Reseña de MIRROR MIRROR
Texto: Sergio Burstein

No es para nadie un secreto que este año se estrenarán en las salas dos versiones fílmicas sobre un mismo cuento de los hermanos Grimm, Blanca Nieves y los siete enanos: “Snow White and the Huntsman” -que se lanzará el 1ro. de junio- y “Mirror Mirror”, que se encuentra desde hoy en cartelera.
No parece ser tampoco desconocido el hecho de que la primera tomará una tendencia mucho más adulta y orientada hacia el cine de acción, mientras que la segunda es básicamente una cinta para niños. Pero, como lo reconoció la actriz Lily Collins en la reciente entrevista que le hicimos, “Mirror Mirror” termina también por presentar a la protagonista como una guerrera, lo que la lleva a compartir (¿involuntariamente?) una sensibilidad decididamente contemporánea con la otra producción, encabezada por Kristen Stewart.
Pero si bien la Blanca Nieves de Collins y del director Tarsem Singh le toma gusto a la pelea y al uso de espadas, sus combates son siempre presentados de manera muy moderada o humorística, y casi todo lo demás en el filme se dirige directamente a una audiencia infantil, pese a que el mismo cineasta se quejó porque los trailers que lanzó el estudio presentaban supuestamente a su obra como algo más inocente de lo que realmente es.
No estamos seguros de que sus quejas fueran pertinentes, porque, a no ser que seamos unos cínicos completamente insensibilizados por la violencia en el cine - algo siempre posible-, “Mirror Mirror” es un producto que podrá ser únicamente celebrado de manera realmente amplia por los más pequeños, a pesar de que la inclusión de Julia Roberts en el papel de la “reina mala” pretende ganarle adeptos entre una audiencia mayor.

En realidad, Roberts es probablemente la única responsable de que la cinta resulte tolerable para algunos adultos, ya que interpreta el papel con un sentido del humor y una ligereza capaces de brindar más de un gozo. Lejos de encarnar a la madrastra de Blanca Nieves como un ser abyecto y eternamente maléfico, la transforma en una mujer envidiosa pero a la vez encantadora, que emplea la seducción y otra clase de artimañas para obtener lo que busca, como si se tratara de un personaje extraído de la teleserie “Desperate Housewives” (o de la arena política estadounidense). Es siempre grato ver a Roberts en la pantalla, incluso cuando se la rodea de unos fondos artificiales que lucen demasiado irreales (como ocurre sobre todo cuando se dirige a consultar a su famoso espejo mágico).
Por ese lado, las referencias más ‘adultas’ que pudimos hallar son también las más cuestionables, puesto que, para conseguir el dinero que le permite organizar sus fastuosas fiestas, la reina incrementa los impuestos ofrecidos por el pueblo, lo que puede ser fácilmente visto como una propaganda republicana (¿ya ven que no todos en Hollywood son liberales?). Claro que, en su primer desafío verbal contra la tirana, Blanca Nieves le dice: “No tienes derecho a gobernar así”, lo que podría ser a su vez considerado como un coqueteo con la propuesta rebelde del movimiento Occupy.
“Mirror Mirror” tiene también por aquí y por allá otros placeres evidentes, como los que se encuentran en el vestuario -el departamento mejor aprovechado de toda la producción-, que salta permanentemente a la vista, sobre todo en lo que respecta a los espectaculares y lujosos vestidos de los personajes femeninos; basta con ver las fotos que ilustran esta nota. Pero ése es uno de los pocos detalles llamativos en el plano de la imagen; pese a que Singh se hizo conocido por su grandioso estilo visual en títulos como “The Cell”, “The Fall” e “Immortals”, esta película deja mucho que desear en la puesta en escena, que no impresiona nunca por cuenta propia y cuyos efectos especiales, como ya lo hemos señalado, no resultan muy logrados, debido sobre todo a sus restricciones espaciales y a su teatralidad.
Pero nuestros reparos mayores se encuentran en el plano narrativo, es decir, en el guión de Marc Klein (“Serendipity”) y Jason Keller (“Machine Gun Preacher”). No tiene nada de malo querer actualizar un cuento clásico, sobre todo si todo el mundo se lo sabe ya de memoria; pero hay que hacerlo con cierto sentido del gusto y de la lógica. El problema no está en que los enanos sean unos ladrones (Disney eliminó convenientemente el detalle, pero éste se encontraba presente en algunas versiones antiguas del relato), sino en que se busque darles literalmente altura con el empleo de unos zancos especiales que no convencen.
Como es de esperarse, las cosas se resuelven de manera bastante fácil, en concordancia con el estilo de los cuentos; y si bien el giro más importante en cuanto al habitual rol de víctima de las mujeres no puede ser muy cuestionado, hay unas escenas particularmente dolorosas en las que el Príncipe Azul (interpretado infructuosamente por Armie Hammer -de “J. Edgar” y “The Social Network”- en su primer papel cómico) cae bajo un embrujo que lo lleva a comportarse como un perrito. ¿En serio…?
Si Roberts destaca en medio de esta medianía, no se puede decir lo mismo de la joven Collins. Sería injusto proclamar que no es una buena actriz, porque el papel que se la ha dado no la deja realmente probar mucho; en todo caso, los reparos se desvanecen en su presentación visual, ya que además de verse muy joven (hay que recordar que Blanca Nieves es una adolescente), posee una gracia y una belleza extraña a la que no podríamos oponernos, y que remite sin duda a Audrey Hepburn, un modelo físico que ella mismo citó durante la conversación que sostuvimos.
Habrá que ver lo que le depara el futuro; por el momento, es probable que la taquilla le sea sumamente benévola, porque ya se sabe que los filmes para niños tienen siempre una audiencia asegurada si es que se encuentran hechos con un mínimo nivel de calidad y, por supuesto, si gozan de una difusión masiva.


















