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May
04

Reseña de FIRST POSITION

Redacción: MANGANZON

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Aunque no solemos ver muchos documentales, sabemos que ésta es una estrategia que se ha venido empleando frecuentemente en trabajos similares durante los últimos tiempos. La vimos en “Make Believe” (sobre magos adolescentes) y “Comic-Con Episode IV: A Fan’s Hope” (sobre los asistentes a la convención de historietas más famosa del mundo), y consiste en elegir a unas cinco o seis personas de distintas áreas y orígenes étnicos pero con un fin en común, que involucra una competencia final en la que habrá de algún modo ganadores y perdedores.

Por ese lado, “First Position”, que se estrena hoy de manera limitada en Los Angeles y Nueva York, para llegar luego de manera progresiva a otras ciudades [vayan aquí para encontrar los detalles], escoge a seis adolescentes, entre los 11 y los 17 años de edad, que se encuentran interesados en destacar dentro del ballet profesional, y los filma por separado desde la preparación que hacen para un importante evento hasta la conclusión del mismo.

Sin mostrar nada abiertamente extraordinario, la película genera interés por tratar un tema que no se emplea frecuentemente en el cine; la última vez que lo vimos, contó con un tratamiento más bien truculento en las manos de Darren Aronofsky y su impresionante “Black Swan”. Pero lo más llamativo para nuestros lectores latinos se encuentra probablemente en la participación de un concursante colombiano, Joan Sebastian Zamora (16), cuya simple presencia nos permite tener alguna aproximación a las costumbres hispanas (hay una escena entera que se desarrolla en su Cali natal), y que sirve también para aludir de algún modo (no demasiado profundo, por cierto) a los prejuicios que siguen existiendo en nuestra cultura machista en relación a una disciplina que muchos consideran inadecuada para los varones.

1st_position_2Por supuesto, en vista de la abundancia de ‘protagonistas’, “First Position” (que alude a la postura básica del ballet sobre la que desarrollan los demás movimientos) no ahonda demasiado en los evidentes conflictos y dudas de sus participantes, como ocurre también en los trabajos de ficción cinematográfica con muchos personajes principales (si no nos creen, vayan a ver “The Avengers”, algo que probablemente harán de todos modos).

Pero la directora Bess Bargman logra trazar con suficiente detalle el perfil de cada uno de sus seis elegidos, lo que nos permite, por ejemplo, sentirnos muy cerca de Michaela DePrince (14), quien nació en Sierra León, perdió a sus padres en la guerra, fue adoptada por una pareja judía de ancianos de Filadelfia y se empeña en mantener vivo su sueño, a pesar de los prejuicios sobre las bailarinas de ballet negras y de sufrir una enfermedad que ha dejado manchas permanentes en su piel; o distanciarnos quizás un tanto de Aran Bell (11), quien parece tener todos los medios económicos a su favor, pero que posee sin duda una férrea disciplina, un instructor despiadado que le exige lo mejor, un gran carisma y, sobre todo, una técnica absolutamente sorprendente para su edad.

Lo cierto es que ninguno de los presentes se encuentra completamente exento de interés, ya se trate de Rebecca Houseknecht (17), una preciosa rubia que lidia con la necesidad de tener una vida normal en la escuela; de Miko Fogarty (12), una pequeña maravilla del ballet cuyo hermano Jules (10) parece no encontrarse igualmente interesado en la danza, aunque su madre lo presiona a practicarla también; y hasta de Gaya Bommer Yemini (11), una encantadora niña israelí con la que Aran traba una amistad cercana luego de encontrársela en todos los eventos en los que participa.

Como es de esperarse, el momento culminante es de la gran competencia, en este caso, el Grand Prix Youth America, que marca el destino de los bailarines profesionales en los Estados Unidos. Es probable que el camino que conduce hasta el final resulte un tanto arduo para el espectador que no se interese realmente en esta actividad. Pero Bargman (que tiene antecedentes como periodista y que debuta aquí en la dirección) filma con energía y creatividad todo el proceso, y lo hace desde el inicio mismo, cuando presenta un primer vistazo al fenómeno con el empleo de una cámara a ras del suelo que le permite ubicarse al nivel de los instrumentos más preciados (y más comprometidos) de estos bailarines: sus pies.la-ca-0410-first-position-023.jpg-20120503

Por lo general, las rutinas de la competencia decisiva se muestran de manera mucho menos vistosa, marcadas sin duda por la imposibilidad de situar la cámara en posiciones que obstaculizaran el proceso; pero lo captado permite de todos modos apreciar con precisión las innegables virtudes de estos danzantes.

En otros momentos, en cambio, se logran momentos de gran poesía visual, probablemente guiados por el talento del director de fotografía Nick Higgins (quien trabajó también en el documental de la Comic-Con que mencionamos al inicio); no hay que ser latino para apreciar la magnífica escena en la que Joan Sebastian baila mientras tiene como fondo el ambiente modesto pero tremendamente colorido de su vivienda familiar en Cali, ni hay que gustar necesariamente de la “alta cultura” para sentir placer ante la música clásica que acompaña los gráciles e impetuosos movimientos de estos esforzados bailarines.

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