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Ago
24

Reseña de HERMANO

Texto: Sergio Burstein

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A esta película venezolana, que se estrena hoy en 15 ciudades de los Estados Unidos, incluyendo a Los Angeles, Nueva York, Miami y Chicago, le tomó mucho tiempo llegar de manera comercial a este país, si se toma en cuenta que se lanzó en la nación sudamericana en el 2010 y que, ese mismo año, se llevó el Premio de la Audiencia en el Festival de Cine Latinoamericano de L.A.

La demora se relaciona sin duda a los complicados trámites de distribución que se presentan en estos casos, pero podría también trazar paralelos con la falta de producción cinematográfica en su país de origen y con el hecho de que el fútbol, uno de sus temas centrales, no es el deporte favorito por allá, a diferencia de lo que ocurre en todas las demás naciones sudamericanas, lo que la vuelve desde ya una suerte de bicho raro (o 'rara avis', si se les da por lo académico).

Lo curioso es que, pese a su extremada popularidad, el balompié no ha sido demasiado tratado en el cine  latinoamericano, al menos en el que ha tenido mayor difusión, probablemente por lo complejo que resulta tratarlo en su faceta más vistosa y mediática, es decir, la del estadio. En ese sentido, “Hermanos” toma una perspectiva mucho más local y modesta, al ubicarse en un barrio popular y convertirse en telón de fondo de una historia con tintes tanto sociales como dramáticos.

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El director y co-guionista Marcel Rasquín[lean aquí la entrevista que le hicimos], que había trabajado antes en publicidad y que debuta aquí en el largometraje, no se muestra interesado en sutilezas, porque si bien se encuentra al mando de una producción independiente de bajo presupuesto, se aleja siempre del minimalismo y del naturalismo extremo que distinguen a muchos de esos títulos, cambiándolos por esas emociones extremas y pasionales que pueden remitir a su zona de procedencia en el imaginario popular.

Y no tarda mucho en demostrarlo, porque la primera escena de la cinta, que establece la relación entre los protagonistas, muestra a un niños que, durante un paseo con su familia, descubre en medio de la basura a un bebé que, como se sabrá poco después, será adoptado por su sacrificada madre, quien se gana la vida haciendo pasteles. Ante una apertura así, sólo hay probablemente dos opciones: considerarla grandilocuente y melodramática o encontrarle una especie de inspirada alusión bíblica (como si se tratara de un Moisés tercermundista).

Y esta clase de ímpetus no se desvanecen con el paso de los minutos, porque, un poco más adelante, se produce una tragedia decisiva que no detallaremos, pero que afecta significativamente el desarrollo de la trama. Lo importante, en todo caso, es que estos golpes excesivos vienen rodeados por la muy razonable justificación del entorno en el que se desarrolla la historia, es decir, el de un barrio marginal de Caracas donde las situaciones que para algunos pueden ser desmedidas resultan pan de todos los días, horas y minutos. La Venezuela contemporánea es ampliamente conocida por su nivel de violencia, y eso es algo que se encuentra aquí presente, sin transformar por ello al filme en un producto político.

Hermanos3Luego de la secuencia de apertura y de una elipsis de 16 años que se especifica claramente, vemos que el bebé abandonado, ahora llamado Daniel (pero a quien conoce como “Gato”), se ha integrado a la familia de Julio, el chico que lo encontró, y a pesar de que viven en un ambiente muy modesto, ambos juegan estupendamente el fútbol, lo que despierta de pronto el interés de un equipo profesional. El detalle le otorga de  inmediato a la cinta un fuerte sesgo deportivo que la distingue de otros títulos semejantes, y a pesar de que mucho de lo que se ve sigue teniendo cierto sabor a fórmula (incluyendo el hecho de que “Gato” –interpretado por Fernando Moreno- es estudioso y virtuoso mientras que Julio –en manos del debutante Eliú Armas- es relajado y fiestero), los diálogos logran imponer un tono realista y verosímil que se marca, por ejemplo, en una temprana conversación que los muchachos tienen sobre mujeres y prácticas sexuales.

Al estar situada en el barrio, tratar el tema de la violencia, contar con muchos actores debutantes y manejar de manera bastante vistosa las escenas de acción, “Hermanos” puede ser fácilmente comparada con “Ciudad de Dios”, el emblemático e influyente drama sobre la 'favela' que impuso internacionalmente al cineasta brasilero Fernando Meirelles. No puede negarse la influencia ni tampoco el hecho de que, en medio de su innegable talento, Rasquín necesita todavía al menos una obra más para encontrar una voz realmente propia; pero eso no le quita méritos a una cinta que trabajó laboriosamente en un entorno completamente distinto al suyo, que a pesar de sus referencias tiene un innegable sabor local y que, sobre todo, maneja un lenguaje visual sumamente atractivo, lo que no es una virtud menor en una industria cinematográfica como la latina y, sobre todo, la venezolana, caracterizada por la escasez de producciones.

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