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May
26

Reseña de CHERNOBYL DIARIES

Texto: Sergio Burstein

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A estas alturas, ya parece ser oficial: Chernobyl Diaries es el patito feo de los estrenos de este fin de semana. Sólo así se entiende que haya sido ignorada en los listados de reseñas de dos de los medios impresos más importantes del Sur de California, Los Angeles Times y L.A. Weekly, como probable consecuencia de una falta de funciones de prensa para ellos que refleja a su vez la falta de confianza del estudio productor (Paramount) en el lanzamiento.

No hay que echarle completamente la culpa a los ejecutivos por la decisión, porque durante una proyección especial a la que sí se nos invitó (debido a que íbamos a tener una entrevista con el productor y guionista Oren Peli que publicamos ya aquí), varios de los asistentes se rieron con sorna en algunas escenas del filme, y el tipo que teníamos al lado se pasó toda la segunda parte “texteando” en su maldito celular, aparentemente como muestra de desprecio ante lo que pasaba en la pantalla. Pero nosotros no descartaríamos tan fácilmente a la película.

En realidad, más allá de su premisa original pero sensacionalista, “Chernobyl Diaries” tiene un inicio de lo más intrigante y, sobre todo, un estilo visual que, por más apegado que se encuentre a los lineamientos de Peli, da cuenta del talento cinematográfico de su director Brad Parker (quien debuta en el cargo, aunque había tenido antes al mando la segunda unidad de la notable aventura vampírica “Let Me In”) para la elaboración de atmósferas aterradoras y de tomas particularmente creativas, en las que se recurre al ‘gore’ de manera muy mesurada.

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Si la cinta cae de manera clamorosa con el paso de los minutos, la responsabilidad se encuentra probablemente en los hombros de Peli y de sus otros dos co-guionistas, Carey Van Dyke y Shane Van Dyke, ya que no fueron capaces de mantener la historia dentro de cauces mínimamente realistas ni de conservar el interés en algo que, tal y como está, no daba más que para un cortometraje.

Los títulos del terror fílmico que han llamado realmente la atención en los últimos años son los que se han esmerado por plantear ideas originales para su desarrollo, y en ese sentido, “Chernobyl Diaries” encuentra una minita de oro en una locación real que nadie parece conocer fuera de Rusia: Prypiat, una ciudad que tuvo un desarrollo constante hasta mediados de los 80, pero que, inmediatamente después del desastre nuclear de la planta de Chernobyl, que se encontraba al lado (y que fomentó de hecho su fundación), fue evacuada de manera súbita e inmediata, lo que la convirtió en una suerte de enorme ‘pueblo fantasma’ en el que quedaron abandonados enseres domésticos, ropas y toda clase de objetos familiares, además de las infraestructuras típicas de una urbe moderna.

En la película, un grupo de seis jóvenes (mayormente estadounidenses, aunque hay también por ahí una pareja de europeos) contrata un tour de “turismo extremo”, una modalidad real en la que los visitantes a ciertos lugares son llevados de manera prácticamente ilegal a parajes a los que no deberían entrar debido al riesgo que implican. Aunque un poco de investigación nos llevó a descubrir que actualmente es posible visitar Prypiat de manera oficial, parece que los recorridos tienen reglas muy estrictas y restricciones frecuentes según la temporada (la radiación no ha desaparecido por completo), por lo que la idea de base de la cinta no resultaba descabellada.

De hecho, los momentos más fascinantes del trabajo se producen apenas los turistas llegan a la ciudad, acompañados por un guía local (interpretado con dignidad por Dimitri Diatchenko). Según nos contó Peli, el rodaje no pudo hacerse en la locación verdadera debido a diversas razones, por lo que todo tuvo que recrearse en zonas de Belgrado, Serbia y Budapest; y aunque no conocemos Prypiat (evidentemente), la sensación de realidad es incuestionable, porque los productores se tomaron incluso el trabajo de reconstruir de manera digital la fantasmagórica rueda de Chicago que se encuentra realmente allí.

CD2Una vez que el breve recorrido ha terminado y que los turistas se encuentran conminados a salir para no exponerse a niveles graves de radiación, ocurre lo que se esperaba: la camioneta del guía no funciona. A partir de ese momento, nuestros amigos se ven expuestos a una serie de amenazas cada vez más intensas que, en un principio, lograron ponernos los pelos de punta, sobre todo cuando el aterrado grupo se encuentra confinado al automóvil y empieza a sufrir los primeros estragos del ataque.

Sin embargo, poco a poco, el asunto empieza a tornarse más y más inverosímil, porque casi todos los personajes comienzan a hacer lo que hacen en las películas malas de terror, es decir, meterse de manera intencional en la boca del lobo, lo que en este caso no se limita al campo desolado que los rodea, sino también a los edificios abandonados. Colocarlos en medio de estos espacios no es una mala idea, porque le brinda nuevas posibilidades al suspenso y al horror, pero sí lo es no encontrar razones válidas para el desplazamiento.

Recientemente tuvimos la posibilidad de ver en video “The Grey”, una estupenda cinta de Joe Carnahan en la que Liam Neeson guía a un grupo de sobrevivientes de un accidente aéreo en medio de una estepa helada y de la persecución implacable de unos lobos salvajes. No es exactamente una cinta de terror, claro, pero funciona porque tiene a sus protagonistas haciendo lo que haría cualquier ser humano razonable en una situación así: escapar.

Se preocupa también por desarrollar correctamente a estos individuos, lo que no sucede en “Chernobyl Diaries”. Por lo que tenemos entendido, esta película le dio mucho espacio de improvisación a sus desconocidos actores (entre ellos, Jesse McCartney y Jonathan Sadowski), pero está claro que la estrategia no fue del todo acertada, porque fuera de la dinámica existente entre dos hermanos que son completamente distintos y que no se toleran demasiado -pero que, curiosamente, van juntos para todos lados-, no logramos encontrar conexiones humanas que nos lleven a sentir empatía por unos tipos que, tal y como están diseñados, lucen bastante estúpidos.

En concordancia con el estilo impuesto por Peli desde la primera “Paranormal Activity” (que él mismo escribió y dirigió), esta cinta se encuentra filmada a la usanza del ‘cinéma vérité’, aunque prescinde de la técnica del ‘material encontrado’. A diferencia de otras personas, que se encuentran cansadas de la estrategia, es algo que no nos molesta; pero el problema aquí es que el recurso no es capaz de ocultar las serias deficiencias de un guión que tuvo que ser mucho mejor para aprovechar las indudables cualidades artística de Parker.

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