Reseña de THE CABIN IN THE WOODS
Texto: Sergio Burstein

Este es el fin de semana perfecto para los amantes del género fantástico, porque marca el estreno de dos grandes películas: el ‘thriller’ de ciencia-ficción “Lockout” -que ya comentamos aquí- y “The Cabin in the Woods”, un trabajo que estremecerá de gozo los duros corazones de los amantes del terror extremo -pero todavía comercial-, ya que si bien empieza como la típica historia de serie B en la que un grupo de jóvenes se va de vacaciones al campo sin sospechar lo que le espera (“Evil Dead”), termina en una auténtica orgía de sangre que, esta vez, se encuentra presentada con un gran despliegue de presupuesto y con la participación de una cantidad impresionante de seres espeluznantes.
“The Cabin in the Woods” -dirigida por Drew Goddard (“Buffy”, “Cloverfield”) y escrita por él mismo en colaboración con Joss Whedon (director y guionista de la próxima “The Avengers”)- ha recibido ya reseñas entusiastas por parte de los críticos que han acudido a sus funciones adelantadas, pero esto no significa que sea para todo el mundo, claro. A pesar de que sigue siendo una obra del ‘mainstream’, lo que entre otras cosas significa que mantiene una línea narrativa muy clara y que no incurre nunca en técnicas experimentales, empuja los límites en lo que respecta al nivel de violencia, de sexo y de posibilidades terroríficas (porque da realmente miedo). Además, al igual que lo hace “Lockout” con la ciencia-ficción, emplea una infinidad de referencias del cine de terror que le parecerán repetitivas a algunos, pero que para los fans serán motivo de placer adicional. En todo caso, lo importante es que la historia cuenta con un giro de originalidad especialmente llamativo.
Si no quieren saber nada más de la película, les recomendamos saltarse lo que sigue e ir directamente a verla, porque contaremos aquí que la trama sobre “los chicos que se quedan en una cabaña y empiezan a ser atacados por fuerzas sobrenaturales” encuentra una vuelta de tuerca impresionante cuando el espectador se entera de que todos ellos están siendo observados como parte de un siniestro experimento. Lo interesante del caso es que los observadores y manipuladores (porque son capaces de afectar las situaciones que atraviesan los protagonistas con el empleo de diferentes recursos) no son los sujetos físicamente monstruosos y cubiertos por capuchas que se podría esperar, sino unos tipos “comunes y corrientes”, incluso carismáticos, que hacen apuestas no sólo sobre el destino de los cinco chicos mientras toman tequila, sino también sobre el de un número indeterminado de víctimas involuntarias que se enfrentan a criaturas distintas a lo largo y ancho del mundo, y que han sido enviadas por ellos mismos.

Este importantísimo detalle puede ser visto como una curiosa referencia a "The Office", pero no dejará tampoco de recordar lo que sucede en “The Hunger Games”, y es probable que los productores de “The Cabin in the Woods” se encuentren maldiciendo el hecho que la superproducción citada se haya lanzado antes que la suya; pero es necesario recordar que la presencia del “Big Brother” en las cintas del género no es un asunto nuevo, y que fue usada incluso de manera ambiciosa en un vehículo hollywoodense para Jim Carrey,“The Truman Show.” Lo bueno del filme que comentamos en esta página es que Goddard y Whedon (unas eminencias del género) se han preocupado por encontrarle un sesgo novedoso al asunto, llevándolo finalmente a una desafiante conclusión que no revelaremos. Además, algunos de estos ‘controladores’ son interpretados por estupendos actores, como es el caso de Sitterson, cuya caracterización cae en manos del veterano Richard Jenkins (“The Visitor”, “Step Brothers”).
Sea como sea, en la práctica, el dominio de los ‘controladores’ se manifiesta aquí con la liberación paulatina de una fabulosa galería de monstruos, que empieza con zombis y concluye con hombres-lobo, pero tiene en el medio a un conjunto interminable de creaciones propias que denuncian habitualmente sus orígenes de CGI, aunque resultan completamente verosímiles dentro de los parámetros del género y son generosamente mostradas en acción (una acción que, por supuesto, incluye el uso de una fuerza devastadora que se traduce en algunas de las escenas de ‘gore’ más espectaculares que se hayan visto en la historia del cine).
Por suerte, cuando la sangre cubre completamente la pantalla y no queda más que disfrutar del brutal espectáculo -o sentirse asqueado por él-, hemos tenido ya la oportunidad de identificarnos con los protagonistas y de sufrir a su lado, porque el guión los desarrolla con un esmero pocas veces visto en cintas semejantes. Ninguno de ellos es demasiado brillante, pero cada uno tiene una personalidad determinada, a pesar de que se inscriben también en el molde típico de los ‘slasher’ en los que el asesino empieza a matar a sus elegidos según un patrón específico (la chica promiscua, la virgen, el tonto). Por ese lado, y a pesar de su evidente uso de estereotipos, convence la pareja de Curt y Jules, los “novios bellos pero tontos”, interpretados por Anna Hutchinson (especialmente dada a una exhibición física de la que no nos quejamos) y Chris Hemsworth (el mismísmo “Thor”, en una faceta más anodina pero también muy muscular); pero nos gustaron mucho más los personajes de Dana (Kristen Connelly), la chica medianamente inocente que se convierte en inesperada heroína, y, sobre todo, el de Marty (Fran Kranz), un ‘stoner’ permanente que, a diferencia del papel que se le asigna normalmente a los de su "especie", es mucho más astuto de lo que los demás piensan (y es presentado además por primera vez mientras emplea un fabuloso ‘bong’ de varios niveles que le servirá más adelante para noquear a un zombi).
“The Cabin in the Woods” no revolucionará el horror fílmico, pero es una de las mejores cintas de esta escuela que hemos visto en los últimos años, y tiene asegurado un lugar de eterna gratitud en la lista de preferencias de los amantes del género que no se limitan a las películas puramente psicológicas -y que no le temen a la sangre ficticia-.
Se trata, en el fondo, de un homenaje sincero a las películas de los 80 que no pierde nunca de vista que ha sido hecho para la generación del 2012, y que nos deja con la impresión de una secuela asegurada. Esta vez, la idea no resulta desagradable.


















