Reseña de GIRL IN PROGRESS
Texto: Sergio Burstein
Patricia Riggen, una realizadora mexicana que estudió cine en los Estados Unidos y que vive ahora en Los Angeles, se dio a conocer hace algunos años con “La misma luna”, una película que trataba el tema de la inmigración indocumentada de modo distinto, ya que lejos de enmarcarse en la tragedia con que se le suele presentar en la pantalla, supo encontrarle un lado más humano y sentimental.
En esa cinta, que recordaba mucho a la trama de la novela “De los apeninos a los andes”, que inspiró a su vez a la recordada serie animada “Marco”, un niño viajaba ilegalmente desde su México natal hasta Los Angeles, con el fin de reunirse con su madre, a la que no había visto en mucho tiempo y que se encontraba trabajando del mejor modo posible en la urbe angelina.
La película, que no dejó de lado la manipulación sentimental en la que incurren muchos directores, tenía sin duda buenas intenciones, y es probable que haya conmovido de algún modo el duro corazón de los ‘gringos’ que pudieran verla cuando se estrenó por aquí, porque el sufrimiento de un pequeño es una herramienta casi infalible para seducir a la platea. Sin ser una visión plenamente realista de los hechos, dio cuenta de una efectiva combinación entre el interés social y las convenciones cinematográficas que se retoma de algún modo en el segundo esfuerzo cinematográfico de largo aliento de Riggen, “Girl in Progress” (su segundo filme, “Lemonade Mouth”, se hizo exclusivamente para la televisión).

En una entrevista que le hicimos recientemente y que publicamos ya aquí, la directora nos contó que su propuesta es hacer cine hollywoodense con temáticas latinas, lo que da un claro indicio del artificio en el que caen sus obras, marcadas a veces por escenas desmedidas y un tanto inverosímiles. Pero “Girl in Progress”, que se estrena hoy, parece buscar un tono más realista, lo que no tiene que ver necesariamente con la intención de Riggen, porque el guión fue escrito por el dominicano Hiram Martínez (aunque ella misma le hizo varias modificaciones).
El lado más creíble de la historia es el de una madre y de una hija que viven juntas pero que no comparten casi nada más, sobre todo porque la primera la tuvo siendo muy joven, se ve obligada a trabajar en dos turnos y -lo que es más interesante- no ha renunciado a sus naturales ímpetus amorosos, aunque estos la han llevado a mantener una poco afortunada relación con un hombre casado (Matthew Modine).
Pero, más que centrarse en la mujer (que se llama Grace y es interpretada por la guapa Eva Mendes), la cinta adopta frecuentemente el punto de vista de la jovencita, Ansiedad (que tiene un nombre muy curioso pero posible en nuestra comunidad, y que es encarnada por Cierra Ramírez, quien debuta con esto en la pantalla grande). Es indudable que, a diferencia de “La misma luna”, este relato le dio a Riggen la oportunidad de explorar con mucha más intensidad el universo femenino, y de hacerlo además a través de dos generaciones distintas; es probablemente allí donde se encuentra el punto más fuerte de su planteamiento.
Esto no quiere decir necesariamente que le atine siempre al sapo. Por lo general, su presentación de los problemas que atraviesan los personajes (que resultan completamente posibles) resulta demasiado didáctica e impuesta, como si desconfiara de la capacidad de la audiencia para entender sutilezas y sacar conclusiones propias; y la estrategia de Ansiedad para atravesar rápidamente los “ritos de pasaje” que le enseña un profesor poseen un carácter de artificio más propio de una fábula que de un drama social (que era lo que este filme parecía en un inicio).
Ramírez es una adolescente entusiasta, bonita y carismática, y su naturalidad ante la cámara indica la posibilidad de una carrera productiva; además, su complicada relación de amistad con su compañera más cercana (Raini Rodríguez) se encuentra bien planteada. Pero lo que ocurre con su personaje luce demasiado desconectado (incluso para los fines evidentes de la trama) de lo que pasa con su madre, que lidia con la poca constancia de su novio y con el discreto acoso de un mozo que trabaja en el mismo restaurante que ella, y que está desempeñado con seriedad y esmero por el comediante Eugenio Derbez (quien hizo también un papel dramático en “La misma luna”).
“Girl in Progress” se estrena el fin de semana correspondiente al Día de la Madre, y es probable que esto la vuelva llamativa para muchas mujeres que pueden sentirse identificadas con las vivencias de Grace y que, además, deseen establecer algunos vínculos comunicativos con sus propias descendientes en “la edad difícil”. Pero no sabemos realmente cómo funcionará entre la comunidad latina, al menos la hispanohablante, porque se encuentra hablada en inglés, ya que sus protagonistas le pertenecen aparentemente a una segunda o tercera generación de méxico-americanos.
En todo caso, no decepcionará a los que quieran ver un producto de entretenimiento con una modesta carga social y una participación breve pero sustanciosa del músico regional Espinoza Paz, quien presenta una de sus canciones en medio de una fiesta familiar a la que acude Grace, invitada por el personaje de Derbez. Además, por más descuidada que se vea, Eva sigue siendo de lo más atractiva.














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