Reseñas de cine

Imprimir
Mar
25

Reseña de SUCKER PUNCH

Escrito por Sergio Burstein

Texto: Sergio Burstein

SP_One

Ruidosa, violenta y grandilocuente, “Sucker Punch” es exactamente el tipo de película que se puede esperar de Zack Snyder, un cineasta que se hizo conocido por títulos tan ambiciosos como “300” y “Watchmen”.

Esto puede ser tomado como algo negativo o positivo, dependiendo del gusto de cada espectador. Pero no cabe duda de que, con este filme, el director estadounidense ha alcanzado una cima de exceso visual y auditivo que no puede dejar de sorprender, sobre todo para una cinta PG-13, y que se caracteriza por una impronta fílmica profundamente contemporánea.

Acá no hay medias tintas: “Sucker Punch” es un asalto a los sentidos que no dejará a nadie indiferente, y que desatará probablemente tantos entusiasmos como odios.

El punto de partida es una línea narrativa de lo más sencilla:  Babydoll (Emily Browning) es una jovencita que ha sido injustamente colocada por su malévolo padrastro (Gerard Plunkett) en uno de esos centros psiquiátricos de los años 60 que se hicieron famosos por las razones equivocadas (es decir, electroshocks, lobotomías y encantos de ese tipo).

SP1Una vez allí, la niña decide convencer a sus compañeras de encierro (Abbie Cornish, Jena Malone, Vanessa Hudgens y Jamie Chug) para que la ayuden a fraguar un plan que les permita escapar de los abusos a los que son sometidas por un empresario alcahuetero (Oscar Isaac).

Pero, mientras trabaja en el asunto, Babydoll se refugia en su propia forma de escape: una fecunda serie de fantasías que la convierten en una poderosa e imbatible guerrera, en medio de tierras fantásticas y futuristas.

La premisa no está nada mal, aunque recuerda, entre otras cosas, a “El laberinto del fauno”, "Alice in Wonderland" y "The Wizard of Oz"; el problema es que no va prácticamente más allá de eso. Babydoll y sus compañeras lucen siempre atractivas y sensuales, pero no son personajes especialmente complejos; en realidad, el nivel de actuación coral de “Sucker Punch” recuerda al de “Showgirls”, con la notable excepción del rol desempeñado por Isaac, que sí logra construir a un gran villano.

No se puede culpar del todo a las chicas, claro; la mayor parte de los diálogos que se les asignan fueron probablemente difíciles de pronunciar sin una risa. En todo caso, la historia (en la que se alternan sin pausa las escenas “reales” y las “de fantasía”) se mueve con tanta rapidez que resulta difícil percatarse completamente de su ligereza, en lo que consiste una nueva muestra del buen oficio de Snyder como publicista (el área profesional en la que se crió).

Pero eso no quiere decir que este cineasta sea uno de esos maquinistas del montón que abundan en Hollywood. Cuando dirigió “Watchmen”, lo hizo a sabiendas de que era prácticamente imposible hacer una película basada en el alucinante cómic original, y creemos sinceramente que su versión original (no la que se estrenó primeramente en los cines) era muy buena.

Como guionista, el hombre no logra producir algo del mismo interés, a pesar de que en este caso trabajó al lado del desconocido Steve Shibuya; pero no pierde la ocasión de rendirle tributo a elementos culturales y cinematográficos que evidentemente aprecia (y que en la práctica resultaron siempre superiores a los suyos), como los guerreros japoneses de “Brazil”, las féminas combativas de “Kill Bill” y “Charlie’s Angels”, los épicos y salvajes combates de la revista “Heavy Metal” y la estética de los anime. Influencias que, a nuestro parecer, son todas encomiables (bueno, la de Charlie...).

Visualmente, la cinta -que cuenta con un diseño de producción alucinante- da también amplia cuenta de los orígenes de Snyder en la creación de comerciales y de video-clips, hasta el punto de que casi todas las escenas lucen como un producto proveniente de la primera o la segunda categoría citada (o, en el mejor de los casos, como un comercial de video juego).

SP3El uso y abuso de la cámara lenta (una huella de estilo del director) no mejora las cosas; y no lo hace tampoco el hecho de que cada escena “fantástica” venga inmediatamente acompañada por una canción.

Una pena, en realidad, porque el director tiene indudablemente talento creativo para derrochar, como lo demuestra la impresionante escena en la que Babydoll derrota a dos de los guerreros japoneses arriba citados, y la secuencia en la que ella misma salva a una de sus amigas de una segura violación. Las dos está filmadas de manera muy poderosa, con incuestionable maestría.

Por otro lado, el aprovechamiento de los canales de audio se apoya no sólo en un manejo del sonido que podría asegurarle una nominación en la categoría correspondiente de los Oscars, sino también en una banda musical cargada de poderosos temas rockeros (todos ellos convincentes, a excepción de “White Rabbit”, cuyo empleo en una cinta alucinógena es ya demasiado predecible).

No creemos que muchos espectadores de edad madura sean capaces de soportar el estruendo que se presenta, pero en lo que nos respecta, ¿cómo rechazar una película que,  en sus mejores escenas, recurre a “Search and Destroy”, uno de los mejores temas de los fabulosos Iggy & The Stooges, y a “Where Is My Mind”, de los no menos excelentes Pixies?

Las versiones que se presentan no son las originales, sino que se trata de adaptaciones hechas por distintos artistas contemporáneos (aunque Bjork sí canta en la nueva ofrenda de “Army of Me”).

Pero eso no desdice la buena intención por apoyar ciertas formas del rock independiente que son permanentemente dejadas de lado por Hollywood. Si se trababa sólo de hacer dinero, a Snyder le hubiera resultado más productivo usar composiciones de Bono en vez de llamar a Iggy Pop o a Frank Black, por ejemplo.

El volumen brutal al que nos sometimos durante el screening de prensa inmediatamente anterior al estreno hizo que saliéramos de la sala con un fuerte zumbido en los oídos, es decir, una sensación que creíamos reservada para los conciertos de rock.

Nuevamente, eso es algo que puede ser tomado de distinta manera por cada uno. Pero no estaría de más recomendarle al espectador que asista a las salas con un buen par de auriculares.

¿O será que ya estamos viejos?