Reseña de AMERICAN REUNION
Texto: Sergio Burstein

En teoría, “American Reunion” (que se llamará “American Pie: El reencuentro” en algunos países latinoamericanos) es una película que complacerá a los admiradores de la serie original y que será rechazada por quienes se sintieron indiferentes ante ella. La asistencia de los primeros a las salas está garantizada; pero los segundos deberían saber al menos que se trata de una comedia tan lograda que podría sorprenderlos gratamente si le dan una oportunidad.
Para poner las cosas en claro, los conocedores consideran que los filmes “reales” de la saga son los primeros tres, es decir, “American Pie” (1999), “American Pie 2” (2001) y “American Wedding” (2003), porque fueron no sólo los que mantuvieron un mínimo nivel de calidad, sino también los que contaron con la presencia de los mismos personajes y los mismos actores. Después de esto, se lanzaron directamente al video cuatro cintas que no hemos visto, pero que fueron duramente criticadas.
Por ese lado, “American Reunion” es una secuela de “American Wedding”, y nos atreveríamos a decir que, en contra de todas las expectativas, es un trabajo que se encuentra no sólo a la altura de la primera -que era muy simpática pero bastante tonta-, sino que la supera con creces. Durante el día de prensa al que asistimos -y que nos permitió presentarles las entrevistas que se encuentran en nuestra sección respectiva-, todos los involucrados manifestaron que ésta les parece en realidad una prolongación de la original, con la consideración debida al paso del tiempo y a sus efectos en los personajes.

El hecho de tener a todos los actores de regreso, incluso a los secundarios, es un enorme punto a favor de “American Reunion”; pero es probable que nada de esto hubiera funcionado tan bien si no se hubiera contado con un buen guión y con unos buenos directores. En ese sentido, los productores no podrían haber tomado una mejor decisión que contratar a Jon Hurwitz y Hayden Schlossberg, dos tipos cuyos méritos mayores no se encuentran necesariamente en la elaboración de otra saga cómica -exitosa pero irregular-, la de “Harold & Kumar”, sino en el evidente aprecio y conocimiento obsesivo que tienen de “American Pie”.
Hurwitz y Schlossberg se encargan no sólo de la dirección –que, visualmente, no es nada espectacular-, sino también del guión, tomando la premisa original de Adam Herz (el artífice de todo esto) y expandiéndola con una gracia que, francamente, nos parecía ajena a la franquicia. Aunque nunca fuimos muy devotos de las películas ‘antiguas’, el simple hecho de sentarnos en una función de prensa y empezar a ver en la pantalla el reencuentro de estos personajes generó en nosotros una nostalgia profunda que no creíamos poseer; pero la cinta va mucho más allá de eso.
En principio, no hay aquí nada complicado: los protagonistas de la saga han crecido, pero una reunión de la secundaria se convertirá en la excusa perfecta para volver a las andadas. Sin embargo, el asunto no es tan simple, porque muchos de ellos han cambiado y se encuentran en otra posición. No sabemos si resulta lógico llamar “madura” a una película en la que -‘spoiler’ menor- uno de ellos defeca en una hielera de cerveza y otro -‘spoiler’ mayor- muestra sus partes íntimas por descuido, pero nuestros amigos (que ya pasaron la treintena) lucen más interesantes y más convincentes que nunca, sin perder por ello sus características personales y, a veces, su inherente ridiculez, lo que da pie a algunas de las escenas más hilarantes que hemos visto en los últimos tiempos dentro de las salas de cine.
Esperamos no estar demasiado embriagados con sus encantos, propios de la más exhaustiva cultura popular, pero “American Reunion” se abre con una escena que nos parece de antología, y que alude directamente a la secuencia inicial de "American Pie", donde se nos presentaba por primera vez al protagonista en plena actividad manual. Esta vez, la cámara, ubicada a ras del suelo, recorre un revoltijo de ropa hasta llegar a una cama que se sacude, aparentemente porque sirve en esos momentos para una apasionada batalla sexual. Pero, una vez que la toma se eleva, descubrimos que sus ocupantes, Jim (Jason Biggs) y Michelle (Alyson Hannigan), los protagonistas del pasado, se encuentran en realidad tratando de entretener a su hijo de dos años.
El asunto no queda ahí, porque, luego de poner al niño en su cuarto, Michelle decide tomar una ducha, lo que le brinda a Jim (quien se encuentra privado de gratificación carnal) la oportunidad perfecta para hacer lo que ha venido haciendo desde la primera película -o sea, masturbarse-, con el empleo de una laptop y de un calcetín. Hay más, porque éste no es el final de la escena; pero sí el de nuestras infidencias.
Por ese lado, a pesar de la vida marital y de sus nuevas responsabilidades como padre, Jim no ha cambiado del todo. La que sí adquiere un brillo distinto es la relación con su padre (que es encarnado de nuevo por el gran Eugene Levy). Ahora viudo, el señor Levenstein pasa de ser consejero a ser aconsejado, en un giro llamativo que le brinda a la película una de sus escenas más tiernas -y a la vez más entretenidas-.
Y es que, por cada golpe de irreverencia, “American Reunion” tiene uno de dulzura, sin que la estrategia luzca forzada ni programada, al menos hasta el clímax, que pudo ser mejor. De igual modo, no todos los personajes -que, en defensa de los guionistas/directores, eran demasiados- están bien desarrollados ni todas las relaciones funcionan; no nos convencieron, por ejemplo, los nuevos coqueteos entre Kevin (Thomas Ian Nicholas) y Vicky (Tara Reid), ahora separados, ni el romance artificioso entre Finch (Eddie Kaye Thomas) y la recién llegada Selena (interpretada por la dominicana Dania Ramírez). Lo que ocurre entre “Oz” (Chris Klein) y Heather (Mena Suvari) es mucho más atractivo, a pesar de que el primero se luce realmente en el rol y la segunda resulta clamorosamente desaprovechada.
Pero, en desmedro de la indudable relevancia de Jim (quien se ve además injustamente tentado por una arrebatadora chica de 18 años, interpretada por la también nueva Ali Cobrin), el amo y señor de la pastelería sigue siendo el descarado Stifler (Seann William Scott). Desubicado en medio de un grupo de amigos que toma ahora las cosas con calma y que no parece dispuesto a celebrar como en los viejos tiempos, Stifler se convierte en la bienvenida voz de la sinrazón, un demente encantador al que le sigue fascinando el descontrol y que, a pesar de su locura, tiene problemas propios con los que lidiar. Afortunadamente, nada de esto lo lleva a perder de vista que su meta principal es matarnos de risa.


















