Reseña de CHICKEN WITH PLUMS
Texto: Sergio Burstein

Marjane Satrapi se hizo primero conocida como autora de novelas gráficas, empezando por “Persepolis”, una suerte de recuento de la complicada infancia que tuvo en su Irán natal durante los '80, y siguiendo con “Chicken With Plums”, un relato mucho menos político que tomaba como referencia lejana a un tío suyo para presentar una apasionada historia de desamor fatal.
Luego, con el aporte del también artista Vincent Paronnaud, que al igual que ella vivía en París, la inmigrante se convirtió en directora de cine al trasladar su primera obra -sin duda la más exitosa- a la pantalla grande, con tan buenos resultados que la cinta fue nominada a un Oscar. Como era casi natural debido al origen del trabajo, la película fue hecha en dibujos animados y en blanco y negro, logrando con ello reproducir de manera notable la intensidad y la atmósfera del celebrado cómic.
Ahora, los mismos Satrapi y Paronnaud han retomado sus puestos de colaboración para hacer una versión cinematográfica de “Chicken With Plums” que se estrenó la semana pasada en Nueva York y Chicago y sale este viernes en Los Angeles. Amparándonos en el sentido de la sorpresa, asistimos a la función de prensa respectiva sin leer las notas de producción que se nos adelantaron, y lo primero que llamó nuestra atención es que, a diferencia de lo que esperábamos, no se trata de otra producción animada, sino de una con actores de carne y hueso (y a colores).

Pero eso no la vuelve convencional, ya que, en desmedro de algunas críticas tibias que leímos después, “Chicken” nos pareció un filme encantador, conmovedor y profundamente artístico, en el que no hay casi animaciones, pero sí una intensa poesía visual que va perfectamente de la mano con la poderosa combinación de nostalgia, música, tragedia y comedia que distingue al relato.
Para empezar, Satrapi revela casi de inmediato que el protagonista, Nasser-Ali, está irremediablemente condenado a morir porque ha decidido conscientemente hacerlo (se muestra incluso su funeral), y si se conoce un poco la sensibilidad de la iraní-francesa, que es atea, se sabrá que no habrá aquí redenciones hollywoodenses ni un cambio de rumbo tardío y milagroso. Una vez definido este camino, la cinta puede darse el lujo de retroceder y de avanzar en el tiempo para ir mostrando paulatinamente las razones que llevaron al personaje a tomar tan drástica determinación.
La trama misma se presta para momentos muy tristes, y estos no faltan; pero, como lo señalamos más arriba, lo que se ve no es únicamente un drama, por lo que se introducen también muchos detalles divertidos y, además, una generosa dosis de música, ya que Nasser-Ali es un violinista a quien todos reconocen como un gran maestro, a pesar de que no posee grandes habilidades sociales y, en primera instancia, parece ser un sujeto terriblemente egoísta a quien no le importa nada más que su arte.
Pero el rompecabezas que se va armando de manera lenta y segura con el empleo de 'flashbacks" y 'flashforwards' da cuenta de un apasionado romance truncado con una hermosa mujer llamada Irane (el nombre no es casual), que se inserta en medio de la historia de una nación árabe mostrada de manera mucho menos controvertida y mucho más alegórica que en “Persepolis” (a pesar de que el formato se prestaba en teoría para acentuar el realismo). Y es que, incluso en sus escenas de exteriores, éste es un trabajo de estricta planificación, completamente realizado en un estudio de Berlín.
Desde el inicio, se hace claro que el protagonista se encuentra obsesionado con reemplazar un valioso violín estropeado, y que su búsqueda no sólo lo hará emprender un viaje mental a través de su vida, sino que nos dará la oportunidad de someternos a algunos remansos francamente alucinógenos, como la inspirada secuencia en la que él mismo fuma una pipa de opio con un vendedor de instrumentos, la hilarante reconstrucción del suicidio del gran filósofo Sócrates a punta de cicuta y la ominosa llegada del Angel de la Muerte (que termina revelándose como el narrador).
Aunque casi toda la historia transcurre en Irán, los diálogos de la película se encuentran en francés y no en farsi, como ocurría también en “Persepolis”, debido a que ésta es una producción gala y a que ese lugar es el país adoptivo de Satrapi. Eso justifica que el protagonista sea interpretado por un francés, Mathieu Amalric, a quien se recuerda por sus roles en “Quantum of Solace” y, por supuesto, “The Diving Bell and the Butterfly”, y que encarna aquí al sufrido e introspectivo Nasser-Ali con esmerada convicción, aunque algunos espectadores podrán sentirse impacientes ante su permanente desesperación y sus ojos desorbitados, que parecen revelar cuando menos la existencia de una personalidad patológica.

Pero el reparto es realmente internacional, ya que el objeto de los verdaderos afectos de Nasser-Ali, Irane, es interpretado por la guapísima actriz y cantante iraní Golshithe Farahani, mientras que su esposa impuesta, Farangisse, es encomendada a la brillante intérprete portuguesa Maria de Medeiros (“Henry & June”, “Pulp Fiction”), y el personaje de su madre es puesto en las sabias y dignas manos de la gran dama italiana Isabella Rossellini (“Blue Velvet”, “Death Becomes Her”). Tanta pluralidad indica el deseo de presentar una historia de tinte universal, por más que se desarrolle en el Oriente Medio.
Todo esto llega plasmado con un lenguaje visual fuertemente marcado por el expresionismo alemán, lo que quiere decir que “Chicken” no es una cinta luminosa y plástica, sino una llena de contrastes y de referencias góticas, especialmente apta para quienes disfruten de estas tendencias estéticas y estilizadas.
El humor que se inmiscuye con frecuencia también toca puertas cercanas; en medio de las predicciones que se le hacen a Nasser-Ali sobre el futuro de su familia, se presenta una implacable parodia del estilo de vida estadounidense, en el que no faltan la ignorancia, el consumismo y la obesidad que abundan en estos predios. No es un humor fácil ni ligero, sino negro y muy crítico.
Sin embargo, en el fondo, como nos lo contó Satrapi durante la entrevista que publicamos ya aquí, lo más importante de “Chicken” es demostrar que en Irán, al igual que en otros países del mundo, un hombre es capaz de amar a una mujer de modo tal que se le vaya la vida en ello. Y no necesariamente de manera figurada.













