Reseña de TOTAL RECALL
Texto: Sergio Burstein

Se diga lo que se diga, la versión original de “Total Recall", es decir, la de 1990, está lejos de ser una obra maestra del cine o de la ciencia-ficción. Aunque su director fue Paul Verhoeven, el cineasta holandés que sólo tres años antes había sorprendido a los fans del fantástico en el mundo entero con su magnífico y feroz "Robocop", la cinta protagonizada por Arnold Schwarzenegger era bastante menos compleja en su manejo de temas y en su aspecto visual, hasta el punto de que algunos la vieron casi como un producto de serie B.
Pero eso no quiere decir que fuera mala ni que le faltaran encantos. A pesar de que algunos de sus efectos y elementos lucían precarios incluso para la época y de que ni siquiera Verhoeven fue capaz de darle mucha vida a la actuación del inerte Arnie, poseía una cualidad gozosa y profundamente tributaria de las producciones de los 50 que no pasó desapercibida para quienes le otorgaron luego un status de culto.
Pero no sabíamos realmente que tuviera tantos seguidores, como lo pudimos notar ante las numerosas reacciones airadas que se empezaron a presentar cuando se anunció que la película iba a someterse al tratamiento del ‘remake’, es decir, a una estrategia que suele ser el blanco favorito de quienes acusan a Hollywood de falta de ideas y de repetir una y otra vez el mismo esquema que les funcionó a sus ejecutivos en algún momento.
A nosotros, la idea no nos desagradó del todo, por el simple hecho de que la primera versión no nos parece intocable, al menos de la manera en que sí lo son auténticos clásicos de la talla de “Blade Runner” y “Star Wars” (estamos hablando del "Episodio 4", claro, a pesar de que Lucas parezca dispuesto a meterle mano hasta que él dé su último suspiro y hasta que la misma obra resulte irreconocible). También nos parecía que la simple premisa de la trama, es decir, la de un sujeto que se encuentra confundido entre dos niveles de realidad mientras se desplaza a través de un universo alucinante, era ya suficiente como para mantener el interés, lo que podía verse engrandecido con el impresionante avance actual de los efectos especiales y la posibilidad de presentar este universo de manera mucho más llamativa.
Como no somos de los que rechazan instintivamente la 3D, quedamos sorprendidos al enterarnos -ya sentados en la función de prensa a la que acudimos- de que la nueva versión no se presentaba ni se presentará en tercera dimensión, a pesar de que, a nuestro criterio, tiene varios momentos que lo justifican y es un producto perfecto para su aplicación. Otra sorpresa -y una que espantará probablemente a los amantes de la ‘vieja’ cinta- es que Marte, escenario principal de la anterior, no aparece por ningún lado, lo que representa una alteración considerable y, sobre todo, elimina la posibilidad de incluir a los fascinantes mutantes que rodeaban ominosamente a Schwarzenegger.
Este cambio es especialmente arriesgado, pero sirve por otro lado para darle una personalidad propia a la reactualización y, de paso, para expandir de manera mucho más acentuada el concepto urbano del futuro terrestre, que se plasma en una larga serie de tomas trabajosamente elaboradas que no dejan de complacer la mirada, a pesar de que revelen de manera demasiado clara la influencia de “Blade Runner”, lo que para algunos será un sacrilegio intolerable y para otros un bienvenido tributo.

En realidad, y como lo confesó sin reparos el director Len Wiseman durante el día de prensa al que acudimos, las citas se encuentran por todos lados, y se extienden -como lo notamos también durante la proyección que nos tocó- a “Star Wars”, sobre todo en el modo en que se representa a la policía represora, cuyas corazas remiten de inmediato a las tropas imperiales (lo positivo de esto es que, a diferencia de “The Dark Knight Rises’, el filme no luce reaccionario, sino todo lo contrario).
Curiosamente, y a pesar del descaro con el que emplea elementos de estas dos ‘intocables’, no sentimos que esta “Total Recall” las imite en otros aspectos, sobre todo porque el argumento es muy distinto y porque posee también discretas referencias a la interpretación en la que intervino “el Governator”. Pero no podemos esperar tampoco maravillas, claro, porque Wiseman no ha demostrado nunca ser un director extraordinario (a no ser que a alguno de ustedes le fascine lo que hizo en las dos primeras “Underworld”); tal y como están las cosas, nos quedamos con la sensación de que éste es un título que, sin brindarle mayores aportes al original y sin proponer nada novedoso, resulta entretenido -mucho menos que el primero, eso sí- y posee algunas grandes escenas de acción.
Y es que si la “Total Recall” del 2012 supera en algo a la “Total Recall” de 1990 es en este plano y no necesariamente en el de la actuación, porque si bien está bastante claro que Schwarzenegger (el protagonista de la segunda, en el papel del confundido Douglas Quaid) no es ni será un intérprete de nivel, mientras que Colin Farrell (el irlandés que lo reemplaza) ha probado en cambio tener dotes histriónicas infinitamente superiores, el guión de Kurt Wimmer y Mark Bomback no le da muchas oportunidades de lucimiento, como no se las da tampoco a Jessica Biel (“I Know Pronounce You Chuck and Larry”), quien hace de una especie de guerrillera (aunque podría ser también un fragmento de la imaginación de Quaid) ni, lo que es peor, al gran Bryan Cranston (estrella de la brillante teleserie “Breaking Bad”, quien funge de villano).
Las mejorías llegan sobre todo en lo que corresponde a los enfrentamientos físicos, ya que si bien salimos bastante complacidos con la infaltable persecución automovilística (que esta vez se resuelve a través de una ingeniosa vuelta de tuerca que apela a vehículos magnéticos flotantes), las partes más excitantes del filme son las que se arreglan a puñetazos y patadas.
No exageramos, porque es ahí donde entra a tallar Kate Beckinsale, la guapa intérprete británica que está casada con Wiseman, que ha salido en casi todas las entregas de “Underworld” y que refuerza su identidad como ‘heroína de acción’ con un papel que, como ella mismo lo dijo en la entrevista que le hicimos, tiene muy pocos diálogos, pero resulta de algún modo convincente en su villanía y, sobre todo, en su implacable resistencia física.
La impecable dama aparece esta vez transformada en una suerte de maquinaria dispuesta a todo con tal de cumplir lo que parece ser su misión, al menos en la mente de Quaid, que se ha sometido a un curioso tratamiento de implante de memoria. Finalmente, la falta total de recuerdos (o no haber visto nunca la versión primigenia) sería la opción más conveniente para disfrutar de este estreno.













