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Ago
18

Reseña de NUIT # 1

Texto: Sergio Burstein

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En la primera escena, asistimos a un frenético 'rave' en el que varios jóvenes desenfrenados bailan sin cesar, y en la siguiente, vemos a dos de ellos en una apasionada sesión erótica. Al leer esto, se puede pensar que nos encontramos ante una típica cinta estadounidense de fiesta y descontrol, cuando en realidad “Nuit # 1” -que se está lanzado de manera paulatina en salas locales- es una película canadiense de tendencia decididamente europea en la que las cosas no suceden como un espectador acostumbrado al cine hollywoodense podría esperar.

En primer lugar, y para retomar las dos escenas con las que empezamos, es necesario señalar que la primera tiene a sus personajes danzando supuestamente al ritmo de un estilo electrónico rápido y trepidante, pero filmados en cámara lenta y con un fondo musical lento, apacible y acústico; y el encuentro físico que se ve después no es el trámite rápido y sugestivo que se observa en otras producciones, sino que se plasma en una larguísima secuencia, completamente explícita, que no deja nada a la imaginación, hasta el punto de que parece contener sexo real.

Pero “Nuit # 1” no es "9 Songs", la polémica cinta ‘indie’ en la que los protagonistas tenían relaciones permanentemente, para interrumpirlas sólo durante las secuencias inconexas que los mostraban en conciertos de rock; de hecho, sin querer adelantar demasiado, se puede decir que lo carnal no tendrá aquí una relevancia particular en el resto del filme, que se dedica más bien a representar el descubrimiento que Nikolai (Dimitri Storoge) y Clara (Catherine Le Lean) hacen el uno del otro, ya que, hasta ese momento, han sido unos desconocidos que se han entregado a la lujuria sin pensarlo dos veces.

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Fuera de la incomodidad que podrá generar en algunos espectadores el nivel de lo exhibido, esto sirve para establecer un interesante nivel de realismo, ya que si bien Clara es muy atractiva, el sexo no resulta particularmente memorable ni excitante. Y no tendría que ser así, porque una vez que se pone a hablar, Nikolai se muestra como un tipo que, en medio de sus aspiraciones artísticas, puede ser considerado en muchos momentos como un perdedor que se encuentra siempre buscando excusas para sus fracasos y que, en medio de sus innegables arrebatos poéticos, se refugia permanentemente en una actitud negativa.

Pero, cuando se le da la oportunidad, Clara, que en un primer momento parece ser una mujer cuya simple presencia Nikolai debería agradecer, demuestra también ser una persona llena de complejos y de inseguridades, a pesar de que, a diferencia de su compañero del momento, tiene un trabajo estable como maestra de escuela primaria. Tras su apariencia de mujer sensual y desenfadada, ella se encuentra siempre en búsqueda de aprobación y de cariño.

A excepción de los rostros indeterminados que aparecen en la escena de apertura, Nikolia y Clara son los dos únicos personajes que se pueden considerar como tales en “Nuit # 1”, y después de exponerlos de manera física completa, la directora y guionista Anne Emond empieza a brindarnos  detalles cada vez más elocuentes de sus personalidades y de lo que hacen cuando no se encuentran en trances de ácido en ‘raves’ y teniendo sexo con personas que acaban de conocer. Todo se desarrolla sobre la base de unas conversaciones que inicialmente lucen tan espontáneas como su encuentro físico, pero que poco a poco asumen características un tanto irreales, como si se tratara de un filme de Eric Rohmer, y que le brindan a la historia un ritmo cuya lentitud no será bien recibida por todos, pero que deberá satisfacer a cualquiera que sea capaz de apreciar las valientes e impresionantes actuaciones de los dos protagonistas.

Nuit3Además, en medio de las extensas conversaciones en francés (debidamente subtituladas) y de los momentos ‘muertos’ de su trabajo, Emond se las arregla para que lo que muestra no resulte nunca teatral, empleando un estilo cinematográfico y preciso que rechaza el uso de la cámara en mano y los intentos para que la imagen luzca granulada y sórdida (eso se encuentra ya en el relato), logrando con ello composiciones precisas y un tratamiento fotográfico decididamente artístico que rompe la monotonía presente en el casi vacío departamento de Nikolai (que es la locación casi permanente).

En medio de su aire desolador y de sus condiciones poco atractivas, este espacio termina siendo seguro, ya que las dos únicas escenas de exteriores llegan durante situaciones de tensión dramática: la primera se da cuando Clara decide abandonar el departamento en medio de la noche y del frío proverbial de Québec ante la indiferencia de Nikolai, para regresar por cuenta propia tras unos minutos; y la segunda es un magnífico plano secuencia en el que la misma chica sale de nuevo a la calle, para ser esta vez detenida repetidas veces por un Nikolai desesperado que, en sus intentos por evitar que ella avance, fabrica involuntariamente una agresiva pero sugerente coreografía.

A fin de cuentas, y a pesar de sus evidentes diferencias, estos dos individuos parecen de algún modo merecerse el uno al otro, aunque, como es de esperarse, la película no le brindará al espectador respuestas tan fáciles ni mucho menos un final cerrado y complaciente.

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