Reseña de END OF WATCH
Texto: Sergio Burstein

A lo largo de su todavía breve pero ya impresionante carrera fílmica, David Ayer ha mostrado una clara tendencia hacia la construcción de 'thrillers' ásperos y efectivos en los que la consabida corrupción de los cuerpos policiales estadounidenses se mostraba en todo su esplendor (o miseria, si así lo prefieren).
La mejor prueba de ello se encontró en “Training Day”, que fue dirigida por Antoine Fuqua pero escrita por Ayer, y en la que Denzel Washington interpretaba brillantemente a un desalmado miembro del LAPD en medio de una institución plagada de inmoralidad. Ocurrió algo semejante con el personaje de Kurt Russell en “Dark Blue”, un drama sobre los escándalos policiales de los 90 cuyo guión también fue escrito por Ayer, y con “Street Kings”, que lo encontró además en el puesto de director y al mando de un Keanu Reeves que hacía de otro trastornado agente local.
Ese es el primer motivo por el que “End of Watch” sorprende, ya que si bien vuelve a situarse en los peligrosos barrios angelinos en los que Ayer creció y que le sirvieron de inspiración para lograr la reconocida autenticidad de sus trabajos anteriores, se encuentra protagonizada por una pareja de policías decentes que no sólo se involucran en un desprendido e indiscutible acto de heroísmo, sino que no hacen nunca referencia alguna a una situación de deshonestidad o de mal manejo al interior de su departamento.

La decisión sorprende, porque a estas alturas, parecía que Ayer ya se encontraba convencido de las ramificaciones siniestras que según muchos se mantienen en el LAPD; por ese lado, los que crean que van a ver una película combativa contra los uniformados se decepcionarán. Pero esta misma elección hace que se pueda obtener una sensación de realidad especialmente intensa e innegablemente emotiva.
Si uno está dispuesto a comerse por lo menos un rato el cuento de que dos policías de esta zona sean tan honestos, se enfrentará a un logrado retrato de la amistad entre dos compañeros de trabajo que se plasma a través de unos diálogos tan realistas como entretenidos, producto de la talentosa pluma de Ayer, pero que depende también de las excelentes actuaciones -quizás entre las mejores de sus carreras- de Jake Gyllenhaal y Michael Peña, ambos igualmente brillantes en la caracterización de los oficiales Brian Taylor y Mike Zavala, respectivamente.
Por ese lado, uno de los mayores aciertos de Ayer -que aquí escribe y dirige- es haber mantenido los detalles étnicos de cada uno como parte de la trama, lo que debería resultar de especial interés para nuestros lectores latinos, ya que, a pesar de que todos los diálogos sonnen inglés, las largas escenas de conversaciones en el volante le permiten a Zavala hacer uso de un generoso sentido del humor mexicano o, cuando menos, méxico-americano.
Es una lástima que esta buena fortuna en la construcción de los personajes de no se extienda al grupo también latino de delincuentes al que se enfrentan Taylor y Zavala que llega a resultar caricaturesco en su absoluta inmoralidad y su eterna falta de humor. No dudamos de que existan tipos de esta calaña, pero la ficción necesita siempre encontrarle varias dimensiones a todos sus personajes principales para resultar plenamente convincente. Además, tal y como están las cosas planteadas, podría leerse tras las líneas un mensaje que no parece ser consciente, pero que insinuaría que los únicos latinos buenos son los que se encuentran completamente del lado de las autoridades, porque, si no se nos pasó algo, fuera de los policías interpretados por Peña y por America Ferrera, los demás hispanos que se muestran en la película son criminales.
Otro aspecto que podría despertar polémica es la inclusión activa del Cartel de Sinaloa como una fuerza no sólo presente en las calles del Sur de California, lo que es probablemente incuestionable, sino como una que se atreve a enfrentar directamente a las fuerzas locales y oficiales, es decir, una circunstancia que al menos a nosotros nos parecía todavía lejana. Sea como sea, este detalle le brinda rasgos especialmente aterradores al lugar donde muchos vivimos, y se parece de algún modo a la acentuada intromisión de otro cartel en tierras californianas que se mostraba en la reciente “Savages”, de Oliver Stone.
Visualmente, lo primero que despertará la atención aquí es el empleo ocasional de la técnica de 'material fílmico encontrado', justificado por el hecho de que Taylor está llevando un curso de cine, pero que en la práctica se vuelve un factor de distracción, no sólo por lo movido que se vuelve el proceso, sino porque uno empieza a interesarse más en el sentido de los emplazamientos de cámara que en la lógica de la trama. Pero no cabe duda de que Ayer mantiene al espectador al borde de su asiento y que sus escenas de persecución son realmente llamativas, ya que recurrieron a numerosas cámaras de diversos formatos (incluso de celulares), colocadas en distintos lugares e incluso en manos de Gyllenhaal.













