Reseña de BACKWARDS
Texto: Sergio Burstein

Las películas sobre deportes se suelen colocar en un subgénero específico y, de igual modo, atraen tradicionalmente a un público determinado que se emociona ante unos relatos que, además de incluir varias escenas en las que se exhibe la respectiva disciplina, suelen servir para dar esas lecciones de perseverancia, redención y triunfo que conmueven a muchos, pero que para otros resultan forzados y moralistas.
Hay, por otro lado, trabajos de ficción que trascienden la proeza física y mental que presentan para analizar otros aspectos de la sociedad y de los seres humanos que se relacionan a ella. “Backwards”, que se estrena este jueves en ciudades como Los Angeles y Nueva York y se extiende la próxima semana a otros puntos [ver aquí la relación completa de salas], se encuentra a medio camino entre las dos tendencias, y termina siendo una cinta que, en medio de su ligereza y de caer a veces en lugares comunes, posee momentos de emoción sincera y se deja ver con simpatía, aunque tenga la mala fortuna de estrenarse a la par que “Trouble With the Curve”, una cinta también deportiva pero de perfil inmensamente mayor.
No sabemos si se han hecho muchas películas sobre competencias femeninas de remos en el río (suponemos que no), pero ésta es la primera que vemos sobre el tema. Y se ve favorecida por tener en el papel protagónico a Abi Brooks, una mujer extremadamente competitiva que, en medio de sus obsesiones y de su evidente posición de privilegio social, logra ponerse en contacto con la audiencia común y corriente gracias a la nada despreciable gracia intrínseca de su intérprete, Sarah Megan Thomas, quien le otorga al personaje un saludable aire de vulnerabilidad y de autenticidad que tiene que ver con su autoría del guión -y con el hecho de que fue también una deportista en su primera juventud-.

Abi está a punto de cumplir 30 años y, aunque forma parte de un equipo profesional de remo, siente que su época está pasando y que no será capaz de cumplir sus metas, ya que si bien participó dos veces en las Olimpiadas, lo hizo como suplente. Decepcionada de su situación, decide retirarse temporalmente e irse a vivir con su madre, una viuda que reside en una área plácida de Filadelfia. Una vez allí, acepta un trabajo como entrenadora de unas remadoras adolescentes que, por supuesto, consigue a través de un ex novio, también deportista, que es interpretado por James Van Der Beek (el Dawson de la popular serie televisiva “Dawson's Creek”).
De ese modo, “Backwards” suma a la proverbial carta dramática del desafío del deporte la de la reconexión con el pueblo de origen, la familia y los amores del pasado, formando un paquete que podría a primera vista resultar indigesto, pero que evita los suficientes clichés como para no parecerse demasiado a un telefilme, respaldado por el estilo eficiente y directo del director Ben Hickernell (“Lebanon, PA”).
Ninguno de los personajes del filme parece pasar por apuros económicos y, de hecho, hay una escena específica que muestra los exteriores de la casa de la mamá de Abi y que, voluntariamente o no, da cuenta de unos lujos muy particulares. Esta no es definitivamente una de esas historias sobre un chico pobre que entrena en las peores condiciones posibles y de cuyo éxito depende prácticamente la supervivencia de su familia, y por ese lado, puede no convencer a quienes consideren que los retos no son suficientes; pero, por otro lado, resulta incluso refrescante que no se refugie en la manoseada miseria, y responde sin duda a una realidad que se da en muchos de los círculos deportivos olímpicos, hasta el punto de que nos hace sentir que muchos jóvenes estadounidenses pueden identificarse cercanamente con ella.
Y es que, por más dinero que parezca tener su familia, Abi se gana la vida por cuenta propia, literalmente con el sudor de todo su cuerpo, y se enfrenta diariamente a las brutales rutinas del deporte profesional, lo que le impide disfrutar de los placeres normales de la vida y afecta incluso cualquier pretensión romántica que tenga, como lo prueba la escena en la que llega demasiado tarde a una cita porque el entrenador le dijo que tenía que bajar una libra y se quedó por incontables horas en el gimnasio.
En medio de sus momentos flojos, la cinta tiene otros bastantes convincentes, como el que encuentra a la mamá de la deportista diciéndole a su hija que ella misma evitó los paseos entre su fallecido marido y Abi por dedicarse a cultivar su jardín, en lo que representa una interesante vuelta de tuerca del proverbio “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”.
De todos modos, ése es el nivel de profundidad de “Backwards”, lo que quiere decir que no se trata de un filme que se quede en la mente ni que sea memorable, aunque sí una producción cuyas moderadas ambiciones no impiden que se presente la reflexión.













