[Hola México Fest] Reseña de ¿ALGUIEN HA VISTO A LUPITA? (hoy a las 4.30 y mañana a las 7 pm)
Texto: Sergio Burstein
Debido a la situación que se vive actualmente en México, el cine de ese país viene empleando en muchos de sus títulos el tema de la violencia, cada vez más alarmante en algunas de las regiones del país vecino. Pero los organizadores de la cuarta edición del Festival de Cine Hola México han logrado armar un programa en el que los asuntos tratados resultan bastante diversos. Si bien la noche de apertura estuvo dedicada a la ruda “Días de gloria” y el evento ha incluido también otros filmes de tendencia oscura como un documental sobre curas pederastas (“Agnus Dei, Cordero de Dios”) y otro que cuestiona el sistema educativo público de allá (“De panzazo”), no han faltado títulos más relajados como “Aquí entre nos” (una comedia de tinte familiar), así como el que comentamos en estos párrafos, “¿Alguien ha visto a Lupita?”, y que se ubica curiosamente al medio. Lo hace porque tiene una temática supuestamente compleja (la de una muchacha con problemas mentales que se escapa de su casa), pero un tratamiento absolutamente ligero en el que se insinúan algunos comentarios sobre las situaciones sociales que se viven en México -se presenta al menos una escena desarrollada en medio de una batalla callejera relacionada al narcotráfico-. Para ser claros, “¿Alguien ha visto a Lupita?” se encuentra muy lejos de ser una gran película, y no necesariamente por su combinación de géneros, sino por su avasalladora superficialidad. No se podría tampoco haber esperado mucho más de una historia que se encuentra protagonizada por Dulce María, quien, por si no lo saben hasta ahora, es conocida por su papel en telenovelas y por haber formado parte de RBD, uno de los grupos más exitosos (y más plásticos) de la escena reciente del ‘pop’ latino. De todos modos, había ciertas esperanzas, porque la cinta fue dirigida y co-escrita por Gonzalo Justiniano, un eficiente y constante trabajador del cine chileno que firmó una obra tan recordada como “Amnesia” (1994), pero que en los últimos años parece haberse refugiado en un estilo intrascendente (su anterior producción mexicana, “Lokas”, fue duramente vapuleada por la crítica latinoamericana). “¿Alguien ha visto a Lupita?” no parece indicar una gran mejoría, aunque, como suele suceder en muchas de las películas de Justiniano, posee un germen que daba para un desarrollo más exhaustivo y quizás apasionante, es decir, el de los desarreglos psicológicos en personas de México. El problema principal es que vuelve a jugar la carta de la escuela telenovelera, de lo burdo y de lo inverosímil, no sólo porque la inmensa mayoría de sus situaciones son poco o nada creíbles, sino porque tampoco es posible imaginar que la protagonista es una chica que sufre de estas limitaciones. Claro que, dentro de todas estas limitaciones, los mexicanos podrán sentir algún interés por ver el modo en el que un realizador sudamericano retrata a su país, y esto se nota en algunas tomas interesantes, de tinte casi documental, en el que se ven puestos callejeros de tacos y varias locaciones de paso, en concordancia con el estilo de ‘road movie’ que posee a veces el trabajo. Pero, una vez que la cámara se detiene (y esto es un decir, ya que se emplea mucho la cámara en mano), las acciones de los personajes se vuelven más y más inconsistentes, como ocurre en los momentos en los que Lupita empieza a convertirse en “una santa” debido a una serie de casualidades que no tienen ni siquiera la ventaja de resultar cómicas. En medio de su escape, Lupita conoce a Chepita, una mujer mayor y desenfadada cuya presencia puede causar reacciones opuestas, dependiendo del gusto o disgusto que se sienta ante la actuación de quien la interpreta: la veterana Carmen Salinas. En el filme, Salinas tiene carta blanca para todo, lo que la lleva a emplear el lenguaje crudo y directo que podría esperarse de sus labios y a imponer su propia versión de la mexicanidad callejera. Queda en el espectador decidir si se trata de un aporte positivo o nefasto para una obra que, en realidad, no tiene mucho que ofrecer para los que no se conformen con ver a Dulce María en vestidos cortos, enseñando muslos y escotes, y que no mejora en ese sentido con la poco necesaria presencia del actor chileno Cristián de la Fuente en el papel de su irresponsable hermano. 

Y es que Dulce María (quien hace de Lupita, por supuesto) luce siempre fresca, hermosa, cuidada y bien vestida, hasta el punto de que combina los colores de sus prendas de vestir de manera profesional, a pesar de que anda supuestamente en la luna -e incluso cuando se encuentra en medio de la fuga, luego de haber dormido en la parte trasera de un camión-. Habría que ser un cínico para dejar de reconocer que la dama está preciosa, que a pesar de tener 26 años luce de algún modo verosímil como adolescente y que sus fans se sentirán sin duda entusiasmados al verla de este modo en la pantalla grande -sensual y carismática-; pero habría que ser también ciego para dejar de ver los profundos errores narrativos de una cinta que no contribuye a esclarecer los importantes problemas que pasan rozando su coraza.



















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