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Jun
22

Reseña de TO ROME WITH LOVE

Texto: Sergio Burstein

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Si “Midnight in Paris” fue una película tan buena que logró probablemente conquistar los corazones de muchos de los que no son devotos completos del estilo de Woody Allen, a pesar de que no se trataba de una cinta abiertamente comercial, “To Rome with Love” -que tuvo su premiere local durante la apertura del LA Film Fest, como se puede leer aquí- es uno de esos títulos del realizador neoyorquino que le sientan mejor a los que apoyan de manera casi permanente su prolífica carrera.

Lo cual quiere decir, en otras palabras, que no es una película brillante, pero que posee sin duda muchos de los elementos que pueblan el universo Allen y que le harán pasar un buen rato a quienes disfrutan de éste. Lo primero y quizás más importante que estos fans deben saber (y que ya probablemente saben) es que encuentra al veterano director nuevamente como intérprete, para encargarse de uno de esos papeles nerviosos y cínicos, pero igualmente encantadores, que tan bien sabe interpretar -y que a veces parecen tener tanto que ver con su propia personalidad-.

En "Rome", Allen se convierte en Jerry, un  tipo obviamente maduro, pero bastante más seguro de sí mismo que sus interpretaciones habituales, hasta el punto de que le cae pesado a muchos de los que lo rodean, incluyendo a su esposa Phyllis (la gran Judy Davis, en un papel pequeño pero valioso), al novio de su hija (Flavio Parenti, en abierto plan sindicalista) y al padre de éste, Giancarlo (Fabio Armiliato, un renombrado tenor en la vida real).

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Si se confundieron ya con esto, esperen a saber que lo dicho se refiere únicamente a la primera historia, y que incluso en ella las cosas no quedan allí, porque, a pesar de las desavenencias iniciales, Jerry y Giancarlo emprenden pronto un provechoso negocio, luego de que el primero (un devoto de la música clásica) descubre que el segundo, que trabaja en una agencia funeraria, se convierte en un cantante extraordinario de ópera... siempre y cuando se encuentre bajo el chorro de una ducha.

No podemos dar explicaciones similares de todos los relatos paralelos, porque terminaríamos aburriéndolos. Pero es necesario decir que hay tres más: el de un tipo simplón (Roberto Benigni) que se vuelve súbitamente famoso sin motivo alguno; el de un joven (Jesse Eisenberg) en una relación aparentemente estable que cae rendido ante los encantos de la sensual amiga de su novia (Ellen Page); y el de un pueblerino recién casado (Alessandro Tiberi) que es visitado accidentalmente en su cuarto de hotel por una prostituta de lujo (Penélope Cruz) mientras su esposa (Alessandra Mastronardi) se pierde en las laberínticas calles de la gran Roma.

Todo esto indica que estamos ante una comedia de enredos en la que la experiencia del realizador y su habilidad para desarrollar guiones que no resulten banales producen a veces resultados notables y, por supuesto, momentos de gran comicidad, como el modo en el que Jerry supera la imposibilidad de Giancarlo de presentar su 'bel canto' en condiciones normales; la coincidencia que obliga a los personajes de Cruz y de Tiberi a fingir que ella es la novia real del segundo ante su familia; y las situaciones cada vez más absurdas en las que se ve metido Benigni, como si se encontrara en un episodio de “Twilight Zone”.

Rome3En concordancia con una decisión ya no tan reciente de desarrollar historias lejos de los confines de su Nueva York natal -de la que no se desprendió en la mayoría de su obra-, Allen filma todo el proceso en los majestuosos rincones de la capital italiana, lo que lo lleva a emplear muchos exteriores y a aprovechar algunas de las maravillas arquitectónicas ancestrales que la distinguen. El tributo se extiende a una escena en la que la mujer de Tiberi se ve involucrada en un rodaje callejero que la lleva a conocer a figuras legendarias del cine de allá, cuyos nombres se cambian, pero que son interpretadas por estrellas de verdad, como Ornella Mutti y Antonio Albanese.

Como se podrán entonces imaginar, esta "Rome" tiene muchos encantos y secuencias placenteras, así como una constante combinación de diálogos en inglés y en italiano; pero no resulta completamente lograda. Aunque Allen ha manejado ya varias veces grandes repartos, tanto en su nivel como en su extensión, no recordamos haberle visto antes ningún filme en el que las historias se encontraran completamente desconectadas, como ocurre aquí (el único punto narrativo en común es Roma).

Cada una de las tramas posee un gran potencial y todas son inicialmente muy entretenidas, pero el paso de los minutos hace que su interés empiece a decaer, sobre todo en el caso de la de Benigni y en la del operático agente funerario, a pesar de que ya hemos citado las virtudes de la primera y es justo reconocer que el protagonista de "La vita è bella" luce mucho menos sobreactuado que de costumbre en la segunda.

Llega un momento en el que, en medio de los diálogos ingeniosos y de los personajes carismáticos, se siente que algunas de las historias, independientemente tomadas, sólo daban para un cortometraje. E incluso la más afortunada -es decir, la del arrebatado romance entre Eisenberg y Page, que es una verdadera fuerza de la Naturaleza-, incluye un giro medio sobrenatural a lo "Midnight in Paris" que puede considerarse innecesario, aunque posea la incuestionable virtud de introducir en el elenco al gran Alec Baldwin.

Sea como sea, y aunque no nos dejó completamente satisfechos (los desenlaces tampoco ayudan), sería raro para nosotros decir que "Rome" es un título menor de Allen, porque no hay nada pequeño en su reparto, en sus pretensiones narrativas y, por supuesto, en su portentoso coliseo. Además, somos de esos que disfrutan de todas las películas del maestro, por si no se han dado ya cuenta.

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