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Jun
15

Reseña de ROCK Of AGES

Texto: Sergio Burstein

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A estas alturas del partido, es difícil que hasta los fans más devotos de las corrientes oscuras del metal asuman una actitud abiertamente hostil ante "Rock of Ages". De haberse estrenado durante la época en la que se desarrolla, a mediados de los 80, la película hubiera sido probablemente tachada de 'posera'; pero el benévolo paso del tiempo le ha dado al Sunset Strip y a su escandalosa movida un aura mítica de la que pocos fans del rock se pueden librar.

Y es que cualquiera de ellos tiene que haber escuchado en algún momento de su vida -y gozado al menos mínimamente- todas o casi todas las canciones que se encuentran generosamente distribuidas a lo largo de su metraje, y entre las que se encuentran títulos de Guns N' Roses, Def Leppard, Twisted Sister, Poison, REO Speedwagon y otros artistas.

Pero eso no es todo, porque a excepción de las contadas ocasiones en las que se escuchan las versiones originales, los emblemáticos temas llegan interpretados por los miembros del reparto, lo que le da una curiosa apariencia de autenticidad a una cinta que en realidad está lejos de ser una creación original, aunque se las ingenie a veces para encontrarle un giro interesante las viejas canciones, como ocurre durante el entretenido 'mash-up' de "Juke Box Hero" de Foreigner y "I Love Rock'n'Roll" de Joan Jett.

Esta decisión permite además que el espectador se sorprenda con las insólitas interpretaciones vocales de algunos de los involucrados, sobre todo cuando se trata de celebridades. Ahí está, por ejemplo, la de Catherine Zeta-Jones, quien encarna a la esposa de un político conservador que quiere eliminar el rock y que, además de lucir estupenda a sus 42 años de edad, prueba ser una excelente cantante (al menos de estudio) durante una vibrante interpretación de "Hit Me with Your Best Shot" -popularizada por Pat Benatar- que la encuentra rodeada de otras beatas alborotadas, en una escena memorable que despertó aplausos de los que nos acompañaban en la función de prensa.

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Pero todo el mundo se encuentra indudablemente más interesado en saber cómo lo hace Tom Cruise, la superestrella del cine que, en este caso, se transforma en un "dios del rock" que exhuma sexualidad y seduce a las masas. El hombre cumple con la parte física de maravilla, exhibiendo una energía que se nota en cada uno de los supuestos conciertos en vivo, y luce por lo general un canto mucho más efectivo del que se podría esperar, amparado en un registro agudo que le permite alcanzar incluso notas difíciles.

Los que curiosamente no se encuentran a la misma altura de las circunstancias son los jóvenes protagonistas, Diego Boneta y Julianne Hough, a pesar de que ambos tenían experiencias musicales previas. Ninguno de ellos es realmente malo cantando, pero los dos manejan estilos que parecen mucho más inclinados al pop comercial actual que al rock de cualquier época, cuando sus roles demandaban cierta legitimitidad.

En ese sentido, no ayuda que lleguemos a la sala con el prejuicio de saber que Boneta (nacido y criado en México) estuvo en la telenovela "Rebelde", y que ha lanzado un par de álbumes como solista que son -qué más?- intensamente 'poperos'. Pero insistir demasiado en estas consideraciones sería ignorar que esto es un juego de nostalgia fácil pero efectiva en el que lo que menos importa es la seriedad, y que tiene que verse de ese modo para ser disfrutado.

ROA_res3Además, la narrativa, tal y como se encuentra manejada por Adam Shankman (autor del 'remake' de "Hairspray") no es tan tonta como se presagia, porque posee algunos interesantes recursos autoreferenciales que sorprenden, como el momento en el que un empleado mexicano de un club nocturno le habla en español a Boneta y éste le responde: "I don't understand" (su personaje, llamado Drew Bowley,  es completamente'anglo'), o la escena en la que la figura de Hough -exquisita, por cierto- se sobrepone a la carátula del 'long-play' de "Footloose" (la actriz fue la protagonista femenina del reciente 'remake') mientras recorre la ahora desaparecida tienda de Tower Records en Sunset.

Por su lado, la relación entre los personajes de Alec Baldwin (Dennis Dupree, el dueño del club de la cinta) y Russell Brand (Lonny Barnett, su asistente más cercano) es también un acierto, ya que si bien se resuelve de manera demasiado ostentosa, funciona debido a la enorme gracia de los dos intérpretes, responsable de algunos de los momentos más divertidos de la película.

Si hemos dejado hasta ahora de lado la trama es porque, francamente, resulta lo más intrascendente un ya ligero conjunto. Entre canción y canción, apenas hay tiempo para esbozar una historia en la que un chico de ciudad (Boneta) se enamora de una chica de pueblo (Hough), como en "Don't Stop Believin' " de Journey, una pieza cuya referencia es tan evidente que se interpreta no una, sino dos veces, mientras el jovencito de marras busca convertirse en una estrella del rock, a imagen y semejanza de Stacee Jaxx (Cruise).

Por supuesto, ninguno de estos personajes entona una sola canción original, aunque se supone que todas les pertenecen; pero eso es algo que le importará un comino a los chicos y las chicas superfluos que vayan a ver la película y de lo que ya están advertidos los rockeros más sesudos, quienes, por supuesto, saben bien que "Rock of Ages" es la transcripción fílmica de un musical de Broadway con varias melodías cursis, un puñado de grandes himnos, un saludable sentido de la diversión y ninguna pretensión alternativa.

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