Reseña de HICK
Texto: Sergio Burstein

Este fin de semana trae varias casualidades llamativas en el mundo del cine. En primer lugar, Chloë Moretz, quien no es todavía extremadamente popular, pero que a sus escasos 15 años de edad ha protagonizado ya dos proyectos que llamaron mucho la atención (la comedia de superhéroes para adultos “Kick-Ass” y el ‘remake’ estadounidense de la cinta de vampiros sueca “Let the Right One In”), tiene dos estrenos simultáneos: uno es la gran producción hollywoodense “Dark Shadows”, que reseñamos ya aquí, y el otro es una película extremadamente independiente, “Hick”, que se ha lanzado únicamente en una sala de Los Angeles (AMC Loews Broadway 4, en Santa Mónica), pero que se puede ver también a través de la modalidad casera de Video On Demand.
La otra casualidad es que esta misma cinta toca de manera más o menos cercana un tema que se encuentra igualmente planteado en otro estreno de la semana, “Girl in Progress” [lee aquí nuestra reseña], pero con un tono y un desarrollo narrativo completamente opuestos. Mientras que la segunda cinta adopta una ruta optimista y cercana al cuento de hadas (su protagonista, que tiene 13 años -como la de “Hick”-, busca hacer muchas cosas malas, pero nunca lo consigue), ésta asume el estilo desafiante y brutal del ‘indie’ menos complaciente, hasta el punto de generar también una sensación de irrealidad ante la exageración.

Eso la hace también mucho más polémica, por supuesto, porque el personaje de Luli, que se escapa de su casa debido a la evidente falta de interés de su alocada madre (interpretada de manera naturalmente convincente por Juliette Lewis), se mete involuntaria pero despreocupadamente en un mundo de adultos descarriados en el que no faltan el sexo, las drogas y el rock’n’roll (presentado por primera vez a través del tema “Crimson and Clover”, de Joan Jett, aunque la verdad es que lo que más se escucha en la banda sonora es la música del gran Bob Dylan en su vertiente acústica).
Ya hemos leído, de manera poco exhaustiva, un par de críticas que han cuestionado intensamente esta película por considerarla prácticamente un producto de explotación. Esos comentarios parecen basarse en el hecho de que el director Derick Martini (“Lymelife”) ha filmado a una púber femenina enfrentada a situaciones de alto riesgo sexual y, además, en actitudes especialmente provocativas, lo que la relaciona de hecho con otro filme controvertido, “Hounddog” (en el que una Dakota Fanning de 13 años –parece ser la edad 'mágica'- era violada).
Pero no encontramos justificación en estas acusaciones, porque al igual que ocurría en “Hounddog”, la protagonista de “Hick” no es presentada ante la cámara con intenciones de provocar al espectador en el plano erótico, sino de mostrar situaciones que se producen realmente ante la llegada de la adolescencia femenina en lugares donde las condiciones de vida son particularmente difíciles.
“Hick” tiene momentos decididamente polémicos (hay una escena entera en la que Luli aparece en calzones mientras amenaza a alguien con un arma, y otra en la que una mujer que la recoge en el camino la hace aspirar unas líneas de coca), y estos parecen buscar expresamente la incomodidad de quien los las ve; pero, en medio de su sordidez, la historia -que se basa en una exitosa novela semi-autobiográfica, escrita por Andrea Portes, quien se encargó a su vez del guión- no deja nunca de lado el aspecto del entretenimiento y trabaja muy bien el sentido del suspenso, estableciendo una interesante dinámica entre Luli y Glenda (la mujer de la que acabamos de hablar, y que es interpretada por Blake Lively) y entre la misma Luli y Eddie, un aspirante a ‘cowboy’ con una marcada cojera (encarnado por Eddie Redmayne). Todos son sin duda excelentes actores, y es necesario resaltar que Redmayne hace de vaquero estadounidense con una verosimilitud que llama más la atención cuando se sabe que su origen es inglés.
En determinado momento, se hace claro que lo que ocurre es una bomba a punto de explotar, lo que no hace que nos encontremos ante una narración impredecible, a pesar de que las sorpresas no cesan; pero lo que cuenta aquí son los arrebatos de tensión incontenible y el modo convincente en que se desarrollan muchas de las conversaciones, guiadas por el carisma y el aplomo de Moretz, cuya notable expresividad queda reflejada en los numerosos primeros planos que se hacen de su rostro (y no de su cuerpo).
La trama desemboca en un desenlace descontrolado que, sin pretender adelantar demasiado, se inscribe en un estilo semejante al de la también cuestionada “Black Snake Moan”, donde Christina Ricci aparecía de pronto encadenada ante la decisión arbitraria de un misterioso captor. Dichos momentos excesivos (en el plano dramático, porque no se muestra nada explícito en términos sexuales) no son siempre fáciles de procesar, y colaboran para lograr que “Hick” sea lo que es: una cinta imperfecta, pero sin lugar a dudas cautivadora.













