugnaban por hacer su trabajo para hacer transmisiones en vivo. No les era tan difícil, en realidad; sólo su presencia y la de los camarógrafos despertaba la atención de unos peatones que, minutos antes, no le habían prestado demasiada atención al lugar, a pesar de que éste se encontraba ya lleno de arreglos florales y de tarjetas espontáneas.

Pero el que no parecía haberse movido del sitio era un moreno simpático, con pinta de ‘homeless’ (hay varios de estos en la zona), que parecía empeñado en montar guardia al lado de la placa conmemorativa. En un momento dado, uno de los reporteros anglosajones (que llevaba unas botas excesivas y había dado ya cuenta de una actitud pretenciosa que no nos agradaba) se dirigió a su camarógrafo para decirle, segundos antes de transmitir en vivo: “Quiero que apuntes a las coronas, pero… ¿qué es esa cosa  que está ahí?”

Se trataba de una precaria tarjetita, escrita con lapicero, en la que alguien volcaba sus sentimientos más puros hacia la ida diva. “Esa cosa es mía”, dijo de pronto el moreno, sin que su tono de voz resultara del todo molesto. “Oooh.. sí, sí, está muy bonito, ahora lo veo”, retrucó el rubio reportero, incómodo; y no le quedó más remedio que hacer la toma con la presencia del mentado papelito.

Liz_MichaelQué gracioso, nos dijimos, mientras dejábamos el área para buscar la estación de tren más cercana. En este país hay muchos que repudian las muestras artísticas sencillas, de pueblo, o que no las consideran dignas de salir en el noticiero de las 11; pero también hay otros que le rinden únicamente pleitesía al instante, al que detenta la fama en el momento (aunque es necesario decir que la fama de Jackson sí ha superado el paso del tiempo).

Explicamos: durante la noche del jueves, no había casi nadie al lado de la estrella de Liz; pero el día en que murió su amigo Michael Jackson, cientos de cientos se arremolinaron ante una estrella que llevaba su nombre, aunque se trataba en realidad de una placa hecha para una personalidad de la radio.

La verdadera estrella del ídolo del pop (ubicada a puertas del Mann Chinese) no podía ser visitada esa noche, porque ese mismo día se realizaba una premiere de cine (semejante a la que se hizo ayer), y todas las aceras circundantes se encontraban clausuradas.

En medio de sus extravagancias y de sus insaciables anhelos de lujo, Taylor recibió dos Oscars como Mejor Actriz y , tenía por lo tanto, unos méritos artísticos que iban más allá de todo lo que pueden ofrecer las estrellitas adolescentes que ocupan las revistas de chismes modernas.

Pero dicha discusión amerita un análisis que tendremos todavía que hacer; por el momento, éste es sólo un recuento de la última noche que pasamos con ella.